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Domingo, 28 de agosto de 2011

SALí

A merendar

 Por Rodolfo Reich

Con aires de confitería tradicional

Malvón, entre lo porteño y lo neoyorquino

Desde su apertura, Malvón se convirtió en un gran éxito. Se podrá argüir que es por su estética relajada, mezcla de panadería con ambiente bohemio, muebles avejentados y detalles juguetones en la vajilla (mermelada servida en shots de vidrio, tostadas servidas sobre bases de madera). O tal vez por los precios amables (hay meriendas originales por $24, lo mismo que vale un tostado de jamón y queso). O por su ubicación, en medio de ese Villa Crespo copado por los outlets y una muchedumbre deseosa de consumir. O por el conocimiento del negocio de Darío Muhafara, socio junto a su hermano Hernán, quien es también dueño del exitoso restaurante vietnamita Green Bamboo. Pero no: el éxito no se debe a ninguna de estas particularidades, sino a lo que provocan: una energía amigable, un espacio donde dan ganas de sentarse, sentir los aromas del pan recién hecho, sentirse cómodo más allá del bullicio, elegir propuestas que van de lo porteño a lo neoyorquino, en fin, dejarse tentar. Una energía barrial, simple y directa, similar a la que en su momento tuvieron los bares tradicionales de la ciudad y que luego perdieron a costa de rutina y dejadez.

Malvón se armó respetando la estructura de la casa donde se ubica, con dos salones amplios, un pasillo de entrada, techos de cuatro metros y un precioso patio. A esto se sumaron sillones, grandes mesas, una barra y una cocina a la vista. De allí salen los desayunos y meriendas, propuestas idénticas que se pueden elegir antes de las 12 o después de las 16. Todos incluyen café o té y vasito de limonada o agua saborizada (jugos aligerados, como el de remolacha, zanahoria y naranja).

La merienda más pedida es la Malvón ($64 para dos), que incluye porción de torta a elección, dos scones, un croque monsieur (sandwich de jamón cubierto por queso gratinado), pan blanco y pan integral tostado, queso crema y dulce casero. Pero hay mucho más: desde el N. Y. Classic (un muffin dulce o salado, un english muffin tostado, un scon, queso crema y manteca de frutilla a $29) al Natural (yogur, granola casera y frutas, con tostadas de pan integral, dulce casero y queso crema, $27), pasando por los consabidos huevos revueltos con panceta y tostadas de pan brioche ($27). También, panqueques (les dicen pancakes), french toast (pan brioche frito, untado con nutella o con berries y miel) y otras contundencias para pasar la tarde de la mejor manera posible. Un objetivo que en Malvón está casi garantizado.

Malvón queda en Serrano 789. Teléfono: 4774-2563. Horario de atención: todos los días de 9 a 20. Los desayunos y meriendas se sirven hasta las 12 y a partir de las 16.


Aristocracia con guiños modernos

Sirop Folie, el té de las cinco de la tarde

Parafraseando burdamente la “Balada para un loco”, los pasajes de Buenos Aires tienen ese qué sé yo. Un aire de secreto, de cosa privada e íntima, que logran a costa de salirse de las calles principales, de evitar los coches y ocultarse a la vista de los transeúntes. Así es el Pasaje Suizo, más conocido como Pasaje del Correo, una callecita gastronómica en pleno Recoleta. En esa breve cuadra empedrada, construida en la década de 1920 por el inmigrante italiano Felipe Restano, se encuentra Sirop Folie, pequeño local especializado en cocinas informales y el té de las five o’clock. Lo de cocinas informales no es peyorativo: sucede que frente a Sirop Folie está Sirop a secas, la propuesta más sofisticada de los mismos dueños. Pero a la hora del té, el que destaca es Folie. Ese mismo té es el que tanto recomendó The New York Times a principios de 2010, en una nota sobre los lugares inevitables para el turista que venga 36 horas a Buenos Aires. Un consejo que por suerte ya muchos porteños sabían: cada tarde se juntan en el coqueto local señoras de alcurnia, jóvenes enamorados, grupos de chicas solas, todos para beber su té con tortas y más delicias que salen de la cocina.

