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Domingo, 3 de febrero de 2008

VITTORINI

Habla tu aldea

Se reedita en castellano un clásico italiano escrito al calor de la Guerra Civil Española.

 Por Sergio Kisielewsky

Conversación en Sicilia
Elio Vittorini
Gadir
223 páginas

Un hijo decide hacer un último viaje. Parte hacia el encuentro con su madre. Entre patios, tocino y plantas de romero, Concezione y Silvestro —madre e hijo— recuperan un vínculo extraño y sugerente. Juntos recorren una aldea de Sicilia. La mujer va de casa en casa poniendo inyecciones. Ya todo el pueblo se enteró de la visita, pero Elio Vittorini elige mostrar lo que ocurre entre ambos sin por ello perder el humor en la trama.

Las conversaciones por supuesto giran en torno de la ausencia del padre, un actor de pueblo que supo interpretar Macbeth como nadie. Hace quince años que no se ven. Pero todo se despliega como si de ayer se tratara. Silvestro, de pronto, ve la imagen de su madre en la infancia, la ve trabajar contra la corriente, contra la hostilidad del clima helado y un paisaje de cenizas. En cada casa, en cada visita, se exhibe la realidad de la aldea. Hombres tísicos, acosados por la malaria y otras enfermedades de la pobreza. Aquí es cuando el texto genera su matriz teatral plagada de poesía. Las charlas mixturan una y otra vez a los hombres con fantasmas. Los del presente con el pasado y así se va hilvanando un tejido magistral, insólito y conmovedor.

Elio Vittorini (1908-1966) es un clásico de las letras italianas, creador de revistas culturales que dejaron marca. Fue también traductor, pero en la versión al español de Carlos Manzano genera para el lector argentino más de un ripio en el torrente de la lectura.

Cuando se avanza en el texto también se lo hace en la zona de confesión entre madre e hijo. Sin ruborizarse, hablan de la aventura de la mujer con un viajante, del carácter del padre frente a sus partos. Entonces las charlas son algo más que un rosario de anécdotas. Entre montañas, viajes en tren y personajes casi rescatados en un valle de lágrimas, Vittorini saca luz de las piedras en la vieja Italia.

Todo lo que se expone, vaya paradoja, es el iceberg de un clima único, persistente, enriquecedor. El que escribe, por momentos, borra su propia escritura y todo lo que fluye da cuenta de una poética del decir.

Entre la intimidad y el contexto social aparecen las preguntas y las resonancias de la Guerra Civil Española. Entre los parroquianos se sabe que la guerra mundial está al caer, como siempre ocurrió en Europa durante siglos. Allí están los trabajadores de los naranjales que se preguntan qué ocurrirá con ellos, qué destino les espera. Como los pasajeros de un tren fantasma.

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