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Domingo, 17 de marzo de 2013

VALE DECIR

La alegoría zombie

Pocos temas dan más madera para cortar que el de los zombies. Bosques enteros ofrecen. A la popularidad de la serie The Walking Dead, las bromas de apocalipsis de distintas estaciones en un puñado de estados norteamericanos y las ya tradicionales “marchas” de muertos vivos, ahora se suma una investigación de Sarah Lauro, profesora de la Universidad Clemson, en Carolina del Sur. Según la hipótesis de la doctorada, la poco saludable obsesión con la muerte y la decadencia de tantos fanáticos en Estados Unidos no es una moda casual sino una tendencia histórica que reflejaría el nivel de insatisfacción cultural y los trastornos económicos del país.

Lauro, que comenzó a estudiar la plaga zombie mientras trabajaba en su doctorado en la Universidad de California, en Davis, dice que —tras haber hecho un seguimiento de películas temáticas, programas de TV, videogames y las “caminatas” y reuniones masivas de fanáticos disfrazados— sigue encontrando la fascinación zombie un poco... antinatural. “Odio la violencia. No soporto lo gore. Pero éste es mi trabajo, así que lo hago”, confesó la sacrificada muchacha. Y detalló las “pruebas” que soportan su teoría...

El mob zombi se originó en Toronto en 2003 y su popularidad aumentó dramáticamente en los Estados Unidos en 2005, junto al aumento de insatisfacción con la guerra de Irak. “Fue la forma que tuvo la población de expresar su disconformidad al no ser escuchada por el gobierno de Bush. Nadie quería realmente esa guerra y, sin embargo, se llevó delante de todos modos”, comentó Sarah. Desde mediados del 2000 a la fecha también hubo un repunte. “Desde el año pasado, los paseos zombies ya se documentan en 20 países. Estamos más interesados en los muertos vivos en momentos en que, como cultura, nos sentimos impotentes. Los hechos están ahí: frente a las crisis económicas, nos sentimos sin poder. Hacernos los muertos o ver shows sobre muertos nos da una salida.”

El asunto sería, sin embargo, que la gente no es consciente de su sentimiento de frustración: “Si se les preguntara a las participantes, no creo que todos ellos estén al tanto de lo que están diciendo cuando se ponen el maquillaje zombie y participan. Para mí, la alegoría es obvia. Sentimos que, de alguna manera, estamos muertos”.

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