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Viernes, 18 de diciembre de 2009

MúSICA

La marca del desarraigo

Lejana Tierra Mía propone repasar los tangos y canciones francesas que se escuchaban en el país de la Marsellesa cuando Gardel paseaba por ahí.

 Por Guadalupe Treibel

Atado al mundo de las categorías, el disco no sólo es género: es geografía y tiempo. Como historia –cantada– de momento y espejito rebotín cultural, las canciones llevan marca de época, de inventario, de estación. La intérprete Patricia Bélières lo sabe y, junto al músico, pianista y arreglador Pablo Fraguela, pensó un disco intercultural: tangos porteños y canciones francesas del período de Carlos Gardel en París. “El debuta allí en 1928 y es un tiempo del que no se habla mucho. Siempre se menciona Nueva York y el tango en Broadway”, rescata la cantante, llamada a explicitar la unión entre ambos países. Por y para el tango, claro. Es que, para ella, “las fronteras no son tan fronteras; hay cosas que simplemente son universales”.

Con esa idea como puntapié inicial nace Lejana Tierra Mía, un cancionero de doce temas (y un bonus track) que repasa la música que escuchaban los franceses en la décadas del ‘20 y ‘30. Así, a sus locales “J’ai deux amours”, “C’était mon premier amoureux”, “J’attendrai” y “Valentine”, se le suman los blanquicelestes “Buenos Aires”, “Melodía de arrabal”, “Amores de estudiante”, “Soledad” y “Golondrinas”, entre otras canciones, la mayoría del “Zorzal”.

Para el recorte, cuenta la mujer –que estudió Ciencias del Lenguaje en Francia– haberse ayudado de París-Buenos Aires, un siglo de tango, de Nardo Zalko. Y de gustos propios, claro. “Abordé el repertorio desde la autenticidad y el estudio, con mucho respeto. Pero creo que porque el tango se cante de una determinada manera, eso no significa que sea la única forma de hacerlo”, explica la francoargentina, que –sin más–- remata: “Una mujer no tiene que cantar como un macho para hacer un tango”. Tiempo, espacio y lenguaje repartidos le dan la razón y la encuentran cómoda, precisa y desenfadada lo largo del disco entero.

Mientras, muestra el arte que la selección estuvo guiada por bloques temáticos. Así, a la ciudad y el barrio, le siguen los primeros amores, la espera, las mujeres y, claro, el viaje. “El punto de encuentro es el desarraigo, una característica bien argentina, una sensación que sentía Gardel cuando estaba en Buenos Aires y extrañaba París o estaba en París y extrañaba Buenos Aires”, aclara la cantante sobre los ¿nostálgicos? tracks.

Con dos discos más en su haber –Aérienne, un encuentro entre Francia y América del Sur (2002) y El otro Brasil (2005)–, el tercer trabajo de Bélières la devuelve a la interculturalidad y al canto esencial que enseña. En sus palabras: “Se trata de buscar el sonido propio con trabajo rítmico, con el cuerpo, desde un lugar interno y mucho imaginario. Lleva tiempo que la canción se haga carne en uno pero, para interpretar, hay que metérsela en el cuerpo primero. Al ponerle imágenes, el sonido cambia”.

Vale aclarar que el LP Lejana Tierra Mía está basado en el espectáculo Gardel entre París y Buenos Aires, donde Bélières y Fraguela siguen el itinerario melancólico y lírico del disco, con dosis de acting, poesías (también de época) y anécdotas del ícono porteño. Sobre el show, que volverá en abril de 2010, la cantante comenta: “Jugamos con la interdisciplinariedad y eso da un touch interesante”.

Para toques atractivos, el cierre del disco hace de gran ejemplo porque el dúo dinámico decidió incluir –a modo de bonus track y homenaje– “La morocha”, de Enrique Savorido y Angel Villoldo, “el primer tango que llegó a Francia en 1906”. ¿El detalle especial? Traducirla al francés y cantarla así, en lengua extranjera. “La geografía marcó mi vida y mis discos. Viví en Brasil, Francia, Canadá. Soy una mezcla y eso también tiene que ver con mi argentinidad”, define la intérprete local. Y de todos lados.

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