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Domingo, 7 de marzo de 2010

CINE > EL HEROE DE MUSICA FOLK DE JEFF BRIDGES EN CRAZY HEART

La leyenda del santo bebedor

Hace años que Hollywood le viene dando vueltas a la música con biopics y musicales una y otra vez en la entrega de los Oscar. Pero también se debía una película mejor, más íntima, más trágica y más emotivamente musical. Crazy Heart, que se estrena acá la semana que viene, parece ser esa película. Pero quizá porque se pare en los hombros de ese gigante modesto que es Jeff Bridges, nominado a un Oscar por su cantante folk derrumbado por el alcohol en busca de su última redención.

 Por Mariana Enriquez

Es casi unánime: el Oscar a Mejor Actor, este año, debería ser para Jeff Bridges. A los 60 años, este hijo de Hollywood –nació en Los Angeles, en una familia de actores: su padre fue Lloyd Bridges, estrella de TV y después de cine– acaba de hacer en Crazy Heart (Loco corazón, que se estrena la semana que viene), un personaje que le sienta perfecto: Bad Blake, talentoso compositor country de 57 años, que no puede conseguir un contrato para un disco solista porque está definitivamente pasado de moda, aunque tiene el talento intacto (algo que él mismo ignora). Bad Blake anda de bar en bar por Texas, Arizona y Nuevo México manejando su propia camioneta, con su estómago hinchado y su alcoholismo, y tiene que soportar el ascenso de su protegido, Tommy Sweet, un joven cantante que Nashville abraza porque es atractivo, porque es fácil, porque tiene un talento modesto. A Tommy lo interpreta Colin Farrell, con sutileza y sin querer robar un minuto de protagonismo: ni siquiera figura en los créditos. El show es de Jeff, que interpreta a su cowboy autodestructivo y enamorado (de Jean, una periodista que encarna con su habitual inteligencia y sensibilidad Maggie Gyllenhaal) con la seguridad de que es el papel de su vida. Y eso que ya suma varios de esos personajes: Duane en La última película (1971), que también le valió una nominación, pero como actor de reparto; Lightfoot en Thunderbolt and Lightfoot (1974) de Michael Cimino, y otra nominación; Jack Baker en Los Fabulosos Baker Boys (1989); Jack Lucas en The Fisher King (1991) de Terry Gilliam; The Dude en El gran Lebowski (1998) de los hermanos Coen; Ted Cole, el escritor en pleno duelo de The Door On The Floor, adaptación de Una mujer difícil de John Irving . Pero Bad Blake le queda mejor que todos: Bridges es un actor muy dúctil, que parece capaz de hacer bien cualquier personaje, y casi siempre es así. Sin embargo, después de verlo como Bad Blake es difícil pensar en otro actor para interpretar a ese hombre sexy y torpe, decadente y sombrío, irónico y rebelde.

Muchos críticos hablan de Crazy Heart como El luchador de este año, y es fácil comprender por qué. Hay muchos puntos en común: un hombre al que le queda poco de carrera (quizá de vida), intentando una redención final que incluye nuevo amor y reencuentro con un hijo abandonado por los caminos de una vida demasiado intensa. Pero en El luchador está Mickey Rourke con una interpretación avasallante, física, demoledora y, sobre todo, autobiográfica: en cada secuencia de la película de Aronofsky da la impresión que el destino de Randy “The Ram” está atado al de Rourke. Que si a Randy le va mal, le irá mal a Rourke. Que Rourke se está jugando la vida en pantalla, al fin y al cabo. Lo cual es quizás una exageración, pero no deja de sentirse de forma absolutamente vívida.

En cambio es difícil imaginarse a Jeff Bridges en una interpretación tan cercana a su propia piel. Crazy Heart no tiene el elemento autobiográfico, y eso hace que la película sea más madura, menos intensa, quizá menos conmovedora, pero mucho más adulta. El romance entre Bad Blake y Jean es de los más interesantes que se pueden ver en un Hollywood que cada vez les escapa más a las no siempre entretenidas relaciones entre adultos. La competencia entre Bad y su protegido Tommy Sweet se juega con gran elegancia de todas las partes, y el alcoholismo levanta su desagradable cabeza (olvidos, vómitos, arrepentimientos tardíos), pero nunca llega a ser un festival morboso. Contenida y con una banda de sonido perfecta, hermosa, Crazy Heart es una película pequeña, pero digna. Un poco esquemática, quizás un poco predecible. Pero Bad Blake (esa mezcla de Haggard, Kristofferson, Jennings) podría ser un músico real. Y Jeff Bridges canta estupendamente. Es ahí donde Crazy Heart gana: como película musical. Cada número, desde ese duelo que es “Fallin’ & Flyin” con Colin Farrell hasta la interpretación borracha de “I Don’t Know”, es absolutamente memorable y creíble. Como es memorable y creíble Bad Blake, el hombre de las canas y la media sonrisa que sólo Jeff Bridges, con simpleza y un toque de humor amargo, podía hacer crecer hasta alcanzar dimensiones mucho mayores a la de la modesta película que le tocó protagonizar.

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