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Martes, 17 de abril de 2012

PLASTICA › MIGUEL REP Y LA HISPANOARGENTINA GABRIELA BETTINI EN EL MUSEO EVITA

Memoria e historia por partida doble

Ambos artistas presentan dos muestras individuales alrededor de la memoria histórica –desde distintas perspectivas y estéticas– y una muestra conjunta. Gabriela Bettini estuvo en Buenos Aires y dialogó con Página/12.

 Por Fabián Lebenglik

El Museo Evita inauguró el jueves pasado dos muestras convergentes: de Gabriela Bettini y Miguel Rep. Ambos muestran sus trabajos en salas independientes, pero presentan también obras realizadas en conjunto –en las que evocan la trama urbana en clave poética– en la sala que oficia de espacio intermedio, de distribución, entre los otros dos espacios. Mientras Rep exhibe dibujos relacionando con humor el imaginario y la historia del peronismo, Gabriela Bettini (por invitación de Rep) presenta una instalación de dibujos y el video La casa despojada.

La obra minuciosa de Bettini, que oscila entre el realismo, el hiperrealismo y el arte conceptual, tiene un fuerte componente narrativo. La instalación se compone de dibujos en carbonilla y birome, un video documental y poético y un señalamiento en el piso, que oficia de diagrama de la planta de la casa familiar que es el tema de la muestra.

La última dictadura se ensañó con los Bettini: secuestró e hizo desaparecer a varios integrantes de la familia, cuyos sobrevivientes se exiliaron en España. Así fue que Gabriela nació en Madrid en 1977. Por eso, con mucha altura, con rigor técnico y artístico, Gabriela –que se formó en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en dibujo y video en Londres gracias a una beca– apunta tanto a la memoria histórica y emocional como al presente incómodo de una casa familiar de fin de semana, en Brandsen, que sigue allí, casi abandonada, en medio de un entorno idílico, pero con las paredes exteriores perforadas por múltiples impactos de bala debido a que las fuerzas oscuras de la dictadura la utilizaron para cometer varios asesinatos.

La mayor carga narrativa de la exposición está puesta en el video documental en que se cuenta la historia de la casa familiar de Brandsen, que usaban los fines de semana. Luego de los crímenes que la dictadura cometió con su familia, la casa quedó abandonada y el año pasado la artista llevó una serie de dibujos hiperrealistas en escala real, que provienen de fotografías tomadas de la casa de su abuela materna, en Mar del Plata. Bettini realizó esos dibujos sobre papel de empapelar –cómodas, aparadores, cuadros, camas, mesas de luz, cuadros, apliques, un reloj de pie, etc.– y colgó toda esa obra a modo de amoblamiento ficcional sobre aquella casa hoy abandonada, pero que en su historia remota tuvo tiempos de amor y alegría familiar; luego fue atravesada por la violencia; por la ausencia, por ocupación ilegal, por el abandono, y ahora, gracias a la obra de Gabriela, vuelve a ser, en la ficción del deseo y de la memoria amorosa, un hogar.

Detalle de un dibujo de Gabriela Bettini, carbonilla sobre papel de empapelar.

La artista, que estuvo en Buenos Aires y participó de la inauguración, dialogó con Página/12.

–¿Qué artistas te atraían durante tu etapa de formación?

–Al principio me pasó lo que a muchos de los artistas españoles: era muy crítica con el arte que estaba haciendo en Madrid. Me atraía más lo que hacían los jóvenes artistas de Londres o Berlín. Y luego de estudiar en Londres, más allá de que siempre se está aprendiendo, me reconcilié con el medio artístico madrileño. Pero respondiendo específicamente a tu pregunta, diría que los artistas que más me atraían durante mi formación eran aquellos que –como los que integraban parte del staff de la galería Saatchi– resultaban más introspectivos.

–La minuciosidad casi obsesiva de tus dibujos no sólo parece ser producto de la práctica sino que se percibe un virtuosismo tal vez anterior a la elección de haberte dedicado al estudio artístico.

–La dedicación al arte no fue para mí una decisión adulta. Yo dibujo desde que tengo memoria y toda la vida dije que quería ser artista.

–En tu caso, esa formación teórica parece reunirse con el aspecto conceptual de tu obra y tus exposiciones. Y con el aspecto teórico en particular.

–Es el triunfo del conceptualismo en el mundo del arte, que nos exige un discurso teórico ad hoc: debemos poder explicar nuestro trabajo. El artista debe conocer la historia del arte y la historia en general. Y en apoyo de esta idea yo realmente creo que el arte es un comentario de la realidad y entonces debes saber dónde estás parado.

–¿Cuándo comenzó a estar consolidado tu estilo?

–Tal vez en 2003, cuando se produjo uno de los momentos que considero satisfactorios en mi trabajo. Fue en la exposición Recuerdos inventados, en el Centro de Arte Joven de Madrid. Allí, gracias a diversos montajes fotográficos en tamaño real, interactuaba en situaciones cotidianas con miembros de mi familia que no conocí: fingía un encuentro. Fue una obra inaugural, completamente autorreferencial. Después me despegué de eso y comencé a pensar en mi doble pertenencia: argentina y española; en la distancia, en la identidad de la segunda generación del exilio, y les presté atención a mis propias experiencias. A mi familia le ha pasado de todo: las ausencias, las desapariciones... somos supervivientes que hemos vivido las consecuencias de todo aquello. No se trata de que deseo apuntarme en algo que no he vivido, sino de la realidad en la que he crecido, en un país que no es el país de origen de mi familia.

–En tu obra, junto con la memoria y el rigor formal y artístico hay una carga de reparación amorosa, fuera de todo resentimiento.

–Qué bueno que eso se vea. Intento hacer de una carencia algo poético, desde un lugar sano.

* En el Museo Evita, Lafinur 2988, hasta el 11 de junio.

De cartografías poéticas

Además de su muestra individual, Gabriela Bettini es coorganizadora y cocuradora de la muestra Cartografías poéticas de la memoria, en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (Ccmhc) –ex ESMA–, y en coproducción con el propio Ccmhc. En dichas muestras participan artistas argentinos y españoles cuyas obras abordan la problematización ética y estética de la construcción de una memoria colectiva en contextos y sociedades postdictatoriales. Los artistas seleccionados son Carolina Andreetti, Elsa Fernández Van Trier, Grupo de Arte Callejero (GAC), Marta de Gonzalo y Publio Pérez Prieto, Joseph Gordillo, Julieta Hanono, Mónica Herrera, Ana Navarrete, Graciela Sacco y Virginia Villaplana. La muestra, que sigue hasta el 6 de mayo, está curada también por Andrés Labaké, Cristina Ramos y Bárbara Tardón. Según la propuesta curatorial, “el espacio de la memoria es un espacio político en el que se debaten, a través del lenguaje poético y simbólico del arte, diversas –en ocasiones enfrentadas– significaciones. La subjetividad es una construcción colectiva.”

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Dibujo en birome de Gabriela Bettini.
 
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