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Sábado, 30 de abril de 2005

CASOS

Asistencia al suicida

Bélgica se ha convertido (después de Holanda) en el segundo país en despenalizar la eutanasia. Ahora, con casi 600 casos por año y en medio de una feroz polémica, la industria asoma detrás de la decisión: las farmacias belgas venden un kit de formato doméstico y una empresa ofrece entrega a domicilio.

No se sabe si Jack Kevorkian está molesto o satisfecho en su celda en Michigan. El Doctor Muerte se labró una fama oscura asistiendo más de cien casos de suicidio con distintas máquinas de su invención, algunas con máscaras de gas, otras con inyecciones letales, otras con un par de botones letales al alcance del usuario. Ahora, toda esa parafernalia es cosa del pasado. El kit que acaban de poner en venta algunas farmacias de Bélgica (segundo país, después de Holanda, en despenalizar la eutanasia) tiene un formato mucho más doméstico e incluye una dosis de Penthotal sódico (un poderoso somnífero que detiene suavemente el corazón), una de Norcuron (un expeditivo relajante muscular que refuerza el Penthotal), suero para disolver la mezcla letal y catéteres, jeringuillas, agujas normales y de perfusión y otros accesorios. Todo por la bicoca de 60 euros (unos $220).

Como era de prever, el lanzamiento desató polémicas. “¡Promoción del suicidio!”, gritaron algunas voces enardecidas. Sin embargo, el kit no responde a ninguna maniobra comercial inescrupulosa sino a la iniciativa de un grupo llamado Médicos-Leif (“Foro de Información para poner Fin a la Vida”, según las siglas flamencas), que venían impulsándola por las dificultades con que tropezaban los médicos ambulatorios para acceder a los medicamentos inductores de muerte. Más cuestionables, en todo caso, parecen las intenciones de la filial belga de Multipharma, la multinacional que decidió explotar este nuevo nicho del negocio farmacéutico, cuyo portavoz declaró que “tenemos que respetar el derecho de la gente que quiere morir tranquila en sus casas facilitando la tarea de los médicos que los asisten”.

Las autoridades sanitarias del país de los Pitufos calculan que se practican alrededor de 600 eutanasias anuales en suelo belga. Según el diario La Libre Belgique, “de las 259 eutanasias oficialmente declaradas y practicadas en los primeros quince meses de la ley que autorizó esta práctica, el 41 por ciento tuvo lugar en el domicilio de la persona enferma” y “un 5 por ciento en casas de reposo”. Es decir: casi la mitad ocurrió fuera de los hospitales.Por ahora, el kit sólo está a la venta para médicos diplomados. Los únicos usuarios autorizados son pacientes mayores de edad que soliciten el tratamiento de manera voluntaria, reiterada, en plena conciencia de su reclamo y “sin presiones exteriores”, y que padezcan una enfermedad en fase terminal o estén expuestos a un sufrimiento físico o psíquico insoportable. También pueden solicitar el kit los enfermos incurables, aunque no estén en fase terminal.

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