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Viernes, 17 de agosto de 2012

ENTREVISTA

Islam sin velo

Nasreen Amina es una feminista chilena que se convirtió al Islam y eligió llamarse como una flor que resiste y llega a la victoria. Cumple con el velo pero cree que la opresión no es sinónimo del Islam, sino de algunos que hablan en nombre de la religión. Es parte del feminismo islámico que se identifica con una búsqueda espiritual, presta batalla a los prejuicios de Occidente y a las resistencias de los musulmanes más patriarcales.

 Por Luciana Peker

Nació en Puerto de Talcahuano, en una de las zonas más devastadas por el último terremoto, en Chile. Su vida, en 38 años, también pasó por temblores: ser una adolescente en huelga de estudios por una compañera que había quedado embarazada, quedarse embarazada a los 18 y decidir no casarse, criar sola a su hija y que ella la siguiera en sus estudios de periodismo. Seguir a su hija –que ya tiene 20– hasta la Argentina para que estudiara diseño. Nasreen militó en política y llegó a ser la presidenta de la Juventud del Partido por la Democracia (que lideraba Michelle Bachelet), pero no quiso ser una política tradicional.

El feminismo se le apareció como una opción de vida. “Ser feminista no es como hacer dieta y decir ‘hoy empiezo’”, compara para mostrar la continuidad en la búsqueda que la llevó, también, a buscar más allá de la lógica racional: la fe. Por eso, la religión fue un viaje que aceptó y por el que también transitó hasta llegar a su Meca. Su papá y su mamá, Sergio y Trinidad del Rosario, son –como los describe su apellido– “más católicos imposible”, se ríe. Sin embargo, no fue ésa la fe que ella eligió. Eligió volverse musulmana. Un hyab violeta con destellos que brillan y que le hacen brillar más aún sus ojos la cubre, pero no la calla contra los prejuicios que se hacen en nombre de Dios.

No es una época en que decidirse a ser feminista y musulmana sea una definición sencilla. Hoy las personas islámicas son las malas de las películas. Pero no sólo para la visión de los thrillers occidentales que bombardearon Afganistán o Irak. También para quienes ven lapidaciones en donde las mujeres mueren apedreadas o mutilaciones en donde el placer se corta por lo insano o se persigue el deseo por el mismo sexo. Ella tiene un velo en la cabeza por respeto a los ritos que la cubren. Aunque no tiene un velo sobre su visión. Sabe que en nombre del Islam se producen políticas de opresión, sólo que ella cree que no es el Islam el que tiene la culpa, sino quienes hablan en nombre de la religión.

Se llama Vanesa Rivera de la Fuente y pide que la llamen Nasreen Amina. “Tiene un doble significado: Nasreen en persa es rosa salvaje, una flor que crece a pesar de las dificultades y en árabe es la victoria. Amina es la persona digna de confianza. Son las dos cualidades de las que me quería apropiar y que me identificaban.”

¿Qué vino primero: el Islam o el feminismo?

–Desde muy jovencita me hice feminista. Cuando tenía 15 años iba a un colegio católico y una de mis mejores amigas se quedó embarazada y la echaron, pero al chico que la embarazó no. Nos juntamos un par de compañeras e hicimos un paro. Nos rehusamos a ir a clase y a rendir los exámenes y buscamos distintas maneras de protestar a través de una resistencia no violenta. A la dirección del colegio no le quedó más alternativa que reintegrar a nuestra compañera para que diera libre. Ella no pudo volver a la clase, pero sí terminar la enseñanza media.

¿Ya te definías como feminista?

–No, ahí tomé conciencia de lo que era pertenecer al género femenino. No era lo mismo ser mujer que ser varón. Tuve conciencia de la vulnerabilidad y me empecé a involucrar en movimientos de mujeres y para la recuperación de la democracia. Yo creo que ser feminista es un proceso: te cuesta la vida emanciparte. A mí me costó dolor, aprendizaje, pero también buenas experiencias.

¿Cómo fue ser mamá adolescente?