Más allá de la opciones de la carta (sandwiches varios, medialunas caseras o la emblemática torta Chocolatísima, marca registrada del lugar), a las cinco de la tarde lo que hay que pedir es el té completo para dos, una experiencia que coquetea con las costumbres británicas, pero bajo un velo afrancesado. El servicio incluye una bandeja de tres pisos que trae (los ejemplos pueden variar según el día) sabrosos scones de queso, tostadas de pan casero con manteca, queso blanco, mermelada y dulce de leche, dos minibagels de salmón marinado, otros dos pequeños sandwiches de pepino, variedad de petit fours dulces y una generosa porción de torta a elección (hay que decidir entre la cítrica, la Concord de dulce de leche o de chocolate y la Tatin de manzanas). Para acompañar todo, mejor evitar el café y optar por la delicadeza de los tés elaborados para el local por Tealosophy, entre ellos el Sirop Blend, con base de té negro, peras de otoño y canela, que sirven en una preciosa taza china. Todo por $95 para dos personas. Sirop Folie se convierte así en una opción posible, un viaje de aires aristocráticos con guiños modernos. Un refugio en el invierno, que en primavera renace en una de las veredas más lindas de la ciudad. Una balada para un loco que tiene ganas de, por un día, sentirse rey.

Sirop Folie queda en Vicente López 1661, local 12. Teléfono: 4813-5900. Horario de atención: martes a domingo de 10 a 24.00. El té completo se sirve tanto de mañana como de tarde.


Caro pero lo vale

Caesar Park, The Tea Lounge, tenedor libre de las mejores tortas del país

Pagar $113 por persona para una merienda no es una decisión que se tome todos los días. Pero a veces la propuesta lo justifica. Eso sucede en el Caesar Park, que cada invierno renueva su oferta de The Tea Lounge, nombre poco feliz que esconde un verdadero tenedor libre de las mejores tortas del país. Sonará exagerado, pero no lo es. La firma que garantiza esto es la de Beatriz Chomnalez, una maestra de cocineros (entre sus alumnos hay nombres como Germán Martitegui, Rodrigo Toso, Mauro Colagreco), quien en la intimidad admite que ama la cocina salada, pero que encontró su gran reconocimiento en la pâtisserie (dicho en francés, ya que, como ella dice, “Francia es, por lejos, el número uno de la pastelería mundial”).

Cada año, Chomnalez viaja al país galo para visitar a su amigo Gérard Mulot (dueño de la famosa pastelería homónima), para conocer las nuevas tendencias en chocolates, frutas, masas y otras delicadezas de este tentador universo. También, cada año, vuelve a la Argentina y reedita la propuesta para el té del Caesar Park. Unas quince tortas, todas impecables, que en su variedad no dejan a nadie afuera. Los que amen el chocolate tendrán variedades como la contundente Choco Mon Amour, de biscuit sacher, mousse de chocolate y cremoso de chocolate. Los que prefieran apostar a lo light podrán engañarse con la tarta de yogur griego, crema y polvo de amaretti. Y quien busque la fruta, la encontrará en forma de manzana caramelizada en la torta Belle d’Automne, perfecta para días fríos y nublados. La lista podría seguir, merecería seguir, ya que cada torta es maravillosa, como el delicioso dacquoise de pistachos relleno con crema de manteca de avellanas. Pero no tiene sentido mencionar nombre tras nombre: las palabras no representan el sabor. Más importante es hacer un acto de fe: confiar en Beatriz Chomnalez, arriesgar ese dinero y quedarse una tarde entera en el salón de este hotel cinco estrellas. Rodeado de tortas, de tés de Tealosophy, de café Nespresso, de jugos recién exprimidos, de algunos bocadillos salados que pierden importancia frente a la contundencia de la propuesta dulce. Incluso, para convertir a la experiencia en una velada realmente decadente, por otros $50 se puede sumar una copa de espumante. Está dicho: no es una decisión para todos los días. Pero un día no es todos. Y siempre hay una excusa para dejarse llevar.

El Caesar Park queda en Posadas 1232. Teléfono: 4819-1129. Horario de atención: el té se sirve todos los días de 17 a 19.30.


Foto: Catalina Bartolome

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