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Lunes, 16 de mayo de 2005

FúTBOL › POSEE EL 48 POR CIENTO DE LAS ACCIONES DE LA GERENCIADORA DEL CLUB

El verdadero dueño de Racing

Se llama Mohammed Hussein al Amoudi, es un jeque etíope que amasó 1500 millones de dólares y que, con una compañía afincada en un paraíso fiscal, posee la mayoría de las acciones de Blanquiceleste SA, junto a otra sociedad anónima radicada en Europa. Ahora está en la mira de la Inspección General de Justicia (IGJ) porque no cumplió con trámites indispensables para funcionar en la Argentina.

 Por Gustavo Veiga

Dos compañías extranjeras con sede en paraísos fiscales tienen la mayoría de las acciones de Blanquiceleste SA, la empresa que gerencia Racing. Al frente de una de ellas, Elmtree Investment Company Limited, registrada en las islas Vírgenes británicas, se encuentra el jeque Mohammed Hussein al Amoudi, un etíope multimillonario cuya renta principal proviene del petróleo. La otra es una sociedad denominada Bergo Anstalt, inscripta en Liechtenstein y que, al 12 de abril de 2004, capitalizó 4.132.352 dólares en acciones privilegiadas de la SA que preside el empresario Fernando Marín. Líbero accedió a detalles exclusivos de los socios más importantes de la firma que controla el club de Avellaneda y que ahora están en la mira de la Inspección General de Justicia (IGJ) porque no cumplieron con trámites indispensables para funcionar en la Argentina. Elmtree nunca terminó de inscribirse en la IGJ y Bergo no respondió a dos intimaciones del organismo que depende del Ministerio de Justicia para presentar documentación clave. Esta es la historia desconocida de Blanquiceleste que, según su último balance presentado al 31 de mayo del año pasado, tenía un pasivo de 74.448.631,30 pesos.
Quienes siguen a Racing conocen al titular de la sociedad anónima que administra su fútbol, acaso a sus socios minoritarios que residen en el país, pero nunca habían oído hablar de los accionistas del exterior. Esta investigación se inició con la idea de verificar si Diego Simeone, el jugador más famoso del equipo, también llegó al club como inversor de Blanquiceleste y se topó con capitalistas como Al Amoudi, quien a mediados del 2003 poseía 14.400 acciones de la gerenciadora sobre un total de 30 mil. Marín, en cambio, tendría apenas 6998.
El directorio de Elmtree, además del jeque, lo integran dos hombres de origen árabe cuyos apellidos son Bajarai y Mohammed. Esta off-shore también tiene un representante en la conducción de Blanquiceleste: Karim Karaman, uno de sus directores. Las autoridades al 31 de mayo de 2004 se completaban con Marín, el vicepresidente Fernando Enrique De Tomasso, los directores restantes François Meynot y Jorge Silva, y sus suplentes, Anabella Cento y Ana Paula González Alzaga. Los datos no están actualizados a este año porque la SA todavía no cerró su último ejercicio.
Elmtree, que inició el trámite de inscripción en la IGJ el 26 de junio de 2002 con el número de expediente 1.708.668 y nunca lo finalizó, nombró como apoderado en la Argentina al asesor legal de Blanquiceleste, José Gerardo Palacios Hardy, quien luego delegó ese poder en Diego Palacios Hardy. La compañía de las islas Vírgenes fue creada allí el 12 de noviembre de 1992 y su dirección es Todman Building, Main Street, P.O. Box 3140, Road Town, Tortola.
En la Inspección General de Justicia se investiga por qué la off-shore participa de Blanquiceleste cuando no figura en sus registros como inscripta. “No podría ser parte de la empresa que gerencia Racing...”, sostuvo una fuente del área contable. Lo llamativo es que Marín informó sobre la presencia inalterable de Elmtree desde que él se hizo cargo del club (ver aparte). Esto lo prueba el acta de la asamblea extraordinaria de Blanquiceleste efectuada el 12 de abril de 2004, donde se aumentó el capital social de la SA hasta 260.500 pesos.
En el orden del día se afirma que “en lo referente a la renegociación de las deudas financieras, no se han registrado todavía sensibles progresos con Elmtree Investment Company Limited, aunque las conversaciones entre las partes continúan desarrollándose a buen ritmo”. Un indicio más de que la off-shore opera sin autorización, pese a que en principio había aprobado un examen de precalificación el 17 de julio de 2002. Sin embargo, “nunca se terminó de inscribir”, sostuvo una inspectora del área de sociedades extranjeras que funciona en la IGJ. La razón de por qué no lo hizo es un misterio que ahora intentará develar el organismo que encabeza el doctor Ricardo Nissen.

