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Viernes, 14 de noviembre de 2014

MONDO FISHION

Viaje en el tiempo

 Por Victoria Lescano

La Torre del Museo Marq funcionó como marco para el lanzamiento de Locales –tiendas clásicas de la Ciudad de Buenos Aires–, el libro con portada verde y letras doradas que en sus 108 páginas reúne 90 fotografías de Gustavo Sancricca referidas a 44 tiendas de antaño y a un abanico de rubros y oficios que va desde la joyería a los sombreros y confiterías tradicionales (imposible no detener la mirada en el vestido rosa de Norma Marrone de Heyberger, de “Córcega”, que lleva a tono con las cintas y las cajas de bombones), los rescates de ropa masculina y de calzado, la belleza de las tiendas de reparación y fabricación de paraguas y de acordeones.

Desde comienzos de 2000 y luego de aprender el oficio en talleres de Alberto Goldenstein, Sancricca hizo foco en editoriales de moda y en retratos de músicos para rock; sus fotografías ilustraron las páginas de las revistas SuperLab, D’Mag, Catalogue, Inrockuptibles y Rolling Stone para luego recalar en Para Ti, Pul, Vanidades, OHLALA! y Brando. Junto a Luciana Guerrero, la diseñadora gráfica responsable de la puesta en página de las tiendas documentadas, el fotógrafo afirma acerca de las premisas del libro editado por el sello Forma Editora: “Decidimos retratar tiendas clásicas de la ciudad y a sus dueñxs, o a sus empleadxs de toda la vida, que han hecho de la venta al público un oficio y que persisten en una forma amable y familiar de vincularse con lxs clientxs, que va mucho más allá del consumo o del intercambio comercial. Los personajes y los espacios se funden en una situación mimética en donde nunca podemos identificar causa y consecuencia. Se trata, en muchos casos, de establecimientos que son parte de una invaluable herencia familiar. Son lugares que se presentan tal como son, resistentes a las continuas remodelaciones en las que otros han caído, estos locales parecen impasibles al paso del tiempo”.

Como señala la periodista Felisa Pinto desde el prólogo de Locales: “Las fotos de Sancricca hablan de esas atmósferas y maneras cultivadas, muy lejos de la vida actual en shoppings y supermercados, esos templos helados del consumo. Sus imágenes provocan el placer genuino de saborear helados artesanales, elegir bombones elaborados con recetas intactas y envasados en cajas de los ’50, dormir entre sábanas pulcras. O elegir hobbies no necesariamente digitales. Y a retomar el gusto por la moda femenina y masculina y el calzado icónico de los años ’50, hoy bien cotizados como vintage, como también sería la bijouterie, calificada como “fantasía” en épocas pasadas; al elegir broches, aros o algún coqueto sombrero cloché evocativo de los años ’30 en algún local que persevera aún en el rubro “para damas”.

¿Cómo bocetaste el proyecto que documenta locales anacrónicos de Buenos Aires?

–Me acerqué a estos lugares de una forma más bien intuitiva, simplemente porque me generaban una gran atracción. Entonces empecé a utilizarlos como locaciones o escenarios para mis fotos de moda o mis retratos de músicos y de artistas. Así comencé a interesarme por las personas que los habitaban. En el proceso de visitarlos y observarlos se me hacía cada vez más evidente que las personas y sus locales eran una misma cosa. Todavía me sorprende mirar las fotos y encontrar coincidencias entre cómo están vestidos y los colores del lugar, o las texturas, o algo en sus rasgos que replican de alguna forma algo del espacio.

¿Cuál fue la premisa inicial y cuánto tiempo demandó la investigación?

–La premisa fue registrar locales de la ciudad que datan de diversas épocas y se mantuvieran intactos desde sus inicios. Hay algunos de principios de siglo, o incluso anteriores, y otros de los años ’80. La investigación demandó cinco años desde que saqué la primera foto de la serie, hasta que se convirtió en un libro.

¿Qué estilos arquitectónicos se reflejan en sus páginas?

–Los estilos arquitectónicos son muy variados. De alguna forma reflejan esa heterogeneidad y eclecticismo que define a Buenos Aires. Hay locales en edificios de típica arquitectura francesa de principios del siglo XX como Belgiorno y Sedas Carlos, locales de barrio que se ubicaron en las construcciones italianas tipo ph –Luca, Los angelitos, Anconetani, o en edificios racionalistas. Muchos, en construcciones de los años ’50 y ’60: Beco, Pazos, Río o Florida Garden, y otros en edificios de arquitectura moderna, como es el caso de Casa Vázquez, que estuvo situada en Paraguay y Suipacha, en el edificio de ateliers para artistas ideado por Antonio Bonet en 1938.

¿Hiciste hincapié en las historias de cada casa y los perfiles de sus fundadores?

–Hay muchas historias y muy particulares, que me fueron contando a medida que fui conociéndolos. En muchos casos fueron necesarias varias visitas para generar un vínculo y una confianza que habilitara un contexto para hacer las fotos. Esas historias no están en el libro de forma literal, pero creo que de alguna manera son una parte esencial de las imágenes.

www.facebook.com/proyectolocales

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