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Domingo, 4 de enero de 2004

RESEñA

Beautiful!,isn’t it?

Los viajeros ingleses
y la emergencia de
la literatura argentina
(1820-1850)
Adolfo Prieto

Fondo de Cultura Económica
Buenos Aires, 2003
214 págs.

Por Patricio Lennard

En un artículo titulado “Exotismo”, César Aira piensa la literatura de viajes como un género que, durante el siglo XIX, va a la zaga de la expansión capitalista y del proceso de creación de nuevas nacionalidades. En aquel tiempo, el carácter exótico que los países lejanos tienen para Europa se condensa en la fetichización que, de esas naciones incipientes, produce la mirada de sus viajeros. Allí, según Aira, se insinúa la fórmula última del exotismo: cosificar la nacionalidad ajena hasta volverla una estampa pintoresca.
Esta perspectiva no es muy diferente de la que Adolfo Prieto pone en escena en Los viajeros ingleses y la emergencia de la literatura argentina (1820-1850), en la medida en que su hipótesis central sostiene que la literatura nacional nace donde un discurso extranjero ha delimitado, con anterioridad, la imaginería que define lo “específicamente” argentino. El gaucho, el matadero, la pampa y el indio son, de este modo, los motivos más importantes que Prieto rastrea en los textos que, entre 1820 y 1835, escriben al menos catorce viajeros ingleses tras su paso por el Río de la Plata. Textos que –de acuerdo con el minucioso trabajo filológico de Prieto– forman parte del universo de lecturas de quienes dan comienzo a la literatura argentina: Alberdi, Echeverría, Mármol y Sarmiento.
Publicado originalmente en 1996, y ahora reeditado por primera vez, Los viajeros ingleses... consta de dos partes. La primera analiza los relatos de viajes que se inscriben en un arco que va de la figura de Humboldt –arquetipo decimonónico del viajero a América e instaurador de un paradigma del “arte de viajar” (aunque nunca haya recorrido la Argentina)– hasta Charles Darwin –pionero en la exploración de la Patagonia, Tierra del Fuego y las islas Malvinas–. En la segunda parte, textos fundacionales como La cautiva, El matadero y el Facundo –por nombrar algunos ejemplos– son abordados a partir de las relaciones con los escritos de dichos viajeros, siempre desde la certidumbre de que la literatura juega un rol insoslayable en la construcción de una identidad argentina.
Así, la idea de originalidad que el proyecto literario de la generación del ‘37 postula, en la descripción de la naturaleza física y de los tipos sociales, aparece conmovida en sus cimientos, ya que el imaginario en que se asienta parece involucrar una reescritura (una traducción) de la tradición de viajeros que Prieto examina. Si bien no fue necesario que los expedicionarios ingleses reconocieran la existencia del gaucho o de la Pampa para que éstos tuvieran entidad literaria, el descubrimiento de sus rasgos a través de la mirada extranjera no pudo sino establecer –según Prieto– una influencia, un antecedente inevitable para los autores argentinos. La sospecha de una colonización figurativa de este tipo plantea, una vez más, la idea de que la literatura nacional está hecha básicamente de citas, y escrita a modo de palimpsesto a partir de las literaturas centrales.
No obstante, la pregunta por las consecuencias que esos relatos de viajes tuvieron más allá de lo estrictamente literario –sobre todo en las implicancias ideológicas que la expansión imperialista británica ostentó, particularmente en nuestro país, durante el siglo XIX– es respondida demanera sesgada. Constituye, más bien, uno de los interrogantes que el texto de Prieto propone para que su investigación sea proseguida. Para que, de una vez por todas, las versiones que plasman los orígenes de la cultura argentina dejen de ser meras postales que los turistas compran en cualquier puesto de diarios.

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