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Domingo, 21 de febrero de 2016

MúSICA > LOS ANTIGUOS

BAJO EL VOLCÁN

Son un pequeño fenómeno que se consumó de manera totalmente autogestionada e independiente en menos de tres años: con su sonido volcánico y telúrico, excelente rock pesado local, Los Antiguos ya reeditaron tres veces su primer disco, Simple, y van por la segunda edición del reciente Madera prohibida –todo esto en un mundo donde vender un cd ya es una proeza. Liderados por Pato Larralde –el apellido suena porque, en efecto, es el sobrino de José Larralde– están marcando tendencia entre las bandas locales por su apertura: los siguen heavies, punks y rockeros, en una especie de encarnación local de Motörhead, pero además dan cátedra de autoestima metalera en una escena acostumbrada a pagar para tocar, al manoseo y a un maltrato al que, demuestra la banda, no hay por qué someterse.

 Por Santiago Rial Ungaro

El que no arriesga no gana: Sergio Conforti, guitarrista de Los Antiguos, todavía recuerda cuando fue a buscar las primeras 500 unidades de Simple, el disco debut de su banda: “Yo estaba sin laburo en ese momento, y fuimos a buscar los discos en un día de lluvia en el que se caía el mundo, y me acuerdo que pensaba: ‘La puta madre, tengo casi 40 pirulos y me estoy gastando esta guita y andá a saber a quién mierda le vamos vender estos discos’”. En la sala de ensayo del grupo, rodeado por sus compañeros de banda (están todos menos David Iapaluzzi, el otro guitarrista de la banda, ausente el día de la nota), Conforti sonríe de costado, sorprendido y aliviado: de manera totalmente independiente y autogestionada Los Antiguos ya han reeditado 3 veces su primer disco y van por la segunda edición de Madera Prohibida, su excelente segundo disco. En apenas tres años Los Antiguos se han convertido en una banda que con su sonido volcánico y telúrico seduce a rockeros, punks o stoners, al punto de que parecen estar en camino de convertirse en una de las bandas más emblemáticas del rock pesado local. Con su inconfundible look patriarcal, Pato Larralde lo asume: “Uno no elige al público: es el público el que te elige. Hay un montón de bandas excelentes que tocan de la puta madre y que también hacen ese trabajo hormiga y que quizá incluso son ‘más antiguas’, y que no les pasó esto. Tuvimos esa suerte”.

En estos tiempos en que la industria discográfica no le vende un disco ni a los familiares de los músicos y en que hasta los mismos reproductores de CD parecen estar obsoletos, la banda que completan Mow en bajo y Pablo Huija en batería parece ser la excepción que confirma la regla; aunque quizá incluso su carácter excepcional los convierta más bien en una mutación de esas que quiebran reglas y convenciones repetidas mecánicamente durante años a pesar de ser tan estériles como arbitrarias. Esos más de 1500 discos vendidos son un ejemplo de que con tesón, humildad, talento y aparente terquedad esta banda ya ha cambiado (aunque sea un poco) el paradigma de las bandas de rock metalero locales: la misma banda se encarga de la distribución de sus discos y las remeras sólo se venden en sus propios shows. Los Antiguos (cuyo nombre hace referencia a los antiguos pobladores de la tierra) ofrecen una identidad polvorienta y harapienta, ruidosa y cruda, pero irresistible, vindicativa y necesaria. “Voy buscando el camino/ Cuánta miseria voy a encontrar/ mientras me alejo de los tiempos/ donde la sangre pagaba el mal”, canta en su primer disco Pato Larralde, vocero de esta cofradía que más que metalera quizá se la pueda llamar metalúrgica: “Para nosotros lo más importante siempre es el trabajo: primero hicimos el disco y después armamos la banda. Esta forma de laburar nos da la posibilidad de seguir proyectando: es capital que se vuelve a reinvertir todo el tiempo. Lo que ganamos con la venta de discos y remeras lo volvemos a reinvertir en la banda”.

