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Viernes, 18 de diciembre de 2009

ARTE

Todo cambia

Caro Chinaski no les teme a los oficios: periodista, ilustradora, baterista, camarera, historietista y diseñadora de indumentaria. Además, claro, de los que vaya sumando a lo largo de su vida, signada por el movimiento constante. El cambio, dice, es una estrategia de vida. Será por eso que su sueño máximo es hacer lo que le gusta pero frente al mar, ahí donde la luz y las mareas son capaces de darlo vuelta todo en un solo día.

 Por Santiago Rial Ungaro

“Y de pronto –escribe Caro Chinaski en Montatormentas, su último librito– te das cuenta de que el cambio es una cosa maravillosa y natural, algo que pasa desde el principio y seguirá pasando hasta el final, un giro que hace que veas qué tan bonita es la mañana a la mañana, la tarde a la tarde y la noche a la noche. Cambiar es moverse, moverse es estar vivo y estar vivo es lo que hay de plato del día.” Para Caro Chinaski cambiar es una estrategia de vida, una excusa para que sus larguísimas y delgadas piernas no se queden demasiado tiempo en el mismo lugar.

Nacida en plena Navidad de 1975, Caro ha sido periodista, ilustradora, baterista, historietista, camarera y diseñadora de indumentaria.... Y todo parece indicar que la lista va a seguir creciendo, sin que por eso deje de ser, como ella misma se describe “la mejor amiga que un ser humano y un gato podrían tener”.

Y son muchos los que coinciden con ella. Basta asomarse a su blog, www.carochinaski.blogspot.com, o su web (www.carochinaski.com) para constatar su destino a lo Roberto Carlos. Con ustedes, Caro Chinaski.

“Yo soy periodista, ¿sabías?”, pregunta ella dando inicio a la entrevista y uno tiene la impresión de que, ante el menor descuido, se pueden cambiar los roles y uno puede terminar siendo parte de alguna de sus historietas. Toda su vida parece salida de una de sus desopilantes viñetas.

“Yo empecé haciendo un fanzine en el ’96. Lo primero que hice fue escribir, aunque tampoco me las quiero dar de gran lectora. Pero de chica era de leer mucho; tuve mi época de ir leyendo los libros por la calle.” El fanzine en cuestión lo hacía con Clara Lagos, ex compañera de colegio y gran amiga de la vida, con quien compartió hasta el 2000 Océano y Charquito. “Nosotros lo empezamos a hacer y después nos enteramos de que había toda una movida de gente que ni sabíamos que existía. En ese momento hubo una explosión de eso: había un montón de fanzines buenísimos. Eso fue una movida que después se perdió.” En la era pre-blog, el fanzine era, por su espontaneidad y libertad, para hacer y decir cualquier cosa que se quisiera, el medio de expresión ideal. Dubitativa por momentos, delirantemente eufórica por otros, graciosa siempre en base a saber reírse de sí misma, sus personalísimas historietas (editadas el año pasado con el adecuado título de Indecentemente cursi) sedujeron a Maitena y Lucas Nine, que les dedicaron dos cariñosos prólogos. Difícil no dejarse cautivar por esos ojos inmensos que cambian según sus estados de ánimo y que hacen que las neurosis femeninas de cada día sean algo tierno y lindo sin perder su dosis de delirio.

En simultáneo con los fanzines, en 1998 Caro se lanzó como diseñadora con una marca de ropa a la que le debe su actual nombre artístico: Chinaski.

“Yo soy muy fan de Bukowski (Chinaski es el nombre del protagonista de sus novelas) y en ese momento estaba leyendo Hollywood, y me dije: ¡Chinaski! Y empezó siendo el nombre de la marca de ropa que tenía en la Bond Street; pero después todos decían, Caro ‘La de Chinaski’. Y me quedó. Al principio Bukowski me pareció chocante, machista y todas esas boludeces. Pero después me encantó. ¿Para mí sabés cuál es el gran secreto de Bukowski? Es esa cosa coloquial, que es como si te estuviera contando una anécdota, de jugar mucho con su personaje...”

Como el viejo Charles, la joven Chinaski también juega con sus personajes... en la ficción y en la realidad. Su personaje de diseñadora, por ejemplo, le duró 10 años.

“El under de los ’90 era medio limado. En la Bond éramos todos un bardo. Pensá que éramos siempre la misma gente, gente que después siguió haciendo cosas. Yo abrí el lugar con dos mangos (como $500 de ahora), recolecté percheros de amigos que hacían ropa, compré pintura y abrí con 20 prendas, para ver qué pasaba. Soy una caradura total, porque diseño de indumentaria jamás estudié en mi vida. Dibujo tampoco, historieta tampoco. Y, obviamente, nunca fui a un taller literario.”

Inevitable fue que sus caprichos la llevaran al caprichoso ambiente del rock. Durante esos años Caro fue novia de Gori (hoy en Fantasmagoria), un auténtico Dandy del under.

