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Viernes, 1 de diciembre de 2006

INUTILíSIMO

Beber en verano con sed natural

Nunca se insistirá lo suficiente sobre la importancia del agua en la vida del organismo humano: a ese líquido elemento, nos recuerda el semanario Femirama (Enciclopedia Femenina, 17-12-1963), le incumbe la misión de regular la temperatura del cuerpo (que contiene aproximadamente el 60 por ciento de agua), distribuir los principios nutritivos a todos los tejidos y eliminar los residuos. Cada día expelemos más de dos litros de agua, pero esta pérdida se compensa con la ingesta, puesto que “nuestro propio organismo nos va señalando la necesidad del precioso líquido mediante el estímulo de la sed”.

Por supuesto que el agua que incorporamos a diario se encuentra también en los alimentos, es decir, “bebemos cuando comemos”, nos tranquiliza Femirama en el artículo “Qué beber y cuándo”. El consumo de manjares muy condimentados o picantes puede resultar un estímulo para tomar agua, pero ojo, que “se trata de un fenómeno pasajero y no de verdadera (?) sed”. Por otra parte, cuando después de una comida demasiado abundante o tomada aprisa experimentamos deseos de beber, “se trata de un mecanismo de defensa del organismo, que pide un suplemento de agua para llevar a cabo una digestión que se presenta trabajosa”. Entonces, aconseja Femirama, “hay que comer alimentos no muy picantes ni muy salados, y ensalivándolos muy bien”: el mejor sistema para evitar esa sed no natural.

Ahora que estamos al borde de la canícula, “una regla importantísima a seguir, cuando la sed se vuelve imperiosa, es la de evitar las bebidas demasiado frías respecto de la temperatura del cuerpo”. Tal como lo leen, porque cuando una está acalorada, la sangre circula en mayor cantidad en la zona cutánea y beber un líquido glacial significa atraerla instantáneamente desde la periferia al estómago, con lo cual, “el tumultuoso fluir de la sangre puede causar peligrosas congestiones”. Por lo tanto, no escanciemos bebidas gélidas e incorporémoslas de a pequeños y pausados sorbos, controlando la ansiedad.

Deben saber ustedes que la sed es una sensación que radica esencialmente en la mucosa lingual “y conseguir su ligera congestión con bebidas tibias (sic) o simplemente con buches o colutorios (sic) puede ser la mejor forma de hacerla desaparecer”. Siempre y cuando, obvio es señalarlo, el equilibrio acuoso del organismo esté a salvo dentro de los límites normales.

¿Qué se puede beber cuando el calor aprieta? Las gaseosas gratifican porque el anhídrido carbónico del gas da al paladar una sensación agradable, pero no tienen ningún poder especial contra la sed. Los jugos de frutas alivian y suman la ventaja de que alimentan, y lo mismo cabe decir de la leche. Asimismo, “un aperitivo sin alcohol o de baja graduación puede permitirse para despertar el aparato digestivo, aletargado por el calor, y estimular el apetito”. La cerveza, sin excesos, también es admitida por Femirama, así como el vino de poco cuerpo en cantidad moderada. Eso sí, “hay que descartar completamente todos los licores, ya que contienen elevadas cantidades de alcohol y no extinguen la sed sino que la provocan, irritan la mucosa gástrica y pueden ser poderosos productores de calor, contribuyendo de este modo a aumentar la desazón causada por la alta temperatura veraniega”.

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