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Viernes, 17 de agosto de 2012

Las chicas sólo quieren divertirse

 Por Victoria Lescano

La diseñadora Carola Besasso es la creadora de Dam, una tienda precursora del circuito de Palermo. Corría 1998 y luego de estudiar Bellas Artes en la Gerrit Rietveld Academie de Amsterdam, Carola vendía tanto prendas vintage recicladas por ella como atavíos de otros diseñadores, pero en las últimas temporadas se abocó al diseño, haciendo foco tanto en los rescates de textiles como en la pintura. Su colección de prendas únicas Soñar Despierta, que en Bafweek y el apartado “La ciudad de moda” estuvo articulada en dos ejes: por un lado, el imperativo de colores con estampas africanas aplicadas a camiseros, los vestidos con capucha, los collages étnicos, los enteritos y las bermudas con variaciones de patchwork (allí hay guiños cómplices a Grace Jones y la estética de Studio 54 y del hip- hop) y, por otro, la sutileza de la seda pintada. Fue ese primer eje el que proyectó que hacia el final del desfile, mientras las modelos con peinados símil carré y peluquitas extendieran los brazos hacia atrás y mirasen el horizonte de la pasarela, la diseñadora improvisara un saludo coreográfico que dejó muda a la audiencia de la moda. Rodeada de dos bailarinas con pantalones hiphoperos según Dam, comenzó a balancear brazos y piernas cual si estuviese en un trance. Después del shock, el público aplaudió la osadía. Un rato después, diría Besasso en el backstage que su danza había sido un gesto liberador hacia “la gente que pareciera nunca relajarse y va tanto con el ceño como con el culo fruncidos”. Acto seguido el viernes en la tarde en la Rural, con una temperatura caldeada por la multitud (alguien deslizó que cinco mil personas se paseaban por el lounge), Mariana Dappiano presentó su colección de verano inspirada en confites, el imaginario de los artificios de cotillón, trasladados a composiciones surrealistas y a efectos calidoscópicos. Tales fundamentos emergieron en una colección en coral, amarillo, aguamarina, blanco y negro, vestidos cortos y largos, trajes full print y camisas, estampados digitalmente sobre siluetas despojadas de cualquier argumento intelectual que no fuera un abordaje lúdico hacia la moda. Las modelos llevaron simulacros de confites en sus chignons, y Natura, uno de los sponsors oficiales, desarrolló una sombra para ojos celebratoria de la paleta cromática de la diseñadora.

Alfonsina Storni resucitada vestida de mar y lista para ir a alguna gala del casino de Mar del Plata fue el arbitrario disparador de la fabulosa colección del diseñador Marcelo Giacobbe, rica en bordados de caracolas en strasses y corales. Un paneo por los bordados que asomaron tanto en la espalda de un vestido largo, el frente de una chaqueta, como de un corsé, exhibió de lobos a estrellas de mar, corales rotos, caracoles y otros moluscos. En la construcción de sirenas oníricas, casi cómicas y que citan a Alfonsina Storni y su verso “Me voy a dormir vestida de mar” –la banda sonora tuvo a Estela Raval y los 5 Latinos y también un rescate de recitados–, Giacobbe recurrió a una capa de organza que simuló una medusa, pantalones perlados en shantung con un saco aerodinámico, estampas en papel foiled que representan el mar y la fusión de técnicas de encintados, ropa interior y tocados de pájaros y otros artificios.

A modo de homenaje a situaciones desopilantes y celebratorias –entre las que destacó el clima del musical Mamma mía–, la diseñadora Rosa Benedit se refirió al vestido en todas sus formas como eje rector, visos con sus corpiños con recortes en cuero calado y breteles que aluden a la lencería, vestidos marineros y camisolas de inspiración playera o campesina junto a la pileta, los camiseros con o sin mangas, los strapless cortos y largos con cintas que caen sobre la espalda. Contempla las chaquetas en jacquard o en piqués de cuerina y los sacos realizados con telas para buzos y sujetos con botones a presión y saharianas. Todos fueron desarrollados de modo tal que pudieran ser transportados en la bolsa de playa o picnic. Del imaginario de su padre, el artista Luis Benedit, Rosa rescató también el uso de huesos a modo de accesorios que desarrolló con la complicidad de la joyera Viviana Carriquiry; con sus estampados sobre voiles de algodón, linos, muselinas y jerseys de algodón, la colección estival celebró la silueta femenina con atavíos ceñidos de las bomb shells del cine italiano traspoladas a alguna trama contemporánea y en technicolor. Y un rato antes del cierre, mientras se deslizaba entre las bambalinas que cobijaban su vasta colección rica en estampas multicolores, el diseñador Santiago Sáez comentó que la colección de su firma Ona Sáez remitía a una celebración y a un sueño tropical: la Coca Sarli aplaudió cada pasada desde la primera fila.

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