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Viernes, 9 de octubre de 2009

“Me caen pesimo algunos personajes mediaticos que hacen una adulacion al cafishio”

 Por Beto Casella *

Yo debuté pagando. Tenía unos 15 años y, más que una urgencia hormonal, me llevó esa tácita obligatoriedad entre los muchachos, según la cual uno es más piola cuanto más temprano descubre el sexo. Fue la primera y última vez que recurrí al sexo pago en mi vida. No disfruté aquella vez, en un cuartito oscuro de Morón, y creo que no hubiera disfrutado en un segundo intento, cualquiera fuera la edad que haya tenido.

Personalmente, soy de quienes no podrían disfrutar de un momento de intimidad con una mujer si no nos convoca cierta reciprocidad. No juzgo a quienes recurren a eso; hay quienes se les hace complicada la conquista, por tímidos o porque tienen problemas para vincularse. Y hay quienes recurren a una mujer tarifada solamente para sentirse acompañados por un rato, muertos de soledad como están. Reconozco que me caen pésimo algunos personajes mediáticos (conductores, coconductores, panelistas y figuretis televisivos) que hacen un culto del canchero porque “de acá nos vamos a Cocodrilo”, llegando incluso al tupé de la adulación barata para algunos cafishios berretas.

Creo que, en países como el nuestro, la prostitución es uno de los colmos de la miseria. No descubro nada: vender el cuerpo para tener qué comer esa misma noche, suele ser –más que una decisión personal– una muestra clara de pobreza estructural, de falta de oportunidades, de inequidad, de Estado ausente. No por nada, esa cosa espantosa a la que llaman “turismo sexual” tiene como principal destino esta parte del mundo.

No hay por qué ser optimistas, en un país en el que muchos policías suelen actuar como oscuros gigolós: donde la televisión muestra casos de pedofilia, sin que ningún fiscal actúe, al menos, de oficio; donde el diario de mayor circulación ofrece todos los días seis o siete páginas de ofertas sin que nadie se espante. En los informes periodísticos, casi todas las trabajadoras sexuales suelen coincidir en que, si pudieran, dejarían inmediatamente ese oficio para dedicarse a otra cosa. No hay por qué no creerles. Al menos, mientras no les ofrezcamos oportunidades para cambiar de vida.

* Periodista y conductor de radio y televisión.

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