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Domingo, 21 de diciembre de 2003

OJOS DE VIDEOTAPE

Un seven en el siglo XIX

Pitof hizo Vidocq, la vida del célebre policía francés, pero el resultado es más visual que conceptual.

Suena a chiste, pero es así: Pitof es el director de Vidocq. Personaje mítico pero real, fundador y jefe de la Sureté, presunta (y más vale evidente) fuente de inspiración de la obra de Conan Doyle, Eugene Vidocq fue convertido en héroe cinematográfico en varias oportunidades (empezando en 1922 e incluyendo una película dirigida por Douglas Sirk a mediados de la década del cuarenta), pero no tantas como probablemente ameritaba su figura. Pitof, que debutó en la dirección con esta película, fue antes el experto en efectos especiales de varios de los films más ambiciosos (para bien o mal) de la producción gala reciente, incluyendo parte de la obra no siempre del todo buena pero visualmente subyugante de Jean Pierre Jeunet y Marc Caro (Delicatessen; La ciudad de los niños perdidos), así como el de Astérix y más tarde, ya en Hollywood, el de Alien 4: Resurrección (que fue dirigida por Jeunet).
Con Gérard Depardieu en el papel protagónico, un presupuesto de más de 20 millones de euros y rodado íntegramente en video digital, Pitof llevó adelante una monstruosa versión de las aventuras de este padre del detective moderno en un alucinógeno París modelo 1830. La propuesta –según la describió en algún momento el propio director– era hacer algo así como “un Seven: pecados capitales decimonónico”. El punto de partida y las fuentes referenciales para su barroco diseño visual fueron menos norteamericanas de lo que algunos críticos y aficionados del género quisieron ver, dice su director. Los personajes fueron diseñados con la asistencia del propio Marc Caro y todo el asunto (guionado por Jean-Christophe Grangé, autor de la novela en la que se basa Los ríos color púrpura, otra superproducción francesa reciente) fue sometido a los procedimientos de storyboarding más rigurosos, como si se tratara de una historieta o de un dibujo animado. Tal tarea estuvo a cargo de Fabien Lacaf, quien está más dispuesto a reconocer la inspiración proveniente de las pastas cinemáticas de Sergio Leone y de las ilustraciones de Gustave Doré que de los films hollywoodenses basados en comics de los últimos años.
Como en tantas películas donde la dirección de arte se impone sobre la narración (la mayoría de las de Burton, por caso), en Vidocq lo que importa es más la atmósfera enrarecida de una París tironeada entre dos de sus más grandes oleadas revolucionarias (ante la inminencia de la de 1830), que el argumento sobre el enigmático villano enmascarado conocido como El Alquimista y sus oscuras maquinaciones en busca de la juventud eterna, a través del sacrificio de mujeres jóvenes y la apropiación de almas. Detrás de todo el asunto acecha una logia secreta, y los sucesos más fantásticos –la mayoría al menos– encuentran antes del final una explicación aproximadamente racional. Tras superpoblar su pantalla de efectos digitales y una artificiosidad extrema de espíritu folletinesco, Pitof fue reclutado por Hollywood para dirigir Catwoman (Gatúbela), que ya no es el proyecto que supo ser, es decir, el viaje dark de Burton de la mano de Michelle Pfeiffer, sino que la protagoniza Halle Berry. Aunque después de todo la está produciendo Denise Di Novi, factótum de varias de las películas del director de Ed Wood, habrá que ver. Lo cual garantiza que, incluso si la asociación (o más probablemente, la “abducción”) del galo en Hollywood no redunda en una gran película ni mucho menos –dicho esto no tanto por prejuicio como por los antecedentes disponibles– al menos tendrá algún interés a nivel visual. Es decir, algo para ver mientras el relato se diluye en la nada.

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