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Domingo, 28 de diciembre de 2003

ENTREVISTA

Ni civilización ni barbarie: trabajo

Adriana Puiggrós (ex diputada nacional y ex secretaria de Ciencia y Técnica durante el gobierno de la Alianza, actual profesora titular de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, entre otras cosas), plantea en El lugar del saber algunas hipótesis sobre la educación en la Argentina que accedió a revisar junto con Radarlibros.

Por Martín De Ambrosio

La educación tiene que formar para el trabajo y no para una abstracta “cultura general”. Esa es la idea central del último libro de la pedagoga argentina Adriana Puiggrós titulado El lugar del saber. Conflictos y alternativas entre educación, conocimiento y política. Y no parece haber mal clima para que sus ideas sean tomadas en cuenta. Hace poco, en una entrevista con este diario, el ministro de Educación Daniel Filmus sostuvo que para el modelo que el Gobierno busca llevar adelante “es necesario formar para el trabajo”. “Finalmente está empezando a entender la sociedad argentina algo que siempre rechazó”, sostiene Puiggrós. “El sistema educativo argentino, si bien tuvo el gran mérito de alfabetizar al conjunto de la población, compró el mito de que la renta agraria, aunque estuviera mal distribuida, derramaría riqueza sobre el conjunto del país y formó una cultura muy especulativa y poco productiva.” A modo de síntesis del contenido de El lugar del saber, Radarlibros le planteó a Puiggrós algunas hipótesis que podrían desprenderse de su libro para que diera su opinión:

UNO: El lugar del saber resume los principales problemas de la educación argentina y tiende puentes prospectivos sobre lo que debería ser el sistema educativo. “El libro busca conocer cuál debería ser y cuál debería haber sido la vinculación de la sociedad argentina con los saberes. Porque la sociedad argentina es productora de saberes, pero al mismo tiempo fracasa en la vinculación entre los saberes y el desarrollo económico social y cultural. Por otro lado, tampoco se trata de encontrar el lugar del saber, sino de construirlo.”

dos: Existe un desencuentro entre la cultura que el sistema educativo fue formando, y la vida social y productiva del país. “Hay que analizar mucho ese tema. Por ejemplo, la imagen de los argentinos en el exterior, que es la del, digamos, ‘WASP argentino’. ¿Qué argentinos estuvimos y están exiliados? Los cultos, los bien formados, no el argentino que forma parte del 80 por ciento de la pobreza del Gran Buenos Aires. Hay una escisión fuerte de la cultura, que hasta ahora no alcancé a ver cómo se formó y cómo persistió dentro de la escuela pública. Hoy sí se puede ver una escisión cultural fuerte, que incluso llega al ámbito lingüístico. Yo creo, de todas maneras, que eso ya estaba oculto detrás del delantal blanco, los rituales y el disciplinamiento.”

tres: Los saberes adquiridos a través del sistema educativo argentino demostraron una asombrosa infertilidad para construir alternativas socialmente inclusivas. El país adoleció de una formación enciclopédica en detrimento de una formación inclinada a la producción. “Desde que se dicta la ley 1420 (1884) hasta la reforma de Saavedra Lamas (1916) hubo numerosos proyectos que intentaron introducir la idea de trabajo en el sistema educativo. Esas reformas fueron impedidas, no sólo por la clase media, sino por todas las clases. Incluso es transversal a los partidos: uno de los intentos de reforma más interesante lo llevó a cabo Pedro Arizaga durante el primer gobierno de Perón. Arizaga era secretario de Educación durante el ministerio de Gaché Pirán y se tuvo que ir cuando éste renunció. En su reemplazo Perón nombró al muy conservador Oscar Ivanisevich que arrasó con todo... En las clases bajas, la idea era tener un ‘hijo doctor’. Pero los empresarios que hacían un enorme esfuerzo por sostener el débil sector industrial argentino, también querían tener hijos doctores, porque la industria no daba seguridad de éxito.”

