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Domingo, 4 de diciembre de 2011

VALE DECIR

Un intruso en la familia

Para el norteamericano Jessie Dimmick, de Colorado, una promesa es una promesa. Y si se rompe, ¡a la Justicia! Por eso, el hombre –un secuestrador condenado a once años por tomar a una pareja de recién casados como rehenes, robar un vehículo y escapar de la policía– está demandando a sus ex víctimas por no haber cumplido la promesa de no entregarlo a las fuerzas de seguridad, cuando él las retenía contra su voluntad dos años atrás.

Según Dimmick –que, con 25 años, se representa a sí mismo–, Jared y Lindsay Rowley acordaron esconderlo en su casa por una cantidad no especificada de dinero. La versión de la dupla, sin embargo, es un poco diferente: el 12 de septiembre de 2009, Jessie irrumpió en su hogar tras estrellar en su patio el vehículo en el que huía de la policía (que lo buscaba en relación con la muerte de una persona). A punta de navaja, se metió en el domicilio y se mantuvo allí por varias horas.

La pareja, asustada, logró ganar su confianza ofreciéndole Cheetos, Dr. Pepper y viendo juntos Patch Adams, la película con Robin Williams. Cuando el maleante se quedó dormido, panza llena, corazón contento, ellos escaparon y, de inmediato, avisaron del intruso al 911. “Como resultado de haber roto nuestra acuerdo oral, sufrí un disparo en la espalda, que casi me mata. La cuenta del hospital fue de 160 mil dólares, cifra que no tengo manera de pagar”, explicó en su demanda el veinteañero. El balazo, dijo entonces la policía, fue accidental y ocurrió durante el arresto.

Ahora, el muchacho espera sacarle unos 235 mil dólares a la pareja que faltó a su palabra. Porque cuando un secuestrador pide silencio, comida y hospitalidad, hay que darle eso y mucho más: amistad eterna.

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