–Fue difícil y más en Chile, un país bastante conservador... En ese momento la ley distinguía entre hijos legítimos, naturales e ilegítimos y cada categoría tenía diferentes derechos y existía una percepción social diferente con respecto a cada tipo de hijos. La idea que tenían de mi honorabilidad era muy diferente de si me hubiera casado. Y yo decidí no casarme para poder seguir estudiando. Mi hija sufrió mucho en el colegio porque los chicos y los profesores le decían que era hija de mamá soltera. Le decían “mi mamá dice que tu mamá es libertina” o “no tienes papá”. Yo sabía que vivía en un país discriminatorio, pero una tiene que ser honesta y para ser honesta tiene que ser valiente. Por eso decidí no casarme. Me alegra que mi hija lo haya entendido. Es mi mayor orgullo: tener una hija con la que crecimos juntas y que es dueña de sus decisiones. Todo cae en su lugar cuando miras para atrás.

¿Por qué viniste a Argentina?

–Para seguir a mi hija, que vino a estudiar Diseño de indumentaria en la UBA. Pero decidí quedarme porque me gusta estar en un país tan cosmopolita. Trabajo de traductora y periodista y quiero estudiar abogacía.

¿Cómo decidiste tu conversión religiosa?

–El concepto de Dios fue siempre una inquietud. Antes veía las noticias de la guerra en Irán e Irak y tenía los prejuicios que tiene la gente ahora. Pero me llamaba la atención el concepto de que había un solo dios para los musulmanes, porque lo que yo conocía es que todas las religiones reclamaban a Dios para sí mismas. Fue cuando llego Internet que pude conocer más y gracias a las redes sociales me conecté con otros musulmanes para decidir, finalmente, hace tres años, convertirme definitivamente. El desarrollo espiritual no es sólo una posibilidad sino una responsabilidad. El Islam se convirtió en el combustible espiritual para mi labor como activista y feminista. Fue sorprendente que el concepto de Dios no tiene género. No hay Dios Padre.

¿No es Dios varón?

–No es una divinidad que creó a Adán y después sacó a Eva, es una divinidad que creó a la humanidad en condiciones de igualdad desde el comienzo para que se protejan unos con otros. En los fundamentos del Islam no hay ninguna jerarquización de unos sobre otros. Lo que distingue a un hombre de una mujer es cuán buenos son de corazón en su vida, cuán piadosos y bien intencionados. Por lo tanto, cualquier tipo de teoría que diga que el Islam promueve discriminación por razones de género es mentirosa, aunque justifique que tiene sus fundamentos en el Islam.

¿Por qué entonces en nombre del Islam se oprime a las mujeres?

–Siempre que se habla del Islam se lo relaciona con una religión misógina y patriarcal. Sin embargo, el patriarcado se ha introducido en todo tipo de religiones. En el Islam se introduce el patriarcado occidental a partir del colonialismo europeo. En nuestra cosmovisión no está desde el momento que no establece a Dios como padre.

¿Y por qué en muchas sociedades islámicas las mujeres o niñas no pueden trabajar o estudiar?

–Durante los períodos coloniales se produjo una reacción conservadora y se endurecieron las normas. Las sociedades árabes se volvieron más rígidas. El Islam predominante toma ideas del cristianismo –no del Corán– como que la mujer debe taparse para no suscitar los deseos sexuales del hombre. La idea de que la mujer es la culpable del deseo del otro es occidental. Pero las elites siguen usando estos elementos porque les sirven como elemento de control al mantener a las mujeres relegadas, pasivas y sometidas a la autoridad de otra persona. Es una construcción que está promovida por una corriente del Islam bastante patriarcal que no recibe cuestionamientos porque tiene buenos negocios con países occidentales.

¿Por qué te tapás la cabeza?

–En los primeros tiempos del Islam las sociedades era tribales y el Islam vino a dar un ordenamiento social. Antes del Islam no había orden ni ley. La condición de la mujer era muy vulnerable y existía la costumbre de violarlas o molestarlas en la calle. Entonces, para poder distinguir a las mujeres musulmanas la ley dice que se cubran con la hyab. El velo, en su origen, es un elemento de identificación de una persona como perteneciente a su comunidad. Todo lo que se ha construido como símbolo de opresión (la sumisión al marido o una manera de ocultar la belleza para no tentar a los hombres) son fundamentaciones posteriores.