cuatro:Es muy difícil superar el modelo de escuela mitrista-sarmientino sin correr el riesgo de un avance de la derecha que incluso puede terminar con la educación pública. “Estoy de acuerdo. Se trata de un sistema unitario que hay que cambiar. Lamentablemente, recién se intentó en el marco del discurso neoliberal de los ‘90. Entonces a la ‘federalización’se la llamó ‘descentralización’, poniendo en marcha un proceso de reducción de la responsabilidad del Estado en materia educativa (transferencia de la educación a las provincias, y después a los municipios). Es la lucha que se viene. Yo acabo de estar en Colombia, el país en donde se llevó más a fondo el programa del Banco Mundial... Es de terror, no hay sistema educativo en Colombia, no hay escuela media pública en Colombia. Luego de la provincialización y la municipalización, se transfiere la educación a corporaciones privadas, deshaciendo el sistema educativo. Al menos, el viejo modelo mitrista-sarmientino tenía como sujeto pedagógico al ciudadano de la Nación, y todos virtualmente podían aprender. El neoliberalismo no quiere formar ciudadanos, sino clientes y consumidores.”

cinco:Puiggrós prescinde del análisis internacional y se concentra en los defectos endógenos del sistema argentino. “Es verdad. Quizá me haya faltado el escenario internacional y me haya capturado este problema que me obsesiona que es el malentendido interior de la cultura argentina. Pero es que incluso en el ámbito internacional, los neoliberales extranjeros siguen tomando la dicotomía criolla de civilización o barbarie como base de análisis.”

seis: La actividad científica también estuvo alejada de toda vinculación productiva y todo compromiso con los intereses del conjunto de la sociedad. “La desarticulación entre la producción de conocimiento científico y su utilización social es muy grande en la Argentina. Lo que vemos es una elite científica argentina cuyos parámetros son las reglas internacionales de prestigio antes que las necesidades de desarrollo del país. Más allá de la idea de ‘necesidad’, que suena muy pragmática, las ciencias no tienen relación con aquello a lo que aspira la sociedad argentina. Contra lo que siempre creyó el progresismo argentino, no puede haber democracia sin planificación.”

siete: La hegemonía cultural menemista dejó a la educación herida de muerte. “No estoy de acuerdo. Lo intentó... (piensa) es muy complicado porque incluso la Ley Federal fue muy desestructurante, pero sin embargo algo sigue funcionando. Aún quedan redes en pie, como puedo verlo en la provincia de Buenos Aires (N. de la R.: Puiggrós asesora al ministro de Educación de la provincia Mario Oporto) y a partir de eso creo que se puede reconstituir. Hubo un gran enfrentamiento con los neoliberales menemistas, ellos no alcanzaron a desestructurar totalmente al sistema.”

ocho:Entre los problemas argentinos hay que citar la debilidad de los programas progresistas. “Un ejemplo importante de eso fue el Instituto Programático de la Alianza (IPA), del que yo participé. Importante por el fracaso. En el IPA participaron unas 700 personas, trabajando en grupos programáticos por todo el país. Se llegó a hacer un gran programa, que no fue el programa de De la Rúa ni el de Chacho Alvarez, sino un programa de los sectores progresistas argentinos. Ya la Carta a los Argentinos fue una reducción de todo eso. La crisis del IPA comienza con la renuncia de Alfonsín porque, siendo Alfonsín, ¿no?, él quería que se le hiciera caso a ese plan. Pero Chacho y De la Rúa hacen un juego paralelo, tienen otros equipos, otra gente. Chacho trabajaba aparte y había un divorcio de orden ideológico muy fuerte. Si Chacho termina aliado con Cavallo y llamando antes a Juan Llach, de FIEL y la Fundación Mediterránea, como ministro de Educación es porque ideológicamente no concordaba con nosotros. El IPA fue la última gran reunión de profesionales para contribuir con la política y al final no quedó nada. Lo que hizo Chacho con Llach no es menor, nombró al más neoliberal, al autor del libro Educación para todos, ese libro que cita como fuente de inspiración a los popes internacionales del neoliberalismo.”

nueve:Como pensaba Borges, si el libro argentino por antonomasia hubiese sido el Facundo y no el Martín Fierro el destino del país sería otro. Puiggrós piensa un largo rato. “No sé. Tendría que pensarlo mucho porque el Martín Fierro no es simplemente el gaucho bárbaro, sino también el gaucho enrolado en el ejército. No me parece que el Martín Fierro sea lo opuesto al Facundo. No. Martín Fierro es un complemento al Facundo. Al mismo tiempo, Sarmiento muestra en Facundo una gran admiración por los saberes populares, como el rastreador, pese a que luego no sabe dónde meter esos conocimientos populares, qué hacer y cómo engancharlos en ese país que no los necesita.”

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