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Viernes, 25 de noviembre de 2005

FEMINICIDIOS

La devaluación de la vida

 Por Alejandra Dandan

Escucharon el fallo la semana pasada cuando los jueces de la Cámara Sexta del Crimen de Córdoba daban por terminado el proceso por homicidio contra Hugo García. Había empezado el 20 de mayo de 2003 cuando la policía encontró enterrado en el patio de su casa el cuerpo de Rosa Andrea Machado, una trabajadora sexual de la capital cordobesa. Durante el largo mes que estuvieron buscándola, sus hermanas recorrieron varias comisarías: “Debe estar de caravana”, les decían. “Esperen que seguro ya va a volver.” Rosa Andrea no regresó. Hugo García fue absuelto.

La semana pasada concluyó el juicio oral. A pesar de que el fiscal pidió 25 años de prisión, la Cámara inexplicablemente lo absolvió. El miércoles próximo se leerán los fundamentos del fallo, para ese día las trabajadoras sexuales de Córdoba nucleadas en Ammar convocaron a una gran movilización.

Andrea vivía en el barrio 1º de Mayo, una de las zonas más pobres de la capital. Hacía dos o tres años se había sumado a la calle, a ese espacio en el que los cuerpos se ofrecen en medio de la presión policial, detenciones, desidia y, en ocasiones, una serie de abusos que llegan hasta la muerte. Cuando Andrea desapareció, tenía 25 años y tres hijos para criar.

“Para las hermanas fue desesperante”, dice Eugenia Aravena, secretaria general de la filial Córdoba de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas ( Ammar) en diálogo con Las/12. “Salieron a buscarla por todos lados, pero en los precintos policiales del barrio no las querían atender.” La policía se negó a tomarles la exposición de la denuncia porque consideraban que Rosa estaba desaparecida por voluntad propia. Las hermanas de Andrea sin experiencia gremial ni contacto con Ammar constataban en ese momento aquello que Aravena ubica como parte de una lógica estructural y repetida: la ineficiencia o la indolencia del sistema policial.

El cuerpo de Andrea se encontró el 20 de mayo de 2003, enterrado en el patio de García –un hombre condenado por golpes y abusos sobre su hija de trece años– a veinte o veinticinco centímetros de la superficie. Las muestras de ADN determinaron la identidad del cadáver de Andrea, lo mismo sucedió con el análisis de los rastros de sangre hallados en un colchón de la casa marcado por el tajo de un cuchillo. Pero hubo pruebas que se pasaron por alto: la policía levantó del piso el cuerpo de Rosa Andrea con una pala.

¿Alguna explicación razonable para la absolución de García? La defensa presentó el caso como el eventual suicidio de una madre desahuciada. Y mostró el entierro como un posible gesto de humanidad del dueño de casa hacia una pobre mujer. ¿Alguna (otra) explicación razonable?

“Este es sólo un ejemplo, un caso más”, dice la secretaria general de Ammar Córdoba mientras piensa no sólo en el caso de Andrea sino en el resto de las muertes; en los otro cinco casos de trabajadoras sexuales que aparecieron muertas en los alrededores de la capital de Córdoba desde 1998 en adelante y cuyos casos nadie investigó.

¿Alguna(s) (otras) razón(es)? “Pienso que pudieron haber absuelto a García porque existía una demanda contra el Estado (que habían presentado las hermanas de Machado por omisión, impericia y desviación de la prueba por parte del personal policial)”, agrega la secretaría de Ammar. Si la Justicia daba por válida la responsabilidad de García en el homicidio, cree, también debía admitir la impericia, la desviación de pruebas y el resto de las acusaciones contra la policía y la Justicia.¿Hay más? Andrea tenía todas las de perder: mujer, pobre, y encima trabajadora sexual, dicen sus compañeras. Por eso la marcha del próximo 30 de noviembre.

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