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Domingo, 24 de septiembre de 2006

ENTREVISTAS > RAëL, EL INTERPRETE Y DIFUSOR DE UNA NUEVA FE

Padres nuestros que están en los cielos

Ya desde hace unos años que en el imaginario comienza a asomar una nueva fe capaz de conciliar el abismo existencial y los avances tecnológicos y explicar la verdad solapada en los libros de las grandes religiones: la idea de que los habitantes de la Tierra fuimos creados por seres extraterrestres más evolucionados. El cine, la literatura e Internet demuestran los cientos de miles de seguidores que esta teoría tiene. Pero qué mejor que hablar con su principal difusor, responsable de una tarea encargada por los mismos Elohim: Claude Vorilhon, más conocido como Raël.

 Por Natalí Schejtman

Antes de convertirse en Raël, Claude Vorilhon era piloto de carreras y periodista especializado en Fórmula 1. También había tenido un paso exitoso por la canción, como cantante y bajo el nombre de Claude Celler. La bohemia, el deporte y hasta su propia familia, todo eso pasó a un segundo plano cuando un día de invierno de 1973, en lo que pensó como un paseo a pie para escaparse por un rato de las cuatro ruedas sobre las que llevaba su vida, vio descender un platillo volador que abría sus compuertas e iluminaba a un pequeño hombrecito de piel verdosa, un metro veinte, ojos alargados y barba corta. Este fue el primer diálogo que el propio Raël reproduce en su libro El mensaje dado por los extraterrestres:

–¿De dónde viene?

–De muy lejos...

–¿Habla usted francés?

–Hablo todos los idiomas del mundo.

–¿Viene de otro planeta?

–Sí.

–¿Es la primera vez que viene a la Tierra?

–¡Oh, no!

–¿Ha venido muy a menudo?

–Muy a menudo... es lo menos que puedo decir.

–¿A qué ha venido?

–Hoy, a hablar con usted.

A partir de entonces, Vorilhon, que tenía como ídolo a Fangio (eso dice en la versión en español de El mensaje...), comenzó a escribir libros en donde desarrollaba “la verdad” que le habían transmitido los Elohim, “seres de avanzada” que le confirieron al periodista que iba desapareciendo una revelación sobre el origen de la vida humana que lo convertía en otro tipo de divulgador: un profeta, el elegido por ellos para diseminar en el planeta Tierra esta explicación que reinterpreta la versión original de la Biblia y corrige los errores de traducción –la palabra “elohim”, por dar uno de los tantos ejemplos trascriptos, ha sido traducida como “Dios”, cuando en realidad es plural y significa en hebreo “aquellos que vinieron del cielo”–, pero además cuestiona la evolución darwiniana y postula una tercera solución basada en la ingeniería genética de estos seres 250 siglos adelantados, solución que Raël repite desde hace 33 años y que también volverá a exponer en una conversación telefónica con Radar desde Suiza: “La vida ha sido creada en la Tierra por los extraterrestres, a esos a quienes yo encontré en 1973, que son los Elohim. Ellos son seres muy de avanzada y nosotros somos el fruto de una creación inteligente, un diseño inteligente”.

Con nuevo nombre asignado, Raël dejó atrás los días como enérgico director de la revista Auto Pop, aunque hoy elige relativizar el interés que ya en ese momento le suscitaban el periodismo y la música: “No era pasión por el periodismo sino pasión por los autos. El deporte automovilístico es muy caro, entonces tenía que encontrar los medios para sustentarlo. La canción, tengo que reconocerlo, también fue animada por este sueño de ser piloto de carrera algún día. Yo tenía un don para la poesía, para la música, entonces hacía canciones y la gente amaba eso. Pero en esa época todo era por el tema de los autos”.

Una vez concretado el primer encuentro en el volcán Puy de Lassolas, y fundado el movimiento, Raël comenzó una campaña voraz de comunicación, verbal y escrita: libros, charlas casuales, conferencias, seminarios e intervenciones mediáticas sobre su experiencia con los Elohim y su cosmovisión, nuevos mandamientos, la creación en laboratorio, críticas implacables a la Iglesia y a todos los fundamentalismos, objeciones al capitalismo y al comunismo (uno es “malo” porque convierte al hombre en esclavo del dinero; el otro también es “malo” porque concede más importancia a la igualdad que a la libertad) y, sobre todo, apoyo incondicional a la ciencia y a la clonación de seres humanos. Además, como portavoz, él y su movimiento tienen otra de sus metas en la construcción de una embajada de los Elohim en la Tierra, que ya está diseñada pero todavía no cuenta con los recursos necesarios ni una locación definida (la intención inicial era Israel...).

“Hubo una enorme campaña mediática en contra, motivada por la Iglesia Católica, que siempre estuvo en contra del progreso, contra las vacunas, el trasplante de órganos, la píldora para las mujeres, contra toda novedad científica. Pero la gente está cada vez más abierta a la clonación.”

A 33 años de su formación y después de viajar ininterrumpidamente por el planeta Tierra y no tan aledaños –como el planeta de los Elohim, a donde fue llevado según su relato–, Raël agrupa a más de 60 mil personas en cerca de 100 países.

El movimiento raëliano también debe parte de su popularidad a distintos golpes mediáticos. El más reciente, y acaso sorprendente, involucra al escritor-fenómeno de Francia: Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla, su último best seller, cuenta la historia de Daniel, un famoso y rico comediante corrosivo (tanto como los otros narradores del autor) que se acerca a la secta de los “elohimitas” interesado en su visión liberada del sexo y sus investigaciones sobre la clonación como forma de alcanzar la vida eterna. La novela tiene base en un encuentro efectivo entre Raël y Houellebecq. No era la primera vez que se metía con la religión ni tampoco con los raëlianos, a quienes ya había descrito en Lanzarote. En entrevistas, Houellebecq ratificó sus críticas a la fe monoteísta y habló de la idea de una religión futura como una religión científica. La simpatía con Raël fue inmediata. En La posibilidad de una isla el profeta de los elohim es un hombre con un pasado igual de versátil que el de Raël, frugal en su alimentación, carismático en sus conferencias, algo kitsch y profundamente entusiasta con Daniel, la incorporación VIP del movimiento. Además, tiene 12 novias, elige amantes extra algunas noches y habla del peligro que representa el integrismo musulmán mientras una de ellas le realiza una fellatio. Raël toma con amabilidad la pregunta obvia sobre hasta qué punto su vida sexual es así de excitante. Sobre todo con el conocimiento de que el Movimiento Raëliano es amigable con una visión poco normativa del sexo y que él mismo publicó en 1980 la audioguía y libro Meditación sensual, destinada a librarse de la culpa judeocristiana y experimentar un “orgasmo cósmico” con todos los sentidos, bien pormenorizados (con curiosos pasajes houellebecquianos, por cierto). Por si fuera poco, en la radio del movimiento se puede escuchar la aletargada y sugerente voz de la corresponsal “Lara” hablando del strip-tease y la industria del sexo en Las Vegas y presentada así: “¿Por qué sería un pecado trabajar en un club de strip