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Viernes, 18 de junio de 2010

ARTE

EL ESTALLIDO DE LOS GENEROS

Desde el inicio de su formación como artista, Alicia Herrero se dedicó laboriosamente a difuminar las fronteras establecidas y a cuestionar el mercado del arte creando una obra de múltiples sentidos que también puede verse como el tejido de una red que en cada nudo implica tanto la investigación teórica como exponer el cuerpo y el trabajo al más peligroso de los riesgos: el contacto y el intercambio con los otros.

 Por Natali Schejtman

En los años 2008 y 2009, Alicia Herrero visitó subastas de Sotheby’s y Christie’s en Londres y Milán. Lo hizo como performer, pero quizá no todos se dieron cuenta. Ella se sentó entre la gente y abrió un cuaderno del mismo tamaño que el catálogo que los asistentes tenían en sus manos. En vez de ir haciendo marcas en los productos de este catálogo, como el resto de los asistentes, ella irguió su espalda con el mismo arco pero para retratar lo que iba aconteciendo en la subasta –como aquellos que dibujan expresiones y situaciones durante un juicio–, planteando en ese gesto unas cuantas buenas preguntas en torno de la circulación y consumo del arte. Más que una performance, Herrero llama a este trabajo “acción pública”: “La performance ya te cierra en una categoría que es ‘arte’. Me interesa deconstruir ese lugar, situarme en esa zona límite. El concepto de acción, en cambio, también me permite estar con una pata adentro del arte y una pata afuera. La pieza va construyéndose como una obra, porque hay una serie de dibujos, hay un registro en video que documenta mi acción, la situación a su vez no deja de ser una memoria antropológica de un período determinado de tiempo y los dibujos –con data, precio, fecha, nombre del artista que se está vendiendo– empiezan a ser dibujos documentales. Entonces, toda esta situación se constituye como obra y al mismo tiempo está abriendo un camino para un trabajo de investigación de otro”.

La polisemia y la esfumación de los bordes son unas de las marcas de la prolífica e intensa obra de esta artista, en la que también pueden incluirse tanto Magazine In Situ, de la que es creadora y coeditora, como el Laboratorio de Investigación en Prácticas Artísticas Contemporáneas (Lipac), un espacio cuya convocatoria 2010 (a partir del Centro Cultural Rojas) está todavía abierta y que se realizará durante los meses de agosto a octubre. Se trata de una iniciativa que ya lleva tres años y está dirigida a artistas, teóricos, curadores e investigadores que quieran desarrollar un proyecto en el marco de las variadas plataformas que ofrece el Lipac. Como cuenta Herrero, su coordinadora, “la dinámica de trabajo es grupal y la idea es que se trabaje planteando discusiones a partir de ideas concretas. Lo que busca la instancia del laboratorio es una metodología coral. El staff está conformado por interlocutores, más los invitados artistas y los invitados curadores que vienen a dar sus conferencias o seminarios y que también tienen un encuentro con el grupo”. Entre los invitados de esta edición estarán la interesante artista mexicana Minerva Cuevas y el sociólogo argentino Christian Ferrer, entre muchos otros.

Es curiosa y atractiva la genealogía de este laboratorio, tanto como el hecho de que sea una arista tan orgánica dentro de la carrera de su coordinadora. Su germen, menciona Herrero, podría situarse en los movilizados sentimientos que despertó el 2001: “Cuando fue el 2001, pensé mucho qué pasaba con los talleres que solíamos tener los artistas en distintos lugares. Yo tenía un taller en el Rojas. Ahí empezó la primera inquietud de una instancia más investigativa, que permitiera a los artistas vincular sus propias destrezas con las destrezas de otros campos. Complejizar el trabajo, trabajar con psicólogos, con grupos que estaban trabajando en un barrio; hicimos presentaciones en hospitales públicos donde invitábamos al vicedirector de Bioética de la Nación, periodistas, antropólogos, escritores. Junto a la exposición clásica, la idea fue generar otro tipo de encuentro. También hicimos un experimento adentro de una oficina. Trabajamos en intervenciones dentro del espacio de la oficina y la presentación de los procesos de trabajo fue conviviendo con la arquitectura, el mobiliario y las personas. Estos experimentos o procesos de investigación vincular del arte con otros espacios o universos todavía estaban dentro de un taller, pero ya empezaba a preocuparme esta cuestión de ir hacia otros lados”.