Ese sentido común que los llevó a no confiar ni esperar nada de nadie es parte de la fuerza de Los Antiguos. Dice Pato: “El nombre del grupo es porque todas las culturas y tradiciones siempre hacen referencia a algo sobrenatural que viene de los cielos, aunque siempre intentamos que nuestras letras hablen de cosas cotidianas”. Más allá de que desde el principio la banda se benefició con la camaradería de la escena, la banda tiene un carácter especial. Explica Pato: “La gente es la responsable de que Madera prohibida sea un éxito, por haber confiado en nosotros y habernos apoyado. Pero no tengas dudas de que todo el camino recorrido por nosotros en nuestras bandas anteriores y actuales (Cruz Diablo, Anomalía, Avernal y Sauron, entre otras) fue lo que nos permitió saber qué cosas hay que hacer y qué cosas no hay que hacer: en tal lado ya no tocamos más, a este otro no le atendemos el teléfono, a aquel otro no le damos una nota porque después manda cualquier cosa. La gente está, porque la gente sigue consumiendo rock. Y el under en estos últimos años se profesionalizó mucho”, analiza.

ARENAS MOVEDIZAS

Los Antiguos hablan sobre una cierta metodología, fruto de charlas iniciales muy sinceras entre todos sus miembros, pero también hay una filosofía en las decisiones y la dirección que la banda tomó para moverse en las arenas movedizas de un circuito con varios rasgos tan exasperantes como improductivos. Cuenta Conforti: “No es solamente la música. Cuando arrancamos me imaginaba una escena que no existía: la escena que me imaginaba es esta que estamos construyendo ahora con mis compañeros y con algunas bandas colegas. Durante muchos años si no pagabas no tocabas. Y eso es una mierda”. “Eso en el ambiente del metal es una cosa que se estila y que se hizo cultura como una cosa normal”, explica Pato. “Y la idea no es solamente que no pagues por tocar si no que ganes algo, sea mucho o sea simbólico para que te comas un sánguche, pagues el sonido, el flete o los plomos. En los festivales las bandas están pagando 5000 pesos o incluso más para tocar capaz con una banda de afuera. Y es una locura porque las bandas más chicas le están pagando a las más grandes. Y con esa guita vos capaz que podés hacer un disco, como nos pasó a nosotros con Simple, que salió más o menos eso. Lo bueno es ver que en estos últimos dos años ya empiezan a salir grupos que pueden crecer sanamente. Creo que los pibes nos apoyan porque saben que ellos también van a estar ahí. Podés llamarlo movimiento o nueva propuesta, pero el tema es que ahora se nos acercan bandas nuevas que nos dicen que quieren tocar con nosotros y, más allá de que no tocamos tanto y no siempre es posible tocar con todas las bandas creo que se inculcó la idea a los pibes de que no tenés que terminar con el culo para arriba por tocar. Durante un montón de tiempo se le hizo creer a los músicos de que la onda era esa. Todas movidas que se desencadenaron por no juntarse entre las bandas”. Completa Conforti: “Arrancamos en el 2011, en una época en la que las redes sociales ya están muy instaladas y eso nos ayudó un montón. También tuvimos un poco de suerte: yo creo que un show bisagra fue cuando tocamos en el 2014 con Pez y había casi 1000 personas. Hacía un año que estábamos tocando, pero eso nos permitió abrirnos a tocar para otro público: veníamos tocando para un público más de ‘metal hijo de puta’. Y nosotros tal vez no éramos todo lo ‘metal hijo de puta’ que ellos esperaban. Nosotros somos una banda más rockera”.

