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Domingo, 29 de junio de 2014

VALE DECIR

LA OREJA DE VAN GOGH

“Podés hablarle a la oreja”, avisa la artista germana Diemut Strebe, ducha en las bondades del bioarte, al momento de presentar Sugababe, su más comentada pieza. No es para menos: la obra es una réplica de la oreja de Van Gogh y está hecha en base a células vivas. “Se fabricó con tejidos de cartílago y tiene la misma forma de la del pintor”, profundiza Dominika Szope, portavoz del Centro de Arte ZKM, en Karlsrühe, Alemania, donde se exhibe el pabellón auditivo hasta el 6 de julio. Con todo, no es lo más curioso del desarrollo: para asombro de muchos, cuenta además con células de un descendiente directo del holandés posimpresionista, las de Lieuwe van Gogh, tataranieto de su hermano Theo. Ergo, se preservó el ADN (al menos, una dieciseisava parte).

Con un viaje estipulado a Nueva York el próximo año, la controvertida y reencarnada oreja izquierda (que, acorde con uno de los varios relatos, Vincent se cortó con una navaja en diciembre de 1888, tras una fuerte discusión con Paul Gauguin, para luego llevarla a un burdel y pedirle a una prostituta que cuidara de ella) sigue dando que hablar. Y, al parecer, escuchando. Porque, gracias a un programa informático que procesa sonido y lo convierte en impulsos nervioso, el órgano auditivo está dispuesto a interactuar con quienes lo visiten en ZKM. Arte vivo que flota en líquido nutriente y promete durar “por años”. Aunque de pintar, ni palabra (falta la boca, después de todo).

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