Red de redes

Alicia Herrero se formó en la Pueyrredón en los ‘80 en un clima social que invitaba a su generación a repreguntarse, entre otras cosas, por el orden y la organización establecida de los campos del arte (o bien, las “disciplinas”): la escultura, la pintura, el grabado, etcétera. Desde un acercamiento al grabado –que no deja de plantear asuntos muy actuales relacionados con la copia y la circulación–, se fue abriendo el panorama: “El grabado fue un interés que tuve vinculado más que nada con los libros, los dibujos y las ilustraciones. Todo el universo gráfico en mi infancia fue poderoso. El consumo de imágenes era a través de los impresos, de ahí mi placer por el universo de los libros”. De este vínculo con el material impreso, el archivo, el documento –que excede ya una sola técnica–, dan cuenta algunos de sus primeros trabajos: Desplazamientos y Supersigns/Supermarket.

A lo largo de su carrera indagó en la transversalidad por medio de diversos materiales y técnicas: video, performance, pintura, calado, instalación, todo eso junto. Es así como en el año 2001 presentó una obra llamada Diseño industrial que consistía en un gran y sagaz 5 por ciento ploteado (en colaboración con empresas que hacen cartelería en la vía pública), y en el 2005 montó Alice-Ville, en la que trabajó en siete salas del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario conformando su propio microsistema. También supo recurrir y plantear mapas, como una buena imagen para cifrar la minuciosidad y la capacidad de desplazamiento y flujo dinámicos que propone su obra (en la Bienal del Fin del Mundo del 2007 realizó, desde In Situ, un tour por el mismo circuito que realizó Darwin alrededor del Beagle).

Probablemente, el aspecto más tajante y segmentado de esta artista sea un prolijísimo archivo que decora su taller con cajas de cartón, cada una con el simétrico título del proyecto en cuestión sobre hoja blanca. Fuera de las fronteras que impone cada caja con la adyacente, ella hace hincapié en el componente relacional: “Una de las características que yo veo en estos últimos 20 años es que toda esta cuestión de las disciplinas estalla. Hablando de los procesos de democratización de los campos, antes las Bellas Artes, como la mayoría de las artes, era para hombres, y después aparecen las mujeres. Pero no solamente aparecen las mujeres: hay cambios de discursos. Aparecen otras problemáticas, otros temas, otros destinos para las prácticas artísticas. La primera crisis que yo tuve como estudiante tuvo que ver con entender que el universo de las ideas y de la sensibilidad que uno va alimentando, luego, cuando introducís tu trabajo en la realidad, se encuentra con un sistema totalmente capitalista que hace que finalmente esas amorosas producciones simbólicas se transformen en productos consumistas de un público recontra exquisito. El mercado del arte no es ajeno, no es un capricho del arte sino una consecuencia de un sistema en el que vivimos que históricamente ha encontrado ese lugar para la práctica artística, entonces yo me pregunto al revés. Por qué, en lugar de seguir naturalizando que eso ha sido así siempre en la historia, no pensar al revés: dónde van a parar mis prácticas, qué hago con ellas, qué es lo que se puede plantear en términos de formación o de contagio de inspiración o de transmisión de conocimiento para jóvenes”.

En su recorrido, Herrero muestra constantes problematizaciones que vinculan la práctica artística con el mercado del arte. De hecho, la acción pública en las subastas es parte de la serie Art & Capital, que incluye otros proyectos. Entre ellos, uno que trabaja con impresiones de diversas obras reconocidas en un tamaño acorde con el precio al que fue vendida la obra. Esa es la escala de Fe de Erratas, con una técnica similar a la que usó en Un paisaje hechizado, en la que trabajaba con las porcelanas subastadas en Christie’s mediante un patrón que convierte dólares en centímetros (algunas ocuparon metros).

Pero además, un conjunto de nuevas tecnologías y modos de circulación que cada vez son más comunes convergen de manera entrañable en sus planteos: “Con la producción audiovisual ya de por sí se rompe algo de esta cuestión del objeto único, de la pieza única, porque aparece la posibilidad de la copia, de múltiples rutas de circulación. La llegada de las tecnologías libera un poco esa situación de cómo encontrar tus redes, tus trayectos vinculares”.

Pareciera que el propio modo de trabajo de Alicia Herrero tiene mucha relación con Lipac. La posibilidad de otorgarles espesor crítico a los proyectos artísticos también es consecuente con la idea de derribar esa frontera falaz, esa “construcción cultural”, como propone, que divide práctica y teoría, como si realmente estuvieran separados. “El laboratorio apunta a destruir esa construcción... es producto de la guerra fría. La división tajante, ultrapositivista, mujer-hombre, esas separaciones sin sentido... Por eso lo más interesante es situarse en el borde de todos los géneros.”

La convocatoria para el Laboratorio de Investigación en Prácticas Artísticas Contemporáneas está abierta hasta el 30 de junio. Más información en: http://www.rojas.uba.ar/lipac/convocatoria.htm

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Alicia Herrero.
Imagen: Juana Ghersa
 
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