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Domingo, 28 de agosto de 2011

VALE DECIR

¡Eso es todo, amigos!

No todos los conejos inspiran ternura. El reciente caso de William Falkingham, por ejemplo, tuvo que desistir de su peculiar hobby por ello.

Ocurre que el treintañero de Idaho Falls, ciudad con una población de 54 mil habitantes, tenía como afición disfrazarse de conejo y salir a caminar. A veces, incluso agregaba un tutú al disfraz. Y, por motivos que no requieren mayor explicación, los niños de la zona comenzaron a asustarse del extraño hombre-conejo. Entonces, los vecinos decidieron tomar el caso por las orejas y levantar una queja en el departamento de Policía. Las fuerzas de seguridad se hicieron eco y le prohibieron a Will continuar sus caminatas especiales. Falkingham no hizo escándalo: aunque les reconoció a las autoridades que disfrutaba (y disfruta) vestirse así, entiende las preocupaciones y quejas del barrio.

Un hombre, por ejemplo, comentó que su hijo estaba espantadísimo después de ver como W. F. aparecía repentinamente de detrás de un árbol (jugaba una suerte de escondida) y lo apuntaba con el dedo “en forma de pistola”. Otros vecinos también expresaron su descontento y aseguraron estar muy preocupados por el rarito de la cuadra. La única que no le dio mayor importancia al tema fue Deborah Colson, que vive a metros de Falkingham: “Tiene un traje de conejo, otro de vaquero y un vestido de bailarina, pero sólo lo veo cuando se está tropezando en su patio trasero. Ok, su estilo de vida es raro; pero todos hacemos cosas extrañas en casa”, definió con un manto de claridad.

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