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Viernes, 18 de julio de 2008

CINE

La unión y la fuerza

Insubordinadas es el lema del Encuentro Arabe-Iberoamericano de Cineastas que por primera vez se realiza en Buenos Aires, adonde trajo films vistos el mes pasado en el Primer Festival de Cine Realizado por Mujeres de El Cairo. De cómo las experiencias de mexicanas, argelinas, argentinas, egipcias y españolas pueden tener más de un punto de contacto, qué maneras hay de escapar a modelos paralizantes y abrir puertas más allá de los idiomas habla aquí la egipcia Amal Ramsis, una de las directoras responsables del proyecto.

 Por Soledad Vallejos

“Sirve para que otras mujeres no sientan que están solas, que son únicas en algunas experiencias. Para que puedan decir ‘fijate, hay otra mujer que pasó lo mismo, que también pensó cómo salir de esto’. No eres única en el mundo. Por eso es también un trabajo de solidaridad, por el hecho de verlas, de conocerlas. Pues ya nos conocemos más, ¿no? Y lo mismo pasa entre cineastas, porque se trata de un trabajo de apoyo a un tipo de cineastas que no tiene mucha salida comercialmente, ni en festivales independientes.” Eso explica la egipcia Amal Ramsis ahora que, por un rato, ha dejado de lado los preparativos para el taller de video minuto con mujeres argentinas para hablar de la iniciativa que engloba esas actividades y la trajo a Buenos Aires: el Encuentro Arabe-Iberoamericano de Cineastas Insubordinadas. Films de Egipto, México, Argelia, España y la Argentina, charlas con realizadoras como la propia Amal y la argelina Habiba Djahnine o la argentina María Victoria Menis, proyecciones de documentales realizados por mujeres, pero que no necesariamente limitan sus temas a asuntos que sólo involucran a mujeres, momentos de contacto que permiten –como dice Amal– “saltar barreras y conocernos”. De eso se trató, y se trata por tres días más, el Encuentro que empezó como una idea de dos amigas –la propia Ramsis y la española Azul Santiesteban, vinculada con la Muestra Internacional de Cine Realizado por Mujeres de Zaragoza–, se convirtió en el Primer Festival de Cine Arabe-Iberoamericano Realizado por Mujeres de El Cairo (en junio de este año) y llegó a la Argentina, antes de continuar levantando polvareda y conectando mujeres en otros países.

Gracias a esta cita, por ejemplo, llegó a Buenos Aires Maquilápolis, la historia de dos mujeres mexicanas explotadas en maquilas que son capaces de comprender localmente los procesos económicos de desterritorialización y globalización para organizarse a sí mismas, a su propia comunidad y dar batalla a transnacionales que precarizan sus vidas cotidianas. También pudo verse la impactante Carta a mi hermana, el documental en el que Habiba Djahnine vuelve al pueblo Tizi-Ouzou diez años después de que su hermana fuera asesinada por su militancia política. O que existió la posibilidad de conocer No se os puede dejar solos, un documental español de culto que sufrió censura incluso tras la muerte de Franco. También, de acercarse a los deseos, gozos y temores de cinco egipcias totalmente diferentes en edades e historias de vida mediante palabras que comparten en Sólo sueños, el conmovedor documental intimista de Amal.

–Me interesa sacar a la luz a las mujeres normales, no las superheroínas; me interesan las que no son superheroínas.

¿Por qué?

–De un lado, es un modelo, algo que casi no existe. Por ejemplo, las que vivimos diariamente no somos heroínas, somos mujeres normales que vivimos y sufrimos muchas cosas, que tenemos que luchar de otra forma. Pero estas otras no tienen problemas, o los solucionan también porque tienen los recursos para llegar a ciertas posiciones, porque tuvieron educaciones buenas. Es un tipo de mujeres que son minoría en cualquier sociedad. Cuando hablo de mujeres que no son superheroínas no estoy hablando solamente de una: la mayor clase de nosotras, ¿cómo vivimos? Somos clase media, baja, trabajadora. Es lo que me interesa. Si hay una superejecutiva, pues muy bien, una escritora superinteligente, pues también, pero no es un ejemplo que se puede aplicar. No es mi modelo de vida. Porque también te venden que la mujer tiene que ser esto, esto y esto. Pues no. Quiero vivir solamente bien y feliz. Yo no quiero eso, no quiero tener tantos problemas económicos, quiero tener los derechos principales de maternidad, contratos de trabajo dignos... Para mí eso es lo más importante. Es más importante que ese modelo, que es un modelo que nunca se consigue y te quedas con el fracaso. Me interesaba esto y por eso en el documental me interesaba hablar con mujeres normales... que son mis amigas la mayor parte, salvo mi madre, que también es amiga, pero es mi madre. Yo creo que entre nosotras, como mujeres, hay muchos estereotipos. En parte pasa porque nosotras mismas no buscamos mucho y esperamos la información que nos llega, no vamos más allá. Pero también somos víctimas de lo mismo, de los medios de comunicación. Nuestro trabajo, en nuestro proyecto sobre todo, es romper esta barrera entre nosotras. Y en el caso de lograr un intercambio árabe-iberoamericano, la manera más sencilla de hacerlo es mediante el idioma: subtitular y compartir las películas, es un paso adelante para conocernos más. Para eso también tuvimos que entenderlo desde otro lugar, que tiene que ver con la misma política: buscar trabajos independientes, que rompan con los estereotipos. No son los típicos documentales o las películas de ficción que se ven en la televisión o se estrenan comercialmente. Son trabajos muy buenos, pero que están fuera del mercado, porque el mercado rechaza ciertas críticas.

