libros

Domingo, 3 de febrero de 2008

DICENT

Caribe trasplantado

Un ejemplo de vanguardia dominicana escrito al calor de la mezcla cultural.

 Por Mauro Libertella

Summertime
Juan Dicent
Santiago Arcos Editor
83 páginas

Hace tiempo ya que la literatura latinoamericana es un mapa astillado, las piezas esquivas de un rompecabezas cuya figura final desconocemos. La idea de que la literatura de los países de lengua española nos llegue de modo azaroso, caprichoso, es una idea que impacta, pues nos puede hacer sentir el vértigo por todo aquello que, por accidente o por diseño, nos estamos perdiendo. Por otro lado, por supuesto, el hecho de que lleguen libros sueltos, sin un aparato que los envuelva y los explique, permite lecturas distorsionadas, excéntricas. En definitiva, buenas lecturas. Quizás eso suceda con Summertime, del dominicano Juan Dicent.

Juan Dicent nació en 1969. Como breve reseña biográfica, nos pueden servir estas palabras suyas: “Nací en Bonao, perdón, Monseñor Nouel. Estudié Administración de Empresas y Alta Gerencia en Finanzas. No recuerdo nada de ese tiempo, excepto que trabajaba en bancos y que odio las corbatas. Empecé a escribir a los 28 años. Creo que eso es todo. Ah, nací el 22 de agosto del ’69... Soy loco con Faulkner, Rimbaud, Rulfo, W. C. Williams, Borges, Onetti, y creo que Bretón no era más que un bultero de los manifiestos”. Actualmente vive en Nueva York, y la editorial bahiense Vox ha publicado recientemente un libro suyo de poemas (Poeta en Animal Planet).

Summertime está armado con quince ¿historias?, ¿relatos?, ¿destellos?. Difícil arriesgar. Por lo pronto, se trata de un compendio heterogéneo de escritos tramados al calor de los exilios y la mezcla cultural. Los quince textos muestran el punto en donde la lengua norteamericana se impregna en las adiposidades del habla caribeña y modifica su sintaxis. Sin duda, la vértebra de Summertime está puesta, de maneras bien distintas, en el lenguaje. Del lenguaje coloquial (“Long Distance”) al registro erudito (“Borges y yo”), del diálogo puro (“2 Voices at the Falconbridge”) a la epístola (“Segunda postal a Telémaco”). Cuando Summertime su publicó en su país de origen, la prensa local se expresó de este modo: “Un texto apabullante y bastante original en nuestro medio. Por lo general, los cuentistas dominicanos pueden leerse por el argumento y no por el estilo”. Dicen quienes recorren blogs y páginas web que Summertime generó un efecto con dosis iguales de fanatismo y repudio en la República Dominicana. Es que siempre choca que alguien que decidió vivir afuera, y que no está en el pulmón de los círculos literarios, venga de pronto a decir de qué se trata ser dominicano, y cuál es el modo en que una generación y una comunidad se expresan.

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