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Viernes, 27 de mayo de 2005

MONDO FISHON

Se te ve la tanga

Así dice una de esas creaciones de la cumbia villera en la voz de su pionero, Pablo Lezcano, a Laura se le veía la tanga y el muchacho sin demasiada imaginación pero con una capacidad descriptiva envidiable se jactaba de que el descuido jugase a ¿su favor? Todo porque Pablito no sale del Tropitango, que si lo hiciera se daría cuenta de que la tanga, el bombachudo o cualquier otra prenda destinada a guardar las partes de las chicas es ahora un elemento ornamental tan valioso como lo que se pone por encima de ella. Teniendo en cuenta que valioso quiere decir que está destinado/a a lucirse tanto como el pantalón o la remera o cualquier otro accesorio. Es así que los elásticos de bombacha, vergonzantes en otras épocas, causal de múltiples chanzas allá lejos y hace tiempo, ahora tienen que verse. Sobre todo si una es adolescente –no es el caso de quien escribe, no hace falta que frunza la nariz– y le cabe cierto estilo a medio camino entre el hardcore, el grunge y el rock chabón, que por estas pampas suele confundirse sin remedio. Hasta ahí un simple detalle, lástima que haya creativos con tan pocas luces como para estampar sobre bombachas para adolescentes leyendas tales como “putita”, “sex adict” o “boluda total”. Tal es la denuncia de una lectora que encontró las prendas íntimas en una galería comercial de San Isidro, en un local de mochilas y remeras y perdió de inmediato el sueño y quedó formulándose preguntas que también nos hacemos: ¿Quiénes serán los que las fabrican? ¿Quiénes las exhiben como una gracia? ¿No hay nadie que se rescate? No es cuestión de falsos pudores, pero, chicas, sepan que no hace falta apropiarse de tooodooo lo que nos endilgan para quitarle sentido a las palabras peyorativas. ¿Está bueno que tu bombacha diga puta? ¿A quién le divierte? ¿No tendremos la autoestima un poco baja? ¿O será que a los muchachos que imprimen las bombachas no se les ocurre una idea mejor? Qué vamos a hacer, muchos y muchas de los que fueron considerados transgresores usaron su cuerpo como soporte para denunciar o señalar el agobio de las imposiciones sociales. Pero cuando eso se compra en un local de San Isidro, cuidado, probablemente sólo se le esté dando el gusto a un par de personas que saben mucho de amores con la propia mano, por decirlo de una manera elegante. Qué vamos a hacer, bombachas eran las de antes.

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