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Domingo, 26 de abril de 2015

TRES DE UN PAR PERFECTO

MUSICA La elegancia justa, la distorsión precisa y necesaria, la melodía perfecta. Esas son las cualidades de las canciones de Indiana, uno de los secretos mejor guardados del rock platense, que acaban de editar su tercer disco, titulado simplemente 3. Su autor es su cantante y guitarrista, José Pablo Scigliano, que las escribe como si fuesen pequeños cortometrajes costumbristas del desamor, donde caben magistralmente desde Yaya Touré hasta Tornquist.

 Por Juan Ignacio Babino

Con una explicación y una broma. Así comienza la charla con José Pablo Scigliano, voz y guitarra de Indiana. La explicación: los otros tres integrantes de la banda no van a poder venir; dos están complicados en su vuelta desde Buenos Aires a La Plata, el otro está en una “especie de congreso de veganos”. Y la broma: “Yo lo jodo y le digo que se juntan a adorar y acariciar las lechugas y demás”, dice Pablo, que no le gusta ni acostumbra a que lo llamen por su primer nombre. Los otros tres en cuestión son los hermanos Poggi, Bruno en bajo y Nicolás en batería, y Simón Madueño en guitarra.

“Cuando llegamos con mi hermano a La Plata, a mediados de los noventa, ya teníamos mucha escucha, incluso cosas que podían ser raras para alguien que viene de Comodoro Rivadavia: Radiohead, Beatles, Beck. Y descubrimos todo el indie americano, que explotó en nuestras mentes. Eran ratos de ocio, de estar mucho tiempo al pedo y era como una competencia a ver quien descubría la mejor banda desconocida del mundo. De hecho mantuvimos un blog llamado Los sentimientitos, donde volcábamos esas cosas. Desde Mercury Rev, Pavement hasta Nick Drake o Wire. De todas maneras yo siento que lo que primero escucha un chabón es lo que lo marca para toda su vida. Hay gente que lo primero que escuchó fue Nirvana y es medio punkie. A mí lo primero que me pegó posta fueron Los Beatles. Dije: ‘Ah, esto es genial’, esa cosa de melodía y canción”, explica.

Melodía y canción es algo que actualmente es medular en Indiana. “Tenemos algo que tiene que ver más con el sonido inglés de los ’80. Viste que el sonido norteamericano tiene como una cosa más caótica y los británicos son más insulares, construyen. Eso está ahí”, aclara. El mito o la creencia de que el tercer disco de una banda es definitivo, en el caso de Indiana, es más que un mito. Es casi una verdad. “Nosotros teníamos, en algún punto, un conflicto de identidad antes de este disco. Entre ser una banda medio noise, punk, medio rotosa o ser lo que somos ahora, más de armonías, muy limpia, muy fuerte en lo melódico.” Ahí están esos dos discos anteriores pendulando entre eso que comenta Pablo: Seguro contra terceros (2009) con un sonido más sucio, más “rotoso” y Las horas (2011) que, si bien tiene distorsión, está poblado de guitarras acústicas y algunos violines y vientos.

El tercer disco de Indiana se llama simplemente 3, y su título de alguna manera es lo único puramente literal en la producción. Encarna ese punto musical al que tardaron dos álbumes en llegar: la elegancia justa, la distorsión precisa y necesaria, la melodía perfecta. Incluso cierta sonoridad ochentosa de acá y de allá, si hasta la voz de Pablo recuerda, por momentos, a la de Palo Pandolfo. Masterizado por Manza Esaín y producido por Julián Perla, Pablo remarca la importancia que tuvo Julián en el sonido final del disco: “Nos hizo dar un salto en el sonido. Es muy talentoso, sabe cómo hacer sonar la banda, le gusta Wilco, qué sé yo. Además es compositor en Mi Pequeña Muerte, su banda, y nos ayudó a poner toda la energía de las canciones en un lugar muy fino”. No hay “x” que despejar en la trama musical de Indiana: canciones cortas, melodías claras.

Las composiciones de José Pablo Siciliano son como pequeños retratos costumbristas de las ciudades de este siglo, como si fueran cortometrajes en planos secuencia sobre alguna situación particular, cotidiana. Y por ello, universal y única, trágica y cómica. La comparación no es ni caprichosa ni al azar: Pablo además de dirigir cine también se dedica a escribir guiones. “Parto desde la narración cuando empiezo a escribir. Me dedico al guión, así que me siento obligado entretener contando una historia. No es que diga: Carlos se levantó, fue a la cocina, hizo mate. No, lo cuento como en planos, como si fueran un par imágenes congeladas de esa historia para que el que esté escuchando termine de completarla en su cabeza, doy señas. Yo sé lo que pasó, entonces cuento pequeñas cosas para que sea divertido imaginar lo que te está contando el narrador.”

En el arte de tapa interior se ve la imagen de un rollo de película y un ojo: viñetas precisas de esa mirada sobre lo cotidiano. “Ya remataste el paquete accionario que invertí en esta relación/ dejá las llaves, no quiero que un día se abra la puerta y seas vos” (Cine de autor), “Vi por la tele una gambeta de Yaya Touré/ que forma tan extraña de decirlo tenés” (Vacaciones), “Mudémonos a otra ciudad/ dicen que Tornquist es lo más” (Tornquist), son algunos de los pasajes de esas canciones. Todas –todas– narradas desde la primera persona, desde el yo. Y todas, también, desde el desamor y ciertas crisis.

“Todos los de la banda estábamos o estamos en crisis de pareja y separaciones y todos cumpliendo treinta”, explica. Y quizás, en parte, en aquella broma sobre la lechuga acariciada, radique algo de la esencia de las canciones de Indiana: encontrar el punto fuerte del cotidiano en ese doblez de los días, donde la solemnidad le da lugar a lo irónico o a la comicidad pero, justamente, sin dejar de ser algo contundente. “Me gustan las canciones en las que encuentro una vuelta divertida sobre lo que están contando. A otros les gustan las emociones más puras y profundas. Yo hoy prefiero otro tipo de lectura en la poética de la canción. Es difícil buscar el equilibrio. No quedar frío pero tampoco quedar como un intenso”, cuenta Pablo.

Blanquísimas están las paredes del departamento al que recién se mudó. Apenas un pequeño cuadro multicolor de Woody Allen, tres libros recientemente regalados sobre un estante y, contra una esquina, las luces tintineantes del router que da la señal de internet. “No me traje todos los libros todavía. Viste que con una biblioteca uno se siente menos solo, como si te acompañaran.” No sería raro que, después de cerrar la puerta o dentro de dos o tres días, Pablo se siente y, frente a esas paredes blancas, escriba una canción sobre ello.

Los tres discos de Indiana se pueden escuchar en sindicatodelruido.bandcamp.com

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