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Domingo, 29 de junio de 2014

PERSONAJES. LA VERSáTIL, SEXY Y ENCANTADORA AUSTRALIANA ROSE BYRNE HACE COMEDIA EN BUENOS VECINOS

UNA ROSA EN EL DESIERTO

Buenos vecinos, la nueva película como director de Nicholas Stoller (que es el guionista de las últimas dos de los Muppets) tiene un casting que trabaja un poco contra expectativas. Zac Efron como el líder de una fraternidad universitaria desenfrenada sigue tratando de borrar su imagen de chico blanco inofensivo de las High School Musical que le dieron fama. Seth Rogen (el de Ligeramente embarazada y Este es el fin entre muchas otras comedias) es el flamante padre suburbano que empieza a afrontar la primera gran responsabilidad de su vida y que, cuando parece que se encamina hacia la tentadora oportunidad de derrape que le ofrecen sus nuevos vecinos (la ruidosa fraternidad), se ajusta la corbata (figurativamente) y hace lo que tiene que hacer. Y Rose Byrne interpreta a su esposa, y todos los que conozcan a Rose –los que reconozcan su cara aunque no sepan de dónde ni identifiquen su nombre todavía– imaginarán que ella es la chica careta, supercorrecta, puritana y responsable, que obligará al gordito a centrarse y hacer lo que tiene que hacer, pero no: resulta que ella también quiere divertirse, que tiene un pasado, de pronto aparece misteriosa y maliciosa y muchos se van a acordar de que ya le vieron esa ambigüedad, de que esta chica ya hizo comedia, y que ya estuvo muy graciosa antes.

Fue en Damas en guerra (Bridesmaids), en la que era la dama de honor en feroz competencia con la otra dama de honor, la eterna perdedora, la tímida pero noble Kristen Wiig. Byrne, por alguna razón, siempre parece estar ahí para ser la voz de la razón, la chica bien y rígida y un poquito snob, tan linda y tan poco amigable. Tan seria, con esa mirada melancólica, tan poco divertida. Era hora de que la dejaran desatarse.

Y muchos imaginarán que Rose es una inglesita de corset pero no (aunque casi): en rigor es una australiana de ascendencia escocesa e irlandesa nacida hace 35 años, actriz desde hace como veinte, con una larga trayectoria que todavía está esperando despegar pero que –si uno revisa la lista de las películas que hizo en los últimos años– en estos últimos tiempos se ha ido ubicando en los lugares correctos para demostrar su versatilidad. La menor de cuatro hijos de una familia en la que nadie se dedicó a la actuación, dice que ella probablemente lo hizo para tener con qué llamar un poco la atención en la multitud de su propio hogar y sacudirse un poco su proverbial timidez. Tuvo una carrera en su propio país antes de llegar a Hollywood –filmó televisión e hizo con Heath Ledger una película pequeña titulada Two Hands que nunca se estrenó por acá–; cuando tenía unos veinte filmó un papel minúsculo en la primera de las nuevas películas de La guerra de las galaxias (parada con expresión seria junto a la reina Amidala de Natalie Portman, y poco más) por la que recibió y sigue recibiendo la mayor cantidad de correo de fans de toda su carrera, y tuvo una escena de sexo con Brad Pitt en Troya (más fan-mail). Se instaló en Nueva York cuando pegó un contrato para hacer la serie Damages, como segunda de Glenn Close, trabajo que le duró seis años, durante los que, por alguna razón, productores y directores de casting creyeron que tenía uno de esos rostros perfectos para un cine fantástico y de terror en el que ella no parece tener mucho interés personal, pero que le dio por primera vez una visibilidad masiva: de Exterminio 2 a Sunshine (la del la extinción del sol, dirigida por Danny Boyle), y luego a hacer de madre sufrida por su hijo en trance fantasmático o interdimensional a lo Poltergeist en La noche del demonio (Insidious) 1 y 2, dos películas de presupuesto diminutos y recaudaciones cósmicas.

¿Qué caracteriza a ese rostro que vieron los productores y los directores de casting? Probablemente una cualidad más o menos común, de chica muy muy bonita, pero que uno todavía creería que es más factible ver por la calle que en las revistas de moda. Pareciera que empezó a explotar de verdad toda su sensualidad en X-Men: primera generación, donde es lo más sexy que hay para ver en sus dos horas y pico, nada mal para una película llena de tipos que lanzan todo el tiempo miradas que parecen decir: mírenme, soy el mutante más caliente sobre esta tierra, y, tal vez, a excepción de Jennifer Lawrence con su colagenada y tan joven piel pintada de azul. Pero, quién dice, habría que ver, tal vez esto era así desde antes, como sugiere un clip disponible en YouTube, uno de esos videos que arman los fans obsesivos (buscar: Rose Byrne Tribute). Son seis minutos durante los que cualquiera puede deleitarse con una secuencia de escenas tomadas de innumerables películas –casi todas absolutamente desconocidas por acá, aunque ya saben: Pirate Bay–, donde la vemos muy joven, con el cabello de diversos largos y colores, y bailando un poco despatarrada y con mucha gracia, un poco chica común y corriente pero siempre taaaan atractiva.

Damas en guerra, y la reciente Yo les doy un año (una comedia romántica de desamor: primero se casan y enseguida se dan cuenta de que no están hechos para estar juntos) y ahora Buenos vecinos, donde es alternativamente fumeta y sexualmente experimentada e ingeniosa y hasta un poco mala, empiezan a abrir su panorama. “La gente cree que estoy deprimida porque suelo salir seria en las fotos –dijo hace no mucho–, pero no, para nada: es que vestirme para eventos me pone un poco nerviosa. Quiero hacer más comedias.” Denle más comedias, nomás.

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