Además de la cuestión del mercado, también suele pasar que en los festivales que se precian de independientes y políticamente correctos –pasa en Buenos Aires también– no prestan atención a programar películas de mujeres, o no invitan a directoras, más allá de las consagradas. Las mujeres resultan todavía hoy postergadas en esos espacios.

–Pasa en todos lados. Por eso el festival es importante para nosotras. Sí, presentamos películas realizadas por mujeres, todas, pero no necesariamente películas que traten temas de mujeres. Porque las mujeres podemos hacer películas de todos los temas, es lo que nos interesa. Se ve como una cosa entre mujeres, y enseguida te dicen: “¿Por qué no hay hombres?”. Bueno, tienen de todo, escucharéis de una manera concentrada qué dicen las mujeres. No significa que estoy contra los hombres. Quiero saber qué opinan. También puedo hacer un encuentro entre niños, para ver qué opinan los niños, o un encuentro entre los que trabajan en la limpieza de casas. Si haces un encuentro, pues ellas mismas se conocen y transmiten un punto de vista.

Es un punto básico del feminismo: darse cuenta de que ciertas experiencias no son singulares sino compartidas, y que es una cuestión política.

–Claro, eso es lo más importante. Vemos en Egipto Maquilápolis y todas sentimos que, fijate, pasa lo mismo allí, ¡son egipcias! Hablan en otro idioma, pero son egipcias, se reconocen. Tienen el mismo problema en los barrios pobres, con la electricidad, con la contaminación, cómo salen los niños, las enfermedades. Nació y vive en México, pero es una mujer egipcia. No estamos solas. Es desagradable ver que existe esta situación, pero a la vez es agradable porque sientes que no estás sola y aprendes porque te presenta una experiencia de dos mujeres fuertes que han luchado contra Sony y Panasonic, y han conseguido algo. No te digo que han cambiado el sistema, pero no aceptan todo lo que les ofrecen, que es lo más importante. Es una experiencia que me interesa, es decir “ah, fijate, hay algo así y puedo aprender de eso”. Lo mismo que el trabajo de Habiba sobre su hermana. Yo, como egipcia, cuando vi el documental por primera vez sentí que me ayudaba a conocer a la mujer argelina, aunque soy egipcia. No solamente las occidentales, las egipcias tampoco sabemos que las argelinas son así. Ella presenta otro tipo de mujeres, y son mujeres que existen: era su hermana, que la mataron por militante. Existía en la tierra esa mujer, no es un invento. Pero habitualmente no sabemos nada de este tipo de mujeres, eso está fuera de mercado. Habiba, de hecho, cuenta que cuando la invitan por el documental hay una condición: siempre le dicen que tiene que hablar sobre el integrismo islamista en Argelia. Y su documental no trata esto. Pero, claro, tienen siempre que ponerte en una cajita. Por eso lo más importante es que nosotras nos conozcamos y es lo que quería transmitir también en mi documental.

En Sólo sueños, Amal comparte fragmentos de conversaciones con cinco mujeres: a cada una le ha propuesto que cuente sus sueños; qué, quiénes, cómo, qué pasa en ellos, cómo cree que eso se vincula con asuntos de su vida cotidiana. El registro es intimista, el resultado revelador: Asmaa, joven pintora, desovilla parte de su relación con llevar o no velo, con las dificultades de las relaciones familiares cuando la tensión entre tradición y modernidad (y deseos personales) se hace sentir; Reda, madre de niñas, mujer que se cansa de tener que ser el sostén de su marido (“es una hija más”) y se rebela ante el mandato de dependencia de un varón porque ella puede sola, no puede evitar la contradicción de sentir, en el fondo, como válido el juicio social: quisiera tener un hijo varón para demostrar que puede concebirlo, que es capaz de criarlo, que no tiene fallas.

