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Sábado, 30 de abril de 2005

CINE > QUé HAY DEBAJO DE LAS ACTUACIONES DE NORMA ARGENTINA Y NORMA ALEANDRO EN CAMA ADENTRO

Bajo las Normas

Que Cama adentro, la opera prima de Jorge Gaggero, haya sido elegida como film de apertura del último Festival Internacional de Cine de Buenos Aires es el síntoma perfecto de esa extraña y casi maníaca devoción del cine argentino actual por las caras nuevas, los seres anónimos y los actores no profesionales. Sólo que la vocación obsesiva por capturar vidas ajenas, esta vez, parece casi un secuestro.

En el film miden fuerzas dos Normas: Norma Aleandro, la cara oficial del cine argentino, y Norma Argentina, la cara oscura, no oficial de una puntana de 58 años, 2 hijos y un nieto; y una de las 800 empleadas domésticas que se dejó tentar por el aviso que circuló por el canal de televisión oficial de San Luis en abril de 2002. “Casting de mucamas para importante película con la señora Norma Aleandro”, decía. En Cama adentro las Normas se miran en espejo invertido: una mujer de clase media alta en pleno proceso de decadencia y su empleada doméstica obligada a ser testigo de las mascaradas con las que la otra intenta ocultar el fraude.

Cama adentro no dejó de visitar festivales nacionales e internacionales. La crítica celebró la intervención de Norma Argentina como una verdadera “revelación”. Y hasta podría ser cierto: qué mayor “descubrimiento” que la entereza, la dignidad, la melancólica y serena temeridad con la que “Dorita” acompaña sin consentir los caprichos de su patrona “Beba”, y que en su “realismo” logra quebrar todos los cánones con los que la pantalla local buscó retratar o parodiar la servidumbre. Casi el sueño cumplido de Constantin Stanislavsky, el maestro ruso que buscaba la “organicidad” como principio de actuación.

Sólo que, atrapada en el set de filmación, la “revelación” se vuelve algo perversa. No porque el trabajo de Norma Argentina en el film no sea maravilloso y absolutamente conmovedor. Más bien porque suena exactamente a eso: a trabajo. Demasiado parecido al de miles que no se festejan en ninguna pantalla, ni en ningún otro lado.

Al revés del principio del “Biodrama” donde la vida (cualquier vida) puede devenir teatro o drama, el experimento antropológico de Cama adentro encarcela por partida doble: al usar materiales reales para su ficción, saca a pasear a Norma para exhibirla y, luego, regresarla normativamente al mismo lugar. No porque Norma Argentina no haya cambiado su vida. Ahora viaja, da notas y bien merecido que lo tiene. Además, Norma Aleandro, su “madrina artística”, no dejó de promoverla y pronto se la podrá ver en dos nuevos títulos del cine local.

Para las 799 mujeres que quedaron afuera de casting, el final de Cama adentro reserva un extraño consuelo: la señora bien, asfixiada en su propio fraude, de pronto descubre que en el barrio de su empleada el aire corre más lindo y se instala a vivir en su casa. Una fantasía acaso menos perturbadora que la que circula en La ceremonia, donde Claude Chabrol pinta el sueño burgués desde la perspectiva de los explotados y una criada, fuera de toda norma, en un festín sangriento aniquila a sus encantadores patrones.

Cama adentro se estrena el 26 de mayo.

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