“Sí, y gracias a él conozco a mi novio actual, Chelo. Y también poné que en una época toqué la batería. ¡No sabés qué feo que toco! ¡Toco horrible! Pero ojo: tengo buen tiempo. Con 3 amigas armamos Señorita Polyester. Una dijo: ‘¡Yo toco la guitarra!’. Y la otra ‘Yo toco el bajo’ ¡Y a mí me tocó la batería! Tocamos en todos los festivales Belladona, en Rosa Rosa, que organizó Erica García. Nos disfrazábamos y nos divertíamos mucho.”

Aunque llegó a compartir un casete rosa junto a She Devils y escenario junto a Fun People (su novio Gori tocaba ahí), cuando le pregunto a Chinaski con qué gente tocó, o si hubo algún momento “culminante” de su aventura en el mundo musical, nos da la pista de cuál es uno de sus lemas: hacer lo que le gusta, en el momento que quiere... por el simple hecho de hacerlo. ¡Toda una filosofía del capricho!

“Yo no hago historieta para que me editen en determinada editorial, ni trabajé en periodismo para ganarme el Pulitzer, ni mato gente para que me den el Premio Nobel de la Paz, ni tampoco toqué en esa banda para llegar al Madison Square Garden para 7000 personas. Yo hago las cosas porque me parece que está bueno hacerlas. Y después, si veo que la gente disfruta con lo que yo hago, flasheo y me pongo muy feliz. Hace poco me preguntaron cuál era mi sueño y dije: ‘Seguir haciendo lo que hago y vivir en la playa’. Y me dije: ‘¡Guau!’. ¡Entonces soy feliz!”

Quizá eso explique su paso en ese entonces por una banda experimental como A.D. (Auyentademonios), junto al artista plástico Nico Di Yorio y a su amigo Diéguez, quizá la banda más demencial y extrema de aquella época. “Era muy colorinche, muy divertido estar con ellos... pero sí, era muy muy ruidoso.”

Todos los caminos apuntan, de nuevo, al espíritu del “Hazlo por ti mismo” de la autogestión. “Para mí es una manera de manejarte en todo. Para mí hacer el fanzine era lo mismo que estar en una banda o que tener un negocio de ropa. Creo que cuando empezás a autogestionarte en algunas cosas después te empezás a autogestionar en un montón de otras cosas.”

En algún momento del 2002, Caro Chinaski se hartó. La necesidad de cambiar, que le dicen. A la Bond Street por ejemplo, le tomó directamente fobia: “Hoy en día te juro que ni puedo entrar. Pero no es del lugar, es algo psicológico mío. Me baja la presión, me desmayo. No tiene mucho de creatividad el diseño de indumentaria si hay que vivir de eso. Al principio empecé haciendo piezas únicas, al punto que había una pieza por talle: si no tenía una prenda de tu talle tenías que elegir directamente otra cosa, otra prenda. Y como me di cuenta de que así no iba a ganar plata, entonces hacía una remerita con un dibujo y eso sí lo vendía. Entonces pensé que si había que hacer eso para hacer lo quería hacer estaba bien, hasta que en un momento dado me dije: ‘Ya está’. Me aburrí. Y de golpe terminé con un montón de situaciones. Y así fue como cayó de repente mi carrera como diseñadora de moda, por así decirlo.”

Otra vez, nos encontramos con otra situación que podría ser una historieta de Caro Chinaski: de tener dos locales y ser una joven diseñadora linda y promisoria, Caro pasó a desempañarse en uno de los trabajos que más temen las madres para sus hijas por lo demandante y lo mal pago. Chinaski, de golpe, paso a ser... ¡camarera!

Claro que Caro siguió con su costumbre de tener dos facetas: camarera por las noches y periodista durante el día.

Cuando en su último libro se refiere al Movimiento del Ultimomentismo Chinaski sabe de lo que habla. “Cuando empecé a trabajar de camarera ya me habían cortado la luz y el gas. Es como que estoy esperando entrar en pánico... Y lo llamé a mi viejo y me consiguió trabajo de camarera. De día trabajaba en una revista en el centro y de noche trabajaba en un restaurante, porque tenía que pagar el departamento que alquilaba. Era una onda ‘dibuja y pinta cuando tengas tiempo’.”

Pronto el tiempo apareció, junto con la desilusión ante el ambiente periodístico.

“Me acuerdo de que cuando trabajaba en periodismo en un momento escribí una nota medio heavy sobre contaminación, sobre que estaban tirando tal veneno en tal río... y nunca me la publicaron. Siempre tenían alguna excusa. Y ahí me dije: ‘Voy a hacer una nota totalmente inventada sobre cualquier chamuyo’. Y escribí sobre un teatro que iban a cerrar, y me inventé nombres de funcionarios, asociaciones inventadas, nombres inventados de vecinos, todo un delirio, un cuento, una novela. Y entregué la nota recontenta, pero pensando: ‘Si me publican esto después de rechazarme la otra nota, me voy’. Y se publicó tal cual. Y me fui. Me di cuenta de que para inventar era mejor hacer lo mío.”

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