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Domingo, 21 de abril de 2013

VALE DECIR

La palabra Justin

El pasado viernes 12, un día antes de su concierto en Arnhem, Holanda, el adolescente sensación Justin Bieber decidió visitar la Casa de Ana Frank, en Ámsterdam, un sitio dedicado a la memoria de la joven que pasó dos años escondida de los nazis hasta ser encontrada, enviada a un campo de concentración y asesinada con sólo 15 años. Como bien es sabido, la sobrevivió su famoso diario, y este museo recrea su historia.

Cuestión que el ídolo pop visitó el lugar; cuestión que su visita no estuvo libre de controversias. Porque, tras pasearse durante poco más de una hora, Bieber decidió dejar su firma en el libro de visitas y anotó las siguientes líneas: “Verdaderamente inspirador poder venir aquí. Ana fue una gran chica. Ojalá hubiera sido una belieber”, escribió el canadiense.

Y, para el distraído, la aclaración: belieber es el nombre con que se definen a las fanáticas del muchacho. O sea, de todas las posibles frases que Justin podría haber garabateado, lo que decidió plantar es su deseo de que Ana Frank fuese una fanática suya. Y eso no fue todo: mientras escuchaba sobre el genocidio nazi, Bieber se puso a bromear con amigos, simulando una peleíta de boxeo en la casa Frank.

Mientras tantísima gente se despachó contra las actitudes y dichos del cantante, las autoridades del museo intentaron poner paños fríos sobre la situación: “Creemos que es muy positivo que se tomara el tiempo y el esfuerzo de visitar nuestro museo. Estuvo muy interesado en la historia de Ana Frank. Esperamos que su visita inspire a sus fans a aprender más sobre la vida de Frank y lean su diario”, declaró Maatje Mostart, portavoz de la institución. Qué agregar.

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