Al Amoudi, el billonario:

Su fortuna se calcula en 1500 millones de dólares. Mohammed Hussein al Amoudi nació en Weldia, Etiopía, hace 58 años. En 1965 emigró a Arabia Saudita y se hizo ciudadano de ese país, una condición que, tras el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, se convirtió para el jeque en un salvavidas de plomo, porque le significó más de una acusación como presunto financista de la red Al Qaida de Bin Laden, el enemigo público número uno de los Estados Unidos. No obstante, salió ileso de las investigaciones preliminares que lo incriminaban y hasta querelló a varios medios norteamericanos que lo denunciaron y luego se vieron obligados a publicar sus retractaciones.
¿Cómo pudo un personaje de semejante poder económico reparar en Blanquiceleste? Alguien, no sin ingenuidad, diría que influyó su amor por el fútbol. Al Amoudi, quien entre otras compañías dispersas por el mundo, controla la más importante petrolera sueca, Preem Petroleum AB, fue condecorado el 23 de septiembre de 2004 por Joseph Blatter, el presidente de la FIFA. El dirigente le entregó la Orden del Mérito por su labor a favor del fútbol etíope, distinción que no sólo fue apoyada por la federación de su país; también acompañaron la idea Kenia, Sudán, Uganda y Ruanda.
En Etiopía, el socio más poderoso de Blanquiceleste es reverenciado como un benefactor de las gestas deportivas. Sin su respaldo, sostiene el presidente de la federación local, Ashebir Woldegiorgis, la selección Sub-20 nunca hubiera jugado el mundial de la categoría que se disputó durante el 2001 en la Argentina. Al Amoudi también financia a la Federación de Deportes Etíope en Norteamérica, que promueve el fútbol amateur y eventos culturales entre la comunidad de esa nación africana residente en EE.UU. Se embarcó en la construcción de un estadio para 60 mil personas en Addis Abeba, la capital de su país, a un costo estimado de entre 6 y 7 millones de dólares, sostiene ENA, la agencia de noticias etíope.
El jeque amasó la fortuna que le permite hacer este tipo de obras con otras obras. Inicialmente se dedicaba al negocio de la construcción, aunque se diversificó tanto que controla compañías de petróleo, turismo, bancos, industrias del acero, cuero y agro, plantaciones de café y de té, y bebidas cola. Es el empresario más poderoso de su país y hasta planea construir una especie de villa olímpica para los atletas oriundos de su tierra.
Karim Karaman, un libanés que reside en Londres y figura como director de Blanquiceleste al 31 de mayo de 2004, es uno de los hombres de confianza de Al Amoudi. Integra la conducción de Elmtree y forma parte del staff de ejecutivos de la petrolera sueca. Su historia argentina tiene un costado curioso. Y es que la IGJ comprobó que una de las irregularidades de la off-shore con sede en islas Vírgenes tuvo que ver con un poder suyo que estaba vencido. Cuando se le concedió una prórroga para actualizarlo, “nunca contestó”, sostuvo una abogada que cuestionó el expediente. Por eso, la compañía corre el riesgo de que se le prohíba continuar como socia de Blanquiceleste. Y sobre todo si se comprueba que votó en alguna de las asambleas de la gerenciadora que controla la Academia.

De Liechtenstein a Avellaneda:

El 12 de abril de 2004, la empresa fantasma Bergo Anstalt suscribió acciones de Blanquiceleste por 4.132.352 dólares que, al tipo de cambio en esa fecha, ascendían a 11.405.291,52 pesos. De ese modo, la compañía con sede en Liechtenstein que tiene fuertes intereses en la Patagonia –en la época que gobernaba Río Negro el radical Horacio Massaccesi demandó a esa provincia por 5 millones de dólares– capitalizó los créditos que debía cobrarle a la gerenciadora de Racing con acciones que contaban con “prioridad absoluta, tanto en la distribución de dividendos cuanto para el reembolso del capital, tanto en el caso de liquidación de la sociedad como de venta de las acciones de Blanquiceleste SA...”. Bergo Anstalt, que para la IGJ funcionaría en el país de modo tan irregular como Elmtree, tiene en el pequeño principado europeo dos directores que responden a los nombres de Norbert Marxer y Jürg Zoller. Su representante aquí se llama Raúl Oscar Marsden, cuya dirección es Posadas 1429. La firma está asociada a cuatro compañías argentinas: se trata de Alcalis de la Patagonia SA, Alianza Petrolera Argentina SA, Distribuidora Química SA e Industrias Alimenticias Argentinas SA. Esta última tiene su planta en el Parque Industrial de Pilar desde 1998 y es la número uno en la fabricación de pizzas congeladas, con el 80 por ciento del mercado.
Si el más nuevo de los accionistas de Blanquiceleste no cumple con la resolución Nº 7 de la Inspección General de Justicia sobre empresas extranjeras –esta semana se le cursará una última intimación para que lo haga–, podría quitársele la autorización para funcionar en la Argentina y las consecuencias para sus asociadas serían imposibles de prever. Por añadidura, el club gerenciado más importante del país se vería en dificultades y, sobre todo, si se denuncian las irregularidades mencionadas ante la Justicia.
Fernando Marín, quien fue consultado para esta nota, sugirió como al pasar que sus socios eran perfectamente identificables. Podría afirmarse con rima futbolera: aquí están, éstos son... No se trata de muchachos del tablón sino de financistas que tienen nombre y apellido, en paraísos fiscales que quedan a miles de kilómetros de Avellaneda.

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