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Viernes, 6 de marzo de 2015

VISTO Y LEIDO

De la vigilia y el sueño

Dos nuevos poemarios de Bajo la luna: Paisaje alrededor de Paula Jiménez España y El sueño de ellas de Locas Soares.

 Por Malena Rey

”El poema es una naturaleza creada por el poeta. Leer un poema debería ser una experiencia, como experimentar una acción”, dijo Wallace Stevens, y sus palabras ayudan a desentrañar el sentido de Paisaje alrededor, el nuevo poemario de Paula Jiménez España, dedicado, esta vez, a hacer una lectura del espacio, a intervenir en la naturaleza, como si levantara la cabeza y le diera palabra a eso que sucede alrededor. La seguidilla de poemas hace pie, como su nombre lo indica, en el paisaje: cada uno de los textos lleva por título un lugar nuevo, que lo mismo puede estar cerca del mar (“Costa azul”, “Mediterráneo”, “Costa argentina”, “Playa nudista”), o pertenecer a otra geografía igualmente compleja (“Salar”, “Río Negro”, “Guayaquil”, “Esteros del Iberá”). La poeta, como una topógrafa, limita el terreno, lo presenta con pinceladas, pero para decirse en ellos, para dar cuenta de esa experiencia de apropiación momentánea y de comunión propia de los viajes. En estos poemas, la memoria de los sentidos parece estar a flor de piel: las piedras se mimetizan con los peces, las luces con las pieles, la nieve con la sal; la distancia y el trayecto generan una fascinación que destella en los versos, y que hacen que se pueda hablar de las olas o de los cambios en las nubes como si se las viera por primera vez. Pero también están los otros, y las otras, la estrechez de los cuerpos, la belleza del amor itinerante entre mujeres que tienen ante sí la inmensidad del mundo: “No estamos solas,/ ni siquiera este día/ en un hotel en el confín del mundo”, dice en “Punta Norte”, parte del largo y sinuoso poema “Derrumbe”. De todas estas rutas y caminos habitados por la voz, desentrañados a través de la poesía, se destaca el bello “El Huaico”, dedicado a la poeta feminista neuquina Macky Corbalán, que murió en septiembre. Al terminar de leer Paisaje alrededor, permanece el efecto que describe Marcel Proust en el epígrafe del volumen, donde cuenta que ante los campanarios de Martinville debió pedir papel y lápiz y ponerse a escribir, a pesar de los vaivenes del coche en el que iba, entusiasmado por lo que estaba sintiendo. Ese efecto de transcripción de sensaciones, del poema como el que deja por sentado el paso de la poeta, es acá más fuerte que cualquier postal de viaje.

Este no es el único poemario de reciente aparición en la editorial Bajo La Luna. También acaba de publicarse El sueño de ellas, quinto libro de versos de Lucas Soares, dividido en tres partes, llamadas con nombre de mujer: “Noe”, “Pola”, “Li”. ¿Quiénes son ellas? Una suerte de motivos, de voces a partir de las cuales Soares trabaja en versos breves, apropiándose de sus sueños, de sus ensoñaciones diurnas y nocturnas. Y así van apareciendo entonces los pulsos alterados de los sueños recurrentes, sus cruces inesperados, el feliz ensanchamiento de las posibilidades de la realidad. El tiempo se trastrueca, los roles cambian como cambian los caprichos del inconsciente: “eras el padre de mi hija/ entraban juntos al mar/ de la mano, pero también/ era yo de vieja/ abrazada a vos/ saltando la ola/ para no mojarme”. El sueño y el poema como dos entidades en donde tiene lugar el deseo –incluso el reprimido–, como dos espacios habilitados para hacer aparecer ahí el miedo, el pasado, el sexo, donde las afirmaciones duran lo que tardamos en despertar, aunque sus efectos perduren, y hasta se transformen en versos: “fiesta en un gran salón/ evidentemente yo era lesbiana/ porque de a una se me empezaban a acercar/ mujeres de todas las edades/ que me llevaban de la mano a un cuarto/ hasta que ya nadie sabía/ lo que podía un cuerpo”. Felices intercambios entre el yo lírico de Soares y las mujeres que lo habitan.

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