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Viernes, 26 de noviembre de 2010

RESCATES

Más papisa que el Papa

La papisa Juana 822-854

 Por Aurora Venturini

La legendaria criatura nació en Ingelheim am Rheim. Nació de una pareja formada por los predicadores Elizabeth y Gerbert, ambos nativos de Inglaterra y afincados en Alemania desde donde salían hacia otras tierras difundiendo los Evangelios. La hija, sobredotada desde muy niña, leyó esos libros santos y estudió el trivium y el cuadrivium, así como también textos vedados a la lectura y aprendizaje del género femenino. El problema residía en que en aquellos tiempos, ubicadas las mujeres en los estratos subterráneos y negados a la cultura, por muchas que fueren sus lecturas y sus talentos, le resultaría difícil ocupar cargos importantes y ascender a la docencia. Ella en su adolescencia ya se hubo adentrado en lecturas y transcripciones de los libros sagrados e interpretación de La Biblia; el saber que sí ocupa lugar requería espacios de difusión para sus clases. Esa cuestión la indujo a vestir prendas varoniles y con ellas logró alcanzar el rango y cargo de copista, con el nombre adoptivo de Johannes Anglicus o Juan el Inglés. Con simulada y oculta personalidad, viajó por diferentes conventos como escribiente y en Constantinopla conoció a la emperatriz Teodora. Fue a Grecia y en Atenas estudió medicina con el rabino Isaac Israel. Regresó a Alemania e ingresó al Regnum Francorum y habló con el rey Carlos el Calvo. En el año 848 obtuvo un nombramiento de docente. En Roma, la presentaron al papa León lV, quien la hizo su “secretario”. El prestigioso “secretario” creció en el concepto clerical al punto de que al fallecer León lV votaron su nombre los cardenales para ocupar la silla papal. No se sabe exactamente cuánto duró su reino, bajo el nombre de Johannes Iptimus, pero sí se sabe que bajo la túnica del joven crecía su vientrecillo tanto como su fama. Ocurrió que Juana descubría sus encantos femeniles al embajador Lamberto de Sajonia, papá del papiso... Este fruto prohibido no llegó a ver la luz, dado que durante una cabalgata entre el palacio Vaticano y el de Letrand, la partida de corceles fue asaltada por el populacho furioso por haber tenido una doña en el trono. En tropel se lanzaron sobre ella y la aplastaron junto al papiso neonato. El asalto acaeció en las cercanías de la iglesia de San Clemente. Existen opiniones disidentes acerca de la vera vida de nuestra heroína. Hay quienes afirman que el lapso dedicado a su pontificado corresponde a la entronización de Benedicto lll. Dicho Papa significó un temperamento debilucho. Paradójicamente de él se dice que iba travestido en congresos y congregaciones. Un grabado oscurecido por los años muestra una imagen difusa de un papa en cuyo margen inferior se lee: Johannes Iptimus. Otra opinión confirma que existió un papa muy falto de carácter, inútil como una mujer (concepto antiguo o no tan antiguo, pero definitivamente anterior a la corrección política importada de Estados Unidos) y que ese es su retrato en esfumino. Luego de tan horrendo disenso usaron la silla perforada a fines de comprobar el sexo del elegido, artefacto que ya no se usa. Entonces, el electo debía sentarse sin ropa interior en el asiento perforado y un monje destinado palparía las partes pudendas al grito de “Duos habet pendentes”. Mucho se ha escrito sobre ella, que si no es verdad, bien hallado se encuentra. Las notas que anteceden fueron obtenidas de una publicación mexicana de autoría del escritor Arturo Ortega Blake La mujer que se convirtió en Papa; del libro de Donna W. Cross, traducido por César Aira. La versión al idioma español de la inglesa de Lawrence Durrell se debe a la escritora argentina Estela Canto y ayuda especialmente en cuanto al centro argumental y los detalles del tema. Durrell relata que durante un paseo por la ciudad de Atenas llamó su atención en la vidriera de una librería un libro envejecido, cuya tapa maltratada y decolorada por el fuerte sol de Grecia apenas permitía leer el nombre del autor. Entró al negocio y lo compró. Estaba escrito en idioma griego y su autor Emmanuel Royidis ofrecía la historia novelada de la papisa Juana. La historia novelada es lo único que nos queda para afirmar con humo blanco que sin dudas la joven existió, llegó a donde llegó y la historia la disolvió en el aire.

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