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Lunes, 23 de abril de 2012

CONTRATAPA › DIáLOGO CON RAFAEL NADAL TRAS SU VICTORIA SOBRE DJOKOVIC EN MONTECARLO

“No voy a decir jamás que soy el mejor, no soy tan arrogante”

El español obtuvo ayer por octava vez consecutiva el torneo del Principado de Mónaco y sumó veinte títulos en Masters 1000, superando por uno al suizo Roger Federer. Además, cortó una racha negativa de siete derrotas en finales al hilo ante el número uno.

 Por Sebastián Fest

Desde Montecarlo

El debate resurge cada vez que suma un nuevo hito a su imponente carrera en el tenis sobre polvo de ladrillo, pero el español Rafael Nadal tiene claro que sus labios están sellados: jamás se lo escuchará decir que es el mejor de la historia en la superficie. “No voy a decir jamás que soy el mejor de la historia, porque no soy tan arrogante como para decir esto”, dijo el número dos del tenis mundial en diálogo con la agencia dpa tras conquistar por octava vez consecutiva el torneo de Montecarlo y poner fin a su racha de siete finales al hilo perdidas con el serbio Novak Djokovic, a quien venció por 6-3 y 6-1. Ningún tenista en la historia sumó ocho títulos consecutivos (ver aparte) en el torneo del Principado, uno de los de mayor tradición en el tenis. El sueco Björn Borg, dueño de seis títulos de Roland Garros, al igual que Nadal, ya “declaró” esta semana al español de 25 años como el mejor jugador que jamás se vio sobre polvo de ladrillo. Pero Nadal, que en un mes buscará su séptimo trofeo en París, marca nunca alcanzada en la era profesional, no quiere entrar en ese debate.

–Cada vez más voces lo señalan como el mejor de la historia en el tenis sobre polvo de ladrillo. ¿Cuándo lo va a admitir usted?

–No lo admitiré hasta que no termine mi carrera. Primero, porque no soy yo el que lo tiene que admitir, sino los especialistas que conocen la historia del tenis. No voy a decir jamás que soy el mejor de la historia, porque no soy tan arrogante como para decir esto, no me considero la persona adecuada para decirlo. Si lo dice Borg, súper feliz y agradecido de que lo diga, pero para eso ya están ustedes, que son los que tienen que analizar la historia del tenis. Los periodistas tienen que analizar quién fue peor, quién fue mejor. Yo estoy en actividad, no puedo analizar mi historia.

–Caer en siete finales consecutivas ante un jugador es algo que no le había sucedido nunca en su carrera, sólo con Djokovic. Cortó en esta final la racha. ¿Cambia la perspectiva de la temporada?

–Es romper una inercia negativa, y eso mentalmente siempre ayuda a encarar el próximo partido de forma distinta. Pero uno no puede tener una perspectiva del año mala cuando jugó cuatro torneos y llegó a la final en el Open de Australia contra Djokovic, no contra otro jugador. Después hice semifinales en Indian Wells y Miami. Las perspectivas eran más o menos buenas ayer, hoy son mejores, pero tampoco me gusta buscar cambios radicales cuando uno gana o cuando uno pierde. Me considero una persona estable, tanto emocionalmente como en general. ¿Si esto cambia a positivo? Sí, cambia un poco a positivo, sin dudas, pero siempre con calma, aceptando las victorias y derrotas con tranquilidad.

–Si el empate existiera en el tenis, la final de Australia bien podría haber terminado sin ganador. Pero perdió usted. ¿Existen las derrotas dulces o son todas derrotas?

–No, las derrotas no son todas iguales, ni mucho menos. Yo de Australia me voy a casa satisfecho: perdí, pero yo, deportivamente hablando, y al fin y al cabo, amo al deporte, entregué todo lo que tenía para ganar el partido. ¿Que se me fue una bola que era decisiva como el passing shot del 4-2 30-15 en el quinto set? ¿Que esto podría haberme dado el título? Sí, pero no me voy a reprochar esto tras haber estado cinco horas y cincuenta y pico de minutos luchando, sufriendo, dándolo todo, viviéndolo con pasión. No ganás, pero te vas a casa satisfecho porque diste todo. La derrota de Wimbledon (en la final de 2011 ante Djokovic) fue en cambio dolorosa porque había jugado muy bien hasta la final y en aquel partido no estuve al nivel que estaba.

–Montecarlo no es más importante que Roland Garros. ¿Pero es necesario ganarlo para poder ganar en París?

–Sin ganar previamente es mucho más difícil ganar Roland Garros, pero se puede. Lo hice el año pasado, perdiendo en las finales de Madrid y Roma contra Djokovic, aunque es cierto que había ganado en Montecarlo. Uno necesita confianza para encarar un torneo de más presión. En ese sentido, esta final en Montecarlo ayuda a tener mejores sensaciones, nada más que eso.

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Imagen: EFE
 
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