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Viernes, 1 de febrero de 2013

MONDO FISHION

Rompiendo barreras de hielo

 Por Victoria Lescano

En la última semana de alta costura de París, Karl Lagerfeld sorprendió con una puesta de árboles en la pasarela, un bosque como correlato de su colección coronada por dos novias y su hijo, en claro guiño alusivo al matrimonio igualitario. Mientras que tanto las atiborradas y denostadas red carpets del cine como las de los Premios Carlos –sí, los de Carlos Paz– hacen uso y abuso de alusiones al look. Y lo hicieron en versiones chiquérrimas y populares: entre unas y otras asomó como nuevo artilugio y gadget marketinero una maquinita para hacer alarde de la buena manicura y las alhajas.

Pero prefiero destacar un dato de moda sutil, poético y menos difundido que por estos días transcurre en la Antártida como parte de un experimento arty y con fragmentos de ropajes de los diseñadores de Varanasi.

Desde que a fines de 1970 Mario Buraglio y Víctor del Grosso se conocieron en una cátedra de Arquitectura de la Universidad de Rosario, comenzaron a predicar un mix de moda y arquitectura traducido a sastrería desestructurada y también a sofisticados vestidos de noche –en su mayoría piezas únicas, cimentadas sobre capas de tul y seda, portando grafismos y rescates de iconografía de Africa y de la India, así como también flores y haikus.

Además de pregonar el interés por temas ambientalistas hace décadas (en 2001 establecieron una alianza con la firma austríaca Lenzing para realizar una colección con tejidos de su fibra celulósica, que fue presentada tanto en Buenos Aires Fashion Week como en el Salón Première Visión de París, el Salón Textil de Barcelona y en la sede de Lenzing AG en Viena) comparten gustos por la música experimental y ambient. Como ejemplo de ello, circa 1998, en el ciclo Grandes Colecciones, un rescate de sonidos de Brian Eno acompañó el fashion parade que admitió moldería con forma de paralelepípedos, recursos de costura subvertidos y que complementaron una puesta de esculturas de hierro y bronce con apariencia de mangrullos, ideada por el joyero y escultor rosarino Julio Pérez Sanz.

Luego de una retrospectiva de su labor en moda celebrada en Rosario durante 2012, curada por la experta María Laura Carrascal, los Varanasi vuelven a recurrir a dos de sus temas favoritos: las instalaciones y la temática ambientalista. Lo ejemplifica Organic, un Site Specific basado en investigaciones científicas sobre el cambio climático que ocurre en la Antártida y que compone un nuevo capítulo de la serie de instalaciones ideadas en ese territorio por la artista Andrea Juan. Quien ingrese en estos días a la web de Varanasi podrá (además de encontrar las nuevas noticias de moda de la firma), leer un diario de viaje escrito por Silvia del Grosso, la encargada de relaciones institucionales de la marca. Así, el viernes 18 de enero, esgrimió en su bitácora de Base Esperanza:

“Pasaron seis días desde que llegamos a Base Esperanza, después de esperar diez en Marambio. Desde que llegamos estamos sin comunicación. Sólo se puede hablar por radio y por media hora para conectarse con el mundo. Se está en plena naturaleza, esta naturaleza que aún nos sorprende; paraíso absolutamente sacro, pulcro. Cada día es la perfección”. Y acerca de la relación con el medio destacó una gama cromática que pasa por gamas de azules, turquesas, rosas, violetas y blancos.

Con relación a la participación en la Antártida, textiles mediantes, la instalación de Varanasi admite tanto acrílicos calados, como pet, trans de goma sobre tul, nylon, spandex, poliéster, seda natural, crêpe de chine, seda, telas sintéticas y organza. Esos textiles entablan diálogo con las fotografías y videos in situ plus los sonidos del compositor Nicolás Sorín (músico egresado de la Berklee College of Music, Boston, y cuya música fue interpretada por orquestas sinfónicas y Big Bands en los Estados Unidos y Europa). Su obra para la ocasión es una sinfonía en un movimiento y tres episodios que juegan con las texturas, los colores, las impresiones y situaciones. Y que fue descripta del siguiente modo: “variaciones de grises, blancos, rosas, violetas, azules que se funden con las tonalidades menores que encuentran momentos tormentosos, románticos, de profundo lirismo llegando a un ocaso impetuoso”.

Con respecto a la creadora del proyecto, Andrea Juan, corresponde aclarar que es licenciada en Artes Visuales y que su obra se basa en investigaciones científicas y tiene un contenido reflexivo sobre el medio ambiente; que trabaja en las disciplinas de video, instalación, fotografía y obra gráfica y recibió becas tanto del gobierno de Canadá como la Guggenheim de Nueva York y el Fondo Nacional de las Artes.

Silvia del Grosso destaca entre los fundamentos científicos y los disparadores de la acción: “Las últimas dos décadas fueron probablemente las más cálidas de los últimos cincos siglos. En el transcurso de los últimos veinte años han ocurrido cambios en los glaciares y en las barreras de hielo de la Península Antártica, inducidos por el calentamiento atmosférico y oceánico. Los mayores cambios corresponden a la desintegración de la Barrera de Hielo Larsen. Debido a la desaparición de las barreras de hielo, un extraordinario tesoro de especímenes se ha encontrado en las profundidades del mar de Weddell en las costas de la Península Antártica. Este ecosistema, que había permanecido estable bajo una capa de hielo durante los últimos mil años, está quedando al descubierto. Ya desde la video instalación y la serie fotográfica, los materiales van a representar las nuevas especies encontradas en el fondo marino, tras los colapsos de las barreras de hielo”. Para concluir: “No se realizarán fotografías relativas a la próxima colección. Arte en Antártida es un proyecto que permite contar el cambio en la naturaleza, desde un punto de vista romántico y poético”.

Más info: varanasionline.com

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