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Domingo, 24 de octubre de 2010

VALE DECIR

Llevando el mensaje de intolerancia a todo el mundo

La revista Rolling Stone de Uganda —nada que ver con la versión norteamericana— publicó recientemente una lista de los “top” 100 homosexuales del país, con la leyenda “Cuélguenlos”. Desde ese momento, según el Washington Post, al menos cuatro personas de la lista fueron atacadas y muchas otras decidieron esconderse.

Giles Muhame, editor de la Rolling Stone ugandesa, explicó al Washington Post que los homosexuales reclutan entre los jóvenes y que por eso decidió que había que revelar sus nombres al público.

El artículo hace recordar que, en octubre del 2009, el legislador de Uganda David Bahati presentó la “ley antihomosexualidad”: proponía el encarcelamiento —en algunos casos de por vida— de aquellos que cometieran el crimen de ser gays y llegaba hasta la pena de muerte por lo que denominaba “homosexualidad agravada”. La ley no prosperó debido al revuelo internacional pero, según las asociaciones LGBT, la intolerancia que generó nunca se detuvo.

¿De dónde salió la macabra idea de Bahati? Jeff Sharlet, un periodista norteamericano especializado en cultos religiosos, asegura que Bahati es miembro de La Familia. Así se llama una organización religiosa que, desde su creación, en 1935, tiene fuertes conexiones políticas: todos los años organizan un desayuno de oración —el único evento público de la discretísima Familia— del cual han participado desde Dwight Eisenhower hasta Barack Obama.

La correlación no implica causalidad, pero se da el caso de que en el año 2009 hubo una serie de conferencias sobre “el problema gay”. Cuenta el New York Times que el tema del evento, según los organizadores, era la amenaza que representaban los homosexuales para la familia africana.

Durante tres días, miles de ugandeses escucharon a estos norteamericanos que se presentaron como “expertos” en homosexualidad. En sus charlas hablaron de cómo el matrimonio igualitario no era más que una forma de derrotar a la sociedad basada en el casamiento y reemplazarla por una cultura de promiscuidad sexual. Un mes después de todo eso, Bahati estaba presentando lo que ojalá sea la peor idea que tenga jamás.

Los disertadores antigay, las organizaciones cristianas, la propia Familia; todos condenaron la ley por ser demasiado extremista y, en sus declaraciones, expresaron que ellos habrían preferido una legislación que obligara a los gays a someterse a tratamiento psicológico; encarcelarlos o matarlos les parecía poco cristiano.

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