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Domingo, 7 de marzo de 2010

VALE DECIR

Vale decir

Se viene la noche de los tasers largos

El taser fue una invención de Jack Cover, un investigador de la NASA, que empezó a trabajar en eso allá por 1969. El aparatito dispara dos dardos que se clavan en la piel de la víctima para luego transmitir una descarga eléctrica. A la policía de todo el mundo le encanta: se puede usar a distancia y no deja lesiones permanentes. Es imposible resistirse; a diferencia de otros métodos de coerción basados en el dolor —como los viejos y queridos bastonazos—, el taser perturba el sistema nervioso y afecta directamente al control muscular. Es imposible hacer otra cosa que no sea caerse al suelo en medio de violentas convulsiones.

Esta nueva arma de electrochoque está siendo sujeta a abusos en manos de las policías más represivas. En Estados Unidos es cada vez más frecuente que la policía la emplee al menor signo de beligerancia, como levantar un poco el tono de voz. En Canadá, en el año 2007, el inmigrante polaco Robert Dziekanski murió en el aeropuerto luego de que la policía montada, en un exceso de entusiasmo, le aplicó cinco descargas eléctricas sucesivas.

La semana pasada, el diario La Nación sacó una infografía en donde explica, claramente, por qué la Policía Metropolitana quiere tasers. Una imagen vale más que mil palabras: la ilustración muestra de un lado al policía y del otro lado al piquetero. Según el texto, gracias a la descarga eléctrica, “[el sujeto] puede escuchar y acatar las órdenes policiales”. Eso es lo que les faltaba a los piqueteros para convertirse en personas de bien: no trabajo sino un buen sacudón de voltios, y a otra cosa.

El costo de una buena foto

El fotógrafo Greg du Toit estaba de cacería fotográfica en Kenya, Africa, cerca de un pozo de agua donde acuden los animales a beber. No le sirvieron ni los escondites que se construía, ni las zanjas que cavaba: de una forma u otra, los animales intuían su presencia y se escapaban del ojo de la cámara.

Después de un año de fracaso tras fracaso, Greg decidió meterse de lleno en el pozo de agua, asomando sólo cabeza y hombros. Hizo esto durante tres meses: siete días a la semana, tres horas al día.

De esa forma logró unas fotos increíbles. También contrajo malaria dos veces, varios parásitos intestinales y una enfermedad llamada esquistosomiasis.

En algunos momentos, el arriesgado fotógrafo se encontraba apenas a un salto de distancia de estos feroces animales. “Había momentos en los que temblaba tanto de miedo que tenía que dejar de sacar fotos, respirar hondo y calmarme”, contó al diario The Telegraph. “Los leones sospechaban que había algo en el agua, pero me parece que sólo reconocen a los humanos porque están de pie, y por eso me ignoraban.”

Las fotos se verán en el número de marzo de la revista BBC Wildlife. “Valió ciento por ciento la pena y lo haría otra vez, con parásitos y todo”, declaró Greg du Toit, que debe tener una buena obra social.

Extra Small

Una investigación del gobierno, en Suiza, sacó a la luz el hecho de que los niños de entre 12 y 14 años no se cuidan a la hora de tener relaciones sexuales.

“Nos estremeció descubrir que los chicos jóvenes tienen comportamientos de riesgo”, declaró Nancy Bodmer, directora del estudio, al diario Daily Mail. “No entienden las consecuencias de lo que hacen y les dejan a las chicas todos los problemas.”

Gracias a una campaña de grupos de planeamiento familiar y la federación suiza de la lucha contra el sida, la compañía Lamprecht AG creó una marca de preservativos llamada Hotshot; tienen el mismo largo que los condones para adultos, pero un diámetro menor. Están pensados para niños jóvenes. Se basaron en otro estudio, realizado en Alemania, en el cual un 25 por ciento de los entrevistados, chicos de entre 13 y 20 años, dijeron que los condones normales les quedaban grandes.

Ya ha quedado claro que no hay nada que pueda impedir el sexo adolescente; es como querer tapar el sol con el dedo. Los suizos, prácticos como siempre, se dieron cuenta de que si los chicos están teniendo relaciones, mejor que se cuiden.

Biblioburro

Soriano es un profesor de escuela primaria en Magdalena, Colombia. Al comienzo de sus 17 años de carrera se dio cuenta de que los chicos no sólo tenían dificultades para aprender en clase sino también para terminar la tarea. Muchos de sus estudiantes vivían en zonas rurales, donde tenían dos grandes dificultades para avanzar en sus estudios: padres analfabetos y una ausencia total de libros.

Entonces Soriano se decidió a llevarles libros a los chicos. “Vi dos burros sin nada que hacer, en casa”, contó a la cadena CNN. “Tuve esta idea de usarlos en mi proyecto porque pueden llevar grandes cargas. Puse los libros sobre sus lomos, en alforjas, y así los burros se transformaron en parte de mi proyecto.”

Cada miércoles, al ocaso, y cada sábado, al alba, Soriano se despide de su mujer y de sus tres hijos para emprender un largo viaje. Su biblioteca móvil se llama “biblioburro” y está compuesta por los dos animalitos, Alfa y Beto, que van cargados de libros. Soriano recorre regiones que él describe como “abandonadas”, en el estado de Magdalena, en donde los chicos tienen que caminar muchísimo para ir a clases, y donde hay pocos maestros dispuestos a ir.

“No es fácil viajar a través de los valles. Viajar sentado en un burro durante cinco, ocho horas, cansa muchísimo. Es una satisfacción llegar a destino”, dice Soriano, que ya ha pasado las 4 mil horas de viaje.

Su aventura no está exenta de riesgos: una vez se rompió una pierna al caer de uno de los burros; otra vez, en 2006, unos bandidos lo asaltaron al cruzar un río y lo dejaron atado a un árbol cuando descubrieron que no tenía dinero.

En cada pueblo, más de cuarenta chicos esperan al biblioburro para recibir ayuda con la tarea, aprender a leer y escuchar las fábulas, las historias de aventuras y las lecciones de geografía que Soriano les tiene preparadas.

Además de su proyecto, este sacrificado maestro construyó la biblioteca más grande de Magdalena, al lado de su casa. Tiene alrededor de 4 mil libros que fueron donados de todas partes.

Dice Soriano que “es una gran satisfacción cuando un chico aprende a leer. Así es como cambia una comunidad y el chico se vuelve un buen ciudadano, y una persona útil. La literatura sirve para conectarlos con el mundo.”

(Soriano y sus biblioburros reciben mails en [email protected])

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