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Jueves, 2 de abril de 2015

CINE

El infierno son lxs otrxs

La mujer que sigue pidiendo pista para el disfrute aún siendo abuela, en Party girl, el film estrella del ciclo Les Avant-Premières, el festival que adelanta gran parte del cine francés que se podrá ver en el año.

 Por Dolores Curia

Angélique, la protagonista de Party Girl, encastra en una genealogía de personajes femeninos de la noche que en algún momento quedan ante la encrucijada: apartarse del camino del trasnoche o seguir bailando hasta que las luces delatoras lleguen para empujar hacia la salida. Con ese título, podría esperarse encontrar en Party girl un personaje guionado por Lena Dunham (Girls): joven, soltera, partuzera y con la cara contra la pared que en algún momento le impone la adultez. Pero no es el caso. La protagonista aquí tiene más de 60. Y unos 60 a los que ha llegado, no después de años de peeling y pilates, sino después de años de gira. Es abuela, no de las que tejen escarpines, sino de las que quieren divertirse. La película está dirigida por Marie Amachoukeli, Claire Burger y Samuel Theis, y es la estrella de la sesión Femme de Les Avant - Premières, el festival que adelanta gran parte del cine francés que se irá estrenando en la cartelera porteña a lo largo del año.

Party girl es una historia autobiográfica, inspirada en la madre de Theis, unx de los tres directorxs. La dueña de esta historia verdadera se llama Angélique Litzenburger, actúa de sí misma y conserva su nombre de pila. También actúan el codirector, Samuel Theis, y sus hermanos, interpretando a los hijos de la protagonista. Angélique ha vivido su vida adulta trabajando en cabarets. Pero ya no se dedica al baile del caño sino a interactuar con los viejos mirones en la penumbra. De repente, es sorprendida por uno de los clientes, que se enamora de ella (aunque ella no está tan segura de acompañarlo en el sentimiento): un minero retirado que velozmente sugiere matrimonio. Acepta, aunque ella misma es muy consciente de que le gusta andar suelta.

Angélique tiene una hija casada con la que come pastas los domingos. Otro hijo que es un introvertido guardia de seguridad. Otra adolescente de la que le sacaron la tenencia en circunstancias que no conocemos. Y un cuarto, interpretado por Theis, que hace de sí mismo. Es gracioso que el codirector se haya reservado para sí el papel del hijo comprensivo y triunfador en los términos del chic urbano –carilindo, progre, con suficiente dinero para vivir en el centro de París–. El reencuentro de Angélique con la hija que ya no está bajo su cuidado parece ponerla frente a una idea de maternidad para la que hay que rendir examen. La madre adoptiva contrasta con la biológica (tiene una casa enorme, en un barrio apacible, una cara sin maquillaje y una presencia asexuada).

No importan los sutiles, y tal vez bienintencionados, discursos pedagógicos que lxs otrxs le deslizan a Angélique: que aproveche ahora que puede encauzar su vida. Aunque se casa y se va a vivir a con el minero, sabemos que Angélique no está para cambiar el top de lamé por el camisón, ni para barrer la cocina en bata de algodón. Y hasta su flamante y osuno marido lo dice.

Party girl no tiene el tono empalagoso de Desayuno en Tiffany’s (1958). Ni un desenlace como el de Butterfield 8 (1960): Elizabeth Taylor allí es una fiestera que paga con la muerte repentina el querer redimirse (en un mismo accidente Hollywood lavaba también la imagen de la Taylor de verdad), al enamorarse de un hombre casado y “romper un hogar”. Por algo el título se tradujo como Una mujer marcada. Tampoco esta party girl es la prostituta de Dios se lo pague (Amadori, 1946) que, en efecto, paga sus culpas enganchándose con un vagabundo que, oh sorpresa, ¡era millonario! y que la lleva derechito a la Iglesia. El final de Party girl es liberador (es obvio que no puede bajar las mismas líneas que sus predecesoras, que quedaron tantas décadas atrás) pero igual deja en la boca algo agrio, la sensación de haber estado frente a una advertencia disimulada: familia y fiesta no son compatibles. Esa idea, algo conservadora, algo obtusa, de que en la vida siempre pero siempre hay que elegir.

Les Avant - Premières. Del 9 al 15 de abril , en Cinemark Palermo. Cronograma: www.cinefrances.com

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