Antiguos sí, pero no anticuados. Y tampoco cerrados: con su rock blindado y furioso expandiéndose también por las redes sociales, Los Antiguos parecen darle sonido y voz a los más oprimidos, pero sin ninguna condescendencia: cerca de la vehemencia anti institucional de los Sex Pistols, de la lírica visceral de Ricardo Iorio y de su propio linaje familiar (es sobrino de José Larralde) Pato Larralde por momentos parece poseído por el don de la profecía que solo tienen aquellos que eligen ver con nitidez el presente y la historia. “Que feo que se está poniendo/ con tanto resentimiento/ si no estás de ese lado/ estás desterrado”, canta en “Te lo vengo diciendo”. Salvando las distancias, Los Antiguos es una banda mutante como en su momento fue Mötorhead, tan apreciada por metaleros y rockeros como punks. Dice Pato: “La otra vez un amigo me decía eso: ‘Vos no tenes idea de la cantidad de gente del punk rock que le gustan Los Antiguos’. Está bueno porque participamos en festivales con bandas que están en la misma lucha: Eterna Inocencia, que hace hardcore, Pez, que hace un rock fusión de todo, o Poseidótica. Pero la lucha es la misma”. ¿Cuál es esa lucha? “Que las bandas no paguen más por tocar.”, contesta Pato. “Tener respeto por el público que te va a ver, tocar siempre en lugares en las que las condiciones estén buenas para vos pasarla bien y que el público pueda disfrutar de ver un show en determinada manera: con buen sonido, que los baños estén limpios y que las entradas sean accesibles para que nadie se sienta violado”. Otra de las claves en Los Antiguos es la química entre sus 5 miembros: desde el primer ensayo, cuando arrancaron a tocar “para hacerles el aguante por un par de fechas” a Pato y Sergio ya pasó algo. Mow explica: “Desde el primer día que nos juntamos a hacer ruido que la energía y el ida y vuelta entre todos nosotros fue muy satisfactoria: se generó algo magnético, una combustión, una electricidad: todos sabemos a dónde vamos y eso lo disfrutamos mucho. Y si algo vos lo disfrutás y además te va bien se genera una caudal de energía enorme. Entre nosotros nos llevamos bien, aunque capaz que no ensayamos más de una o dos veces a la semana estamos todo el tiempo conectados en el chat pelotudeando. Salvo Pato, que no tiene Facebook: cuando resolvemos algo a él le mandamos una paloma mensajera”.

LA MISTICA LARRALDE

Aunque sus compañeros se rían se percibe el respeto y la admiración que le tienen a Pato Larralde. Con casi 50 años de vida (casi 40 años de rock & roll desde que escuchó Machine Head de Deep Purple y se “convirtió en rockero”), el hombre emana cierta mística irresistible: oriundo de Huangelen, Coronel Suárez, Pato es el letrista de la banda y el responsable del inconfundible imaginario de la banda: el Tótem de la Huerta que ilustra la tapa del primer disco, transmite esa aridez típica del rock stoner pero con sabor argentino que remite al Cerro Kaleuche, cerca del Lago Escondido en Cholila, en la misma Patagonia a la que sus ancestros supieron cantarle con la misma dignidad, pero también a la espectral cultura mapuche. “Es una foto de Fernando Serani de una cruz con una osamenta encima. Para nosotros es un estandarte, como un amuleto. Y una protección: una vuelta allá hubo un incendio tremendo y se prendió fuego todo, pero eso no se quemó”, cuenta Pato. Para su último disco Los Antiguos usaron una foto del Cerro Los Dos Monjes, también cerca de Cholila, al que le agregaron un plato volador. Gran lector, Pato Larralde y sus compañeros se inspiran en su épica en referencias mitológicas: “Lovecraft decía que los Dioses Antiguos provenían de las montañas de la locura, en la Patagonia argentina. Yo tengo mi teoría de que los originarios siempre estuvieron más cerca de la verdad que nosotros, porque entre ellos y nosotros pasaron un montón de cosas, un montón de mentiras”. La charla se empieza a dispersar y nos lleva a Giordano Bruno, la revolución industrial, el grupo High On Fire y Von Brown, pero aunque hablen de platos voladores Los Antiguos tienen los pies en la tierra: “Creo que es importante estudiar y leer de todo, todo el tiempo, y asimilar toda la información que se pueda te ayuda un montón. Pero tratamos de que en cada canción, incluso la más fantástica, aparezcan cosas que pensamos. El rock nacional siempre tuvo, por suerte, artistas que dijeron cosas, más allá de la poesía: Spinetta, El Indio Solari, Vox Dei, Charly García. Y ni hablar Ricardo Iorio”. “Todo lo hice a mi medida/ para que nada me pueda conmover/ ¿Cómo salgo de este infierno si lo hice a mi medida?, se preguntan en “Hecho a mi medida”, y, como quien no quiere la cosa, ahora se responden, pero no con palabras, si no con música, y con hechos.

Los Antiguos tocan el sábado 27 en El Amparo, Pellegrini 788, frente a Estación Burzaco.

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Imagen: Nora Lezano
 
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