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Lunes, 11 de marzo de 2002

MERECIDAMENTE, CON JUSTICIA, EL EQUIPO DE RAMON LIQUIDO A BOCA

River lo ganó por derecho

Un derechazo de Cambiasso, otro de Coudet y un tercero de Rojas, picándole la pelota a Abbondancieri, le dieron a River una resonante victoria frente a Boca en la Bombonera, donde no ganaba desde el ‘94. El cuadro local –que extrañó a Riquelme– puso mucho empeño, por momentos dominó a su rival, pero no supo resolver y se quedó sin invicto. River tiene muchas razones para festejar y entre ellas que le sacó 7 puntos de diferencia a su clásico rival.

 Por Juan José Panno

Tres, como los chiflados, chiflados de alegría; tres, como los tristes tigres de rayas amarillas y azules; tres, como los lanceros de Bengala que clavaron sus lanzas en el corazón de Abbondancieri; tres, como los mosqueteros que no fueron cuatro porque la espada de Cavenaghi se clavó en un palo; tres, como los alpinos que venían de la guerra, uno de los cuales, el más chiquitito, traía un ramo de flores de pésame a Boca. Tres... nada menos que tres goles le hizo River a Boca, tres cachetazos en pleno rostro que dejan una marca de rojo intenso y que nadie va a olvidar así nomás. Tres, tricota, terno, triqui, triquinosis, tridente, très bien, River.
A la una
Van 26 minutos del primer tiempo. Tiro libre para River desde la derecha. Tira Ortega al segundo palo. Peina Ayala, la pelota queda muerta y Cambiasso la encuentra. No duda y le pega cruzado. Abbondancieri la toca, pero no puede desviarla. Gol.
Hasta ahí la cosa era bastante pareja. River insinuaba más precisión en el toque y Boca amagaba con llevárselo por delante, pero ninguno de los dos redondeaba nada. Por un lado, Cambiasso ya se perfilaba como eje del equipo; y por el otro, el Mellizo, que jugaba mucho más de lo que protestaba, lo cual lo erigía en el mejor de los suyos. Por un lado, Abbondancieri respondía bien y por el otro, Comizzo aportaba lo suyo. Por un lado, Ortega demoraba su entrada en escena; por el otro, Gaitán no hacía olvidar a Riquelme, pero provocaba alguna inquietud en los defensores visitantes. Poco después del primer gol de River, entre los 31m y los 35m, Boca tuvo tres chances de llegar a la red, todas en los pies de Gaitán. Ninguna fue gol por una mezcla de mala suerte, mala puntería, cancha pesada, pique traicionero y defensor que se cruza y tapa a tiempo. Ese fue el mejor momento de Boca, con el medio juego de River perdido y el fondo desbordado. Pero el equipo de Tabárez no supo capitalizar en la red esa circunstancial superioridad y lo pagó carísimo.
A las dos
Van 43 minutos del primer tiempo. En tres cuartos de cancha pelean una pelota Serna y Ortega. Guapo y guapo. Más guapo y más vivo, el de River pone bien el cuerpo y se lleva la bocha iniciando la jugada colectiva que termina en gol con un excelente derechazo cruzado de Coudet después de una rápida y precisa sucesión de pases.
El gol fue como un símbolo de esa enorme distancia técnica que existe entre ambos equipos y que River no había demostrado en los hechos. Con ese gol, en una jugada aislada, River hizo bingo. El dos a cero en el final del primer tiempo les permitía a Ramón y compañía esperar sin nervios el complemento. Tabárez jugo dos cartas en una en el entretiempo: Giménez por Gaitán y Carreño por Battaglia. El primer cambio sonó a un error porque Gaitán, sin romperla, tiene presencia y podía inventar algo. Con la chapa puesta, lo concreto es que Giménez no aportó nada. El otro cambio fue bueno: Carreño al menos creó algunas jugadas y hasta tuvo un mano a mano. En el segundo tiempo, River navegó entre dos posturas, la de sostener el partido en el medio o la de meterse atrás; la de ahogar a Boca o la de dejarse arrollar. Cuando River se animó, Ortega, D’Alessandro y Cambiasso se hicieron dueños de la pelota, jugaron fenómeno y desnudaron la impotencia de Boca; cuando River se metió en su corralito, pudieron descontar primero Delgado y después Carreño.
Y a las tres
Van 45 minutos del segundo tiempo. Boca ataca ya sin fuerzas ni esperanzas; River espera y contraataca. La tocan varios, ole, lo define Ricardo Rojas picándole la pelota al pobre Abbondancieri, ole, golazo. La hinchada de Boca grita a lo loco para borrar el 0-3 y para tapar el festejo de los de enfrente. Osvaldo Soriano, frente a esta situación, se acordaría de la película Sin aliento, de Godard, cuando Jean-Paul Belmondo, desde un auto descapotable, enceguecido por la luz, saca el revólver y le dispara al sol.
Ganó River, con tres derechazos, ganó por derecho propio, ganó porque a la hora de definir fue derechito al grano. Ganó legítimamente, por derecha.

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