–Por ejemplo, para mí es importante mostrar la experiencia de Asmaa. Quería que muchas personas egipcias, porque mi documental lo he hecho para Egipto, no para afuera, quería que en Egipto se viera cómo las mujeres eran verdaderas y hablaban como hablaban. Esto en sí rompe con los estereotipos, pero no lo he hecho para romper nada. Me interesaba que muchas mujeres, muchas chicas como Asmaa, que pasaban por situaciones similares, como con el velo o su relación con la madre, no se sientan solas, únicas en esto. O Reda, que con tanta fuerza que tiene... tiene sus contradicciones, y ahí, en esas contradicciones, entiendes que es el peso de la sociedad. Yo hubiera podido quitar la parte de su deseo de un hijo varón y presentar a Reda de otra manera, para que saliera como una superheroína, que es superfuerte, puede con todo. Pero Reda es Reda con todo esto, por eso la presento con todas sus contradicciones, con las cosas suyas que no entiende, con las que le dan miedo... Me interesa el mundo real, en el que estamos las mujeres reales.

Mientras el Encuentro avanzaba en su programa de proyecciones, Amal y un grupo de argentinas trabajaron en un corto colectivo: Insurbordinadas (Buenos Aires). Se trató de replicar la experiencia ya realizada en Córdoba (España) y El Cairo, en las que a partir del desconocimiento total de las técnicas del cine como única condición, mujeres de cualquier edad (“había mayores de 60 años, otras jovencitas, como de 20 y pico, algunas estudiantes, otras amas de casa, una escritora iraquí, otra de Palestina”) se lanzaran a realizar cortometrajes de ficción de un minuto cada una. El resultado, un corto colectivo en el que se compilan los trabajos filmados por 19 porteñas la semana pasada, es también parte del cierre del Encuentro. Es, dice Amal, “una parte del proyecto, sigue la misma idea, la misma política: qué queremos presentar, qué películas estamos buscando. Entre dos mundos, entre el mundo árabe y el mundo iberoamericano casi no se sabe nada, ¿no? Se sabe lo que nos muestran, que está muy lejos de lo que realmente es”.

Aquí, Insubordinadas pudo realizarse gracias al apoyo del Centro Cultural de España en Buenos Aires (Lidia Blanco, su directora, tuvo oportunidad de conocer la experiencia de El Cairo), el Centro Cultural Recoleta y algunas otras instituciones españolas y árabes, pero el denominador común de la serie de encuentros es Klaketa Arabe, la productora de Amal que tiene su par en la Asociación Cultural Española Klaketa Iberoamericana. Es que financiar y organizar un festival prácticamente desde cero, en especial cuando lo que se pretende es algo distinto a lo deseado por el mercado, no resulta sencillo. El festival de El Cairo se realizó en junio, pero hasta dos meses antes de la fecha, por caso, el dinero para los films y las invitaciones a las directoras no aparecía.

–Teníamos la idea desde junio del año pasado, pero el dinero no aparecía. En el proyecto dedicas todo el tiempo, éramos yo y otra compañera, Azul Santiesteban, de Zaragoza. Había otras chicas que nos apoyaron, pero hacían el trabajo todos los días y gratis, porque el dinero que finalmente apareció sirvió para el subtítulo y el viaje de las directoras, éramos nosotras.

Eso es muy habitual cuando se trata de proyectos de mujeres o sobre mujeres: se hacen a base de trabajo vocacional, voluntario, no resulta fácil armar un sostén comercial.

–Sí, en especial cuando es la primera vez, que sólo puedes decir “mira, tengo esto, voy a hacer tal y tal cosa”, pero no puedes mostrar nada más. Pero cuando ya se ha hecho, creo que nos va a facilitar muchas cosas. Y además queremos conseguir dinero para más que los subtítulos y los viajes, queremos que el trabajo se pague, porque no todo el mundo puede trabajar de voluntario todos los días. Y porque también queremos que las directoras reciban dinero por la proyección de sus películas. En especial el tipo de directoras que nos interesan, porque lo necesitan. Se trata también de una cuestión cultural vinculada con lo comercial.

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Amal Ramsis
Imagen: Juana Ghersa
 
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