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Lunes, 25 de enero de 2010

TENIS › JUAN MARTíN DEL POTRO QUEDó ELIMINADO EN OCTAVOS DE FINAL DEL ABIERTO DE AUSTRALIA

“En el tenis a veces no alcanza con la actitud”

Perdió en cinco sets ante el croata Marin Cilic, después de más de cuatro horas y media de batalla deportiva. El tandilense vuelve a Buenos Aires a revisarse su muñeca antes de viajar a Europa.

Dando pelea hasta el final, pero con problemas físicos y altibajos en su juego, el campeón del US Open, Juan Martín Del Potro, le dijo adiós al Abierto de Australia en octavos de final. Su verdugo fue su “gemelo”, el croata Marin Cilic. La tercera fue la vencida para el número 14º del ranking: se impuso al cuarto favorito 5-7, 6-4, 7-5, 5-7, 6-3 y tuvo su resarcimiento por las dos derrotas que había sufrido ante Del Potro, ambas el año pasado, en octavos en Melbourne y en cuartos en Nueva York.

“Desde el US Open que no me sentía tan triste y no lloraba un poco”, dijo al comparecer ante la prensa con lágrimas en los ojos el tandilense, quien no pudo repetir los cuartos de final alcanzados el año pasado en el primer Grand Slam de la temporada. En tanto, el decimocuarto preclasificado Cilic jugará ahora contra el estadounidense Andy Roddick, que venció en cinco sets al chileno Fernando González.

En el Hisense Arena, el segundo estadio en importancia en Melbourne Park, Cilic y Del Potro animaron un partido con ribetes épicos, un maratón de cuatro horas y 38 minutos que se convirtió en el segundo partido más extenso en lo que va de la edición 2010 del torneo.

“Perdí luchando mucho y por muy poquito, pero ya está. Marin jugó realmente muy bien y fue un justo ganador”, afirmó el número 5 del mundo, que intentó restarle importancia a la molestia que siente en su muñeca derecha, por la que hace unos días abandonó el torneo de exhibición de Kooyong, y que aparentemente lo condicionó durante esta semana en Melbourne. “Yo adentro puedo tener dolores o no, pero si entro a la cancha, trato de hacer lo mejor. A veces el tenis no aparece y no alcanza con la actitud”, reconoció.

Del Potro puso la garra habitual, la misma que le había permitido sacar adelante su durísimo partido de segunda ronda frente al estadounidense James Blake. O ceñirse en Nueva York su primera corona de Grand Slam, ante el mismísimo Roger Federer.

Pero a diferencia de lo sucedido en Flushing Meadows, cuando el argentino fue una máquina de meter tiros ganadores, quien esta vez se lució como bombardero fue Cilic.

Del Potro se alzó con el primer set gracias a un quiebre en el undécimo juego, pero a partir de entonces el dominador fue Cilic. El croata esperaba con paciencia que el argentino le diera un resquicio parar romper su servicio, y sobre el final del segundo y el tercer sets lo encontró.

Sólo algunos errores no forzados (de los que cometió un total de 71) en la red o con pelotas cruzadas que tiraba afuera, privaron a Cilic de cerrar antes el partido a su favor. El amor propio de Del Potro también contó, ya que antes de quebrar para 6-5 había levantado un game en el que el croata estuvo a dos pelotas de cerrar el partido.

El desgaste físico de ambos, metidos ya en el quinto set y con un estadio en vilo, era notable, pero a Cilic se lo veía con más resto. Del Potro ya había pateado un tacho de basura, golpeado su raqueta contra la red y discutido ampulosamente con el umpire.

Finalmente, Cilic quebró para 3-1 y con aplomo –y la ayuda de un servicio tan eficiente como el de su oponente– mantuvo su ventaja hasta el final, más allá de algún amague de Del Potro de prolongar la pelea.

Así, Cilic, una suerte de “gemelo” de Del Potro –ambos tienen idéntica altura (1,98 metro), los mismos años (21, su aniversario difiere en apenas cinco días) y hasta un peso similar–, se cobró revancha y logró meterse por primera vez en cuartos del Abierto de Australia. “Ahora que llegué hasta acá, no lo dejaré escapar fácilmente”, advirtió Cilic.

Del Potro, en tanto, aseguró que se va conforme de Melbourne porque dio todo, aunque sus lágrimas permitieron inferir una pizca de nostalgia por aquellos días felices de septiembre, cuando todo le sonreía en Nueva York.

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“Desde el US Open que no lloraba un poco”, reconoció el tandilense.
Imagen: AFP
 
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