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Domingo, 9 de octubre de 2016

CASOS > SE PUEDE VER EN NETFLIX EL DOCUMENTAL HOLY HELL, QUE DESCRIBE A UNA SECTA NEW AGE CALIFORNIANA DESDE DENTRO.

SÍGANME, LOS VOY A DEFRAUDAR

 Por Ariel Alvarez

“Ser persona es ser una máscara, y nunca se sabe con quién estás hablando detrás de esa máscara”. Así predicaba Michel, el carismático líder de Buddhafield (“El Campo de Budha”), un culto new age que prendió fuerte a mediados de los 80 en West Hollywood, California. Bronceado, maquillado y vestido únicamente con una zunga este “carismático” y bastante particular gurú miraba a cámara y hablaba con un acento extraño, entre europeo del este y latino, mientras realizaba uno de los tantos videos propagandísticos de su nueva religión. Rodeado de sus seguidores, todos jóvenes y bellos, dio rienda suelta a su locura, que terminó a principios del 2000 con acusaciones de abuso sexual por parte de algunos de los hombres que fueron miembros del grupo.

Esta es la historia de Holy Hell, el documental estrenado en enero pasado en el festival de Sundance y que ahora puede verse por Netflix. Will Allen, un ex miembro de la secta (que durante 22 años fue el camarógrafo oficial de todo lo que acontecía en el culto), pudo escapar en 2007, huyendo de los abusos y llevándose con él casi 35 horas de esas grabaciones. Y con ese material realizó este film único que muestra por primera vez y en detalle cómo es el accionar de este tipo de organizaciones puertas adentro.

Will Allen (conocido décadas más tarde por interpretar a Arturo en la serie Lost) era un joven de 20 años que llegó al grupo en 1985. Acababa de graduarse en la escuela de cine y sus padres lo echaron de casa cuando les confesó que era gay. Su hermana mayor lo convenció para que se mudara con ella y se uniera al grupo de meditación y autoayuda del cual ella era miembro. Encontró en esta congregación una “familia” que lo aceptaba y al igual que los demás comenzó un viaje espiritual lleno de felicidad y amor, en principio. Todos los integrantes creían lo que el “Maestro” les estaba vendiendo.

Gracias a los registros de Allen podemos ver a Michel, el maestro (Jaime Gómez es su nombre real), un actor y bailarín, que había filmado películas porno gay y cuyo mayor logro había sido un papel de extra en la escena del aquelarre de El bebé de Rosemary de Roman Polanski. Sus acólitos descubrirán todo esto mucho después, claro está. En los videos lo vemos con su zunga a rayas y sus anteojos Ray-Ban, retozando en la playa rodeado de muchachos y muchachas que parecen estrellas de Hollywood (la belleza era una de las condiciones para ser aceptado en la comunidad, además de tener dinero). Al ver estas imágenes, el documental se vuelve involuntariamente gracioso: los rituales parecen más una propaganda de champú que un trabajo de autoconocimiento. ¿Cómo podían seguirlo y creerle en este contexto ridículo? La mezcla de misticismo new age, budismo e hinduismo que predicaba Michel resultaba irresistible. Y aunque parezca difícil de entender, el aspecto de Michel también hizo que lo adoraran como a un dios: “Su energía era increíble. Lo que veía era un hombre hermoso, era una sobredosis espiritual”, explica Allen.

De a poco el delirio de Michel comienza a hacerse evidente con los llamados “servicios”: sus seguidores lo vestían, le daban masajes, cargaban su trono, literalmente. Les cobraba por sesiones espirituales llamadas “El Conocimiento” en donde los jóvenes experimentaban la presencia del mismísimo Dios. A mediados de los 90 algunos de los familiares de los miembros acudieron a las autoridades. Así que organizaciones como Cult Awareness Network comenzaron a perseguir a Buddhafield y Michel se trasladó con sus seguidores a Austin, Texas.

Allí instalados, Michel adoptó el nombre de Andreas y su locura se multiplicó. Hizo que sus seguidores construyeran una casa, con patios, fuentes y la llenaran de pavos reales. Les hizo construir un teatro y comenzó a exigir a los miembros que se operaran para estar siempre atractivos: en realidad los utilizaba como conejillos de indias para luego operarse él. Los primeros planos con el rostro del gurú inyectado de botox son aterradores. Prohibió las relaciones sexuales y si alguna de las mujeres quedaba embarazada, la obligaba a abortar. Todo (o casi) está registrado en grabaciones a veces hilarantes, a veces aterradores y con frecuencia disparatadas.

La bomba dentro del culto explotó cuando un ex miembro les envió a todos un mail donde contaba que había sido abusado sexualmente. Y muchos otros comenzaron a hablar. Estos testimonios se pueden ver en Holy Hell: Allen realizó numerosas entrevistas a ex miembros donde muchos hombres cuentan cómo mediante engaños accedían a los requerimientos de Michel/ Andreas y no se lo podían contar a los demás bajo la amenaza de ser echados de la comunidad. Pese a esto, no lo denunciaron: decidieron exiliarlo a Hawaii en donde Andreas, que ahora se hace llamar Reyji (dios-rey), formó un nuevo culto con algunos de los miembros originales que no lo abandonaron. Esto es quizá la parte más oscura de esta historia: los ex acólitos se sienten estafados en su fe pero no se reconocen como víctimas de abuso: “Nunca fue mi intención artística hacer un documental anti cultos: la mayoría son buenos. Simplemente quería que los miembros actuales lo vean y abandonaran a Andreas, cosa que está sucediendo”, explica Allen.

Con esta idea se reunió con otros ex miembros del culto para realizar el documental pero el proyecto no prosperó. Entonces contrató al director de fotografía Polly Morgan y a algunos ex compañeros de cine, y empezó a buscar financiación hasta que consiguió que el actor Jared Leto fuera el productor de la película. Leto declaró en la revista Variety: “Es implacable, inquietante e inolvidable. Este documental inquebrantable expone un hermoso y extraño viaje en busca de la fe, el amor y la familia, pero termina mostrándonos el negocio de la espiritualidad, el poder y la corrupción. A menudo, la tríada de la religión”.

Si bien Holy Hell tiene la misma estructura de espiral descendente, típica de los documentales de este tipo como Jonestown (2006) de Stanley Nelson o Manson (1973) de Hendrickson y Merrick (sólo para nombrar algunos), la mezcla de material de archivo y talk show televisivo hacen de esta película un material fascinante que muestra ese mundo controlado y privado del abuso dentro de una secta. Un viaje catártico y desgarrador que funciona muy bien. Tanto que hay rumores de que Jared Leto persigue planes para hacer una serie con la historia Buddhafield. Todavía no hay nada confirmado, pero en este momento de redoblado interés por series que exploran los cultos y la religiosidad, seguramente sería una buena idea.

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