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Lunes, 10 de mayo de 2004

FúTBOL › SALIO BIEN COLOCAR SUPLENTES

Una apuesta redonda en una mañana a toda orquesta

Por Facundo Martinez

La de ayer fue una mañana a toda orquesta para la gente de River que presenció un partido al que, por las circunstancias, no se le podría pedir más. Fue un triunfo ajustado, sin lujos ni estridencias, pero clave al fin de cuentas de cara al Superclásico, que a esta altura pinta de final adelantada. Con el resultado puesto, River saboreó la punta durante unas horas, aunque lo suficiente como para llegar al próximo domingo bien entonado y en óptimas condiciones. Si hasta los hinchas se entusiasmaron y soltaron sus gargantas para corear “que de la mano, del Negro Astrada, todos la vuelta...”.
Y no era para menos. Al entrenador de River la apuesta le salió redonda, y cuando esas cosas salen bien, la ilusión se prende como un fósforo. River debía elegir entre la Copa Libertadores y el Clausura y optó por la primera, presentando ante Vélez una formación alternativa, que sólo contó con dos titulares, Ricardo Rojas y Daniel Montenegro, además del arquero Germán Lux, reemplazante del lesionado Franco Costanzo. El riesgo era alto para Astrada, una derrota ante los de Liniers le hubiera significado una suerte de despedida de la lucha por el título.
Pero no fue así. Como pudo, sin genialidades ni mucho menos contundencia, River se llevó los tres puntos que lo mantienen a tiro de Boca y le permiten pensar con la cabeza fresca en el desquite copero ante el Santos Laguna, el próximo martes en el Monumental, y en el crucial encuentro del próximo domingo.
Ya la mañana había comenzado bien. El sol daba pleno sobre las tribunas, mientras el público, lentamente, iba ocupando lugares. Hubo desfile del equipo de básquet de River que consiguió el ascenso a la A y también de la banda sinfónica del Colegio Militar de la Nación, que recorrió el perímetro de la pista de atletismo meta fanfarria –antes lo había hecho el ahora mediático Juan Carlos Blumberg, junto a familiares de otros chicos asesinados, portando una bandera que decía “Basta de secuestros y muertes”–, para terminar su presentación con el Himno.
El homenaje a la pieza musical de Blas Parera lo aprovecharon los Borrachos del Tablón, quienes entre los acordes mayores hicieron su entrada triunfal a puro cantito y con las clásicas banderitas reglamentarias; la vedette era una con un sol naciente rojo sobre fondo blanco, todo un signo del deseo y la posibilidad.
Los hinchas aportaron lo suyo al encuentro, sobre todo cuando River no encontraba el camino de la victoria y la suerte parecía no querer acompañarlo. Mucho aliento como para empujar a los propios hacia el arco rival, al menos hasta que Claudio Husain quebró la mala fortuna; después fue pura fiesta y alegría, incluso mientras sus pares de Vélez intentaban lo mismo: empujar a sus jugadores contra el arco de Lux.
Poco se vio como para comenzar a imaginar de qué manera continuará el equipo de Astrada esta brava semana. A Rojas se lo notó bien, concentrado y, en algún pasaje, iluminado, como cuando a la carrera, y dejando varias marcas en el camino, llegó a quedar frente al arquero Peratta. De Montenegro, una de cal y otra de arena, porque era el Pibe Sambueza entre los volantes el que más y mejor hacía. Y, para culminar, unos pocos minutos de Gallardo, que contribuyeron para que River se serenara y pensara mejor el partido y para que los ojos de los espectadores se aliviaran un poco.

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