¿Desde la invasión a Irak y Afganistán ganó lugar la interpretación religiosa más opresiva como una forma de rechazo a la cultura occidental?

–Claro. El recrudecimiento de la corriente más patriarcal se vio alimentada por las intervenciones de Estados Unidos y sus aliados en los países musulmanes. Los talibán fueron entrenados por los países occidentales. Estos extremistas no representan al Islam, que condena la violencia contra cualquier criatura y el asesinato de personas inocentes. Otra cosa es que ellos digan que lo hacen en nombre de Dios, pero eso no es cierto.

¿Cómo se hace para luchar dentro del Islam contra el machismo?

–El feminismo islámico está deconstruyendo esas interpretaciones misóginas que no favorecen a la mujer y que validan prácticas que son antiislámicas. La lapidación, la mutilación genital femenina, la prohibición de las mujeres de participar en la vida pública o trabajar, la prohibición de la homosexualidad no son prohibiciones contenidas en el Islam. Khadija fue la primera esposa del profeta y era una mujer de negocios, muy rica, que había estado varias veces casada. Ella tenía 40 años y el profeta 25 cuando se casaron: Madonna y Demi Moore no son pioneras: antes tuvimos a Khadija. ¿De dónde sacan que la mujer tiene que estar relegada en su casa? Es una mentira y es un atentado a la propia esencia del Corán.

¿Qué pasa con los derechos sexuales?

–El Islam hasta reconoce el aborto terapéutico por peligro para el feto, problemas para la mujer (amenaza a la vida de la madre o discapacidad mental o física), violación o que ella no quiere hacerse cargo del niño, y algunos estudiosos dicen que la mujer no necesita justificar el porqué del aborto. Hay un texto que dice: “No mates a tus hijos por miedo a la pobreza”, pero ese verso es para los hijos existentes, no para la vida intrauterina. Si El Corán prohibiera el aborto lo diría, y no lo dice. El aborto sí está autorizado hasta los cuatro meses de gestación. En El Corán existe una clara perspectiva de género y reconocimiento de los derechos reproductivos. Una feminista británica, Shaista Gozer, dice que ha llegado la hora de diferenciar la palabra de Dios de las opiniones masculinas. Distingamos la voluntad de Dios de las personas que tienen el poder. El Islam es paz. No hay paz verdadera sin justicia social. No hay paz verdadera si las personas no son libres. Cualquier afirmación que se haga contra la equidad no pertenece a nuestra religión.

Mitos musulmanes

  • La lapidación: En El Corán no aparece la lapidación. Catorce siglos después de su revelación a Mahoma, sin embargo, una decena de países (Arabia Saudita, Irán, Afganistán, etc.) aplica esta pena en nombre del Islam a solteros que mantienen relaciones sexuales y a adúlteros y, sobre todo, a mujeres. La legislación internacional rechaza este ensañamiento.

  • La mutilación genital femenina: Tiene origen tribal, no islámico. No existe en El Corán ni en la doctrina ninguna norma que la recomiende o autorice. Se le adjudica al Islam porque en los países donde se practica adoptaron el Islam como religión y se ha producido una mezcla entre la religión y la cultura. Si hablás con muchos varones de algún país africano te dirán que El Corán lo manda, pero no es cierto. Esto demuestra que mucha gente se hace musulmana y no lee El Corán: sólo repite lo que alguien le dijo que El Corán dice.

  • El velo: Es una decisión personal y no tiene que ver con la sumisión al marido, con la sujeción al varón o la búsqueda de controlar la libido de los hombres. Hay una interpretación del Islam patriarcal que dice que el velo protege a la mujer de la lujuria masculina pero no es así, ya que una mujer con velo tiene las mismas posibilidades de ser acosada o violada.

  • La homosexualidad: El profeta Mahoma nunca se refirió a la homosexualidad de forma directa. Tampoco reclamó el castigo o la persecución de personas homosexuales por su orientación sexual. Hay un párrafo donde se refiere al acto de sexo anal sin consentimiento, no a la condición o a la persona homosexual.

Fuente: Nasreen Amina

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