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Lunes, 6 de octubre de 2014

FúTBOL › A BOCA SE LE ESCURRIó DE ENTRE LOS DEDOS UNA VICTORIA EN EL MONUMENTAL QUE PUDO SER HEROICA

Mano a mano, dibujaron un clásico diferente

Magallán y Pezzella, uno en cada tiempo, marcaron los goles de un superclásico muy intenso, caliente y emotivo, jugado con mucha entrega bajo un diluvio, en una cancha imposible. El terreno perjudicó más a River y los errores del árbitro Vigliano dañaron más a Boca.

 Por Juan José Panno

La mano venía así:

River, puntero con 21 puntos, y Boca, del medio para abajo, con 13 puntos.

River, 21 goles a favor y 5 en contra y Boca, 9 goles a favor y 11 en contra.

River con 33 clásicos jugados por los 11 titulares y Boca, con poco más de la mitad, 17 clásicos.

En las tribunas, 60 mil fervorosos hinchas de River y un par de centenares de silenciosos hinchas de Boca camuflados.

Y como la mano venía así, no faltaban los que la abrían para pronosticar un resultado de catástrofe.

Pero nada de eso pasó, en principio por las manos de San Pedro que abrieron los grifos para el diluvio, y por el pulgar de Mauro Vigliano que se levantó un par de veces para dejarle claro que se jugaba el partido en un campo de juego pasado por agua, verdaderamente injugable. La lluvia y Vigliano le dieron una manito enorme a Boca, como suele pasar siempre con los equipos menos dotados, frente a cualquier irregularidad en las condiciones del campo de juego.

Lo más curioso es que, al cabo de los 90 minutos, los de Boca se quedaron con cierta sensación de amargura porque River empató en el último tramo del clásico y porque fueron claramente perjudicados por el doble error del árbitro que cobró un penal inexistente y encima expulsó mal a Gago, dado que no se trataba de último recurso ante una manifiesta situación de gol.

El remate de Rojas iba hacia el arco, Gago despejó con la cabeza y detrás de él había otros compañeros, que podían haber salvado el remate. No era penal ni expulsión. Como decían en el barrio, hace mucho tiempo, “la mula se reconoció” cuando Mora pateó desde los 12 pasos más cerca del cielo que del arco de Orion, pero Boca debió jugar todo un tiempo con un jugador menos y ésa es una clave fundamental para entender el partido, si es que se lo puede llamar así.

Cuando Mora malogró el penal (lo pateó porque se tenía fe y postergó a Teo Gutiérrez y Pisculichi, los otros candidatos), Boca ganaba 1-0, con un acierto de Magallán en una jugada de pelota parada sobre la mitad del período inicial, dando razón a quienes sospechaban de que con la cancha en las condiciones en las que estaban las mayores posibilidades de gol iban a surgir de jugadas de balón detenido.

Boca se fue al descanso con un gol en el bolsillo, con el mérito de haberse adaptado un poco mejor a la cancha (defensores y volantes tenían claro que más que tocar había que buscar por arriba a Chávez y Calleri), con un jugador menos y con la excusa perfecta para poder reventar la pelota sin que nadie pudiera levantarle un dedo acusador.

Tras el entretiempo, Gallardo mandó a la cancha al pibe Boyé en lugar de a Vangioni (que se había manejado muy bien en el agua) y Arruabarrena metió a Insúa por Carrizo, que había pasado inadvertido, a contramano de lo que se suponía, eso de que iba a sacar a uno de los delanteros.

Y en el segundo período se dio lo previsible: River al ataque. Boca, cada vez más atrás, haciendo tiempo en cada saque de arco o en cada lateral, esperando que se terminara de concretar la inesperada victoria. De a ratos a los jugadores de River los traicionaba el recuerdo de lo bien que les ha ido en este campeonato con el toque y la triangulación, y jugaban a ras del piso facilitando en casi todos los casos la tarea defensiva de Boca. De a ratos escuchaban al técnico que les pedía que mandaran la pelota al área, sin demoras.

Para indicarles el camino a sus jugadores el DT de River metió en la cancha a Pezzella, un defensor que cabecea bien, como punta de lanza. Y justamente Pezzella terminó metiendo el gol salvador. Cuando a Boca mejor le quedaba la ropa de equipo heroico que sabe defenderse con uñas y dientes; cuando Chávez seguía acumulando méritos para convertirse en una de las figuras por lo bien que defendía la pelota para mantenerla lejos de Orion; cuando la dupla Magallán-Echeverría empezaban a meterse en los bolsillos a todos los hinchas que no creían en ellos; cuando Orion apuntaba para otro puntaje ideal, a Boca se le escurrió la victoria de entre los dedos. Funes Mori metió un centro al medio del área. Pezzella cabeceó muy bien, Orion defendió mal (se le escapó la pelota) y el mismo Pezzella la empujó a la red.

Con el empate en la mano, Pezzella se tiró más atrás y en los minutos finales los dos equipos tuvieron ocasiones para concretar, pero el empate no se quebró.

Conformes quedaron, finalmente, con el 1-1 en un partido al que sólo se lo puede elogiar por las ganas, la entrega y la voluntad de los dos. También en eso quedaron mano a mano.


Estadio: River.

Arbitro: Mauro Vigliano.

Goles: 22 m, Magallán (B); 78 m, Pezzella (R).

Cambios: 46 m, Boyé (5) por Vangioni (R) e Insúa (5) por Carrizo (B), 73 m, Fuenzalida por Calleri (B), 75 m, Solari por Pisculichi y Pezzella por Sánchez (R), 79 m, C. Pérez por Colazo (B).

Incidencias: 40 m, expulsado Gago (B); 42 m, Mora (R) erró un penal; 83 m, expulsado F. Mori (R).

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Germán Pezzella, que había ingresado para conectar algún cabezazo en el área de Boca, lo logró y con la ayuda de Orion marcó el gol del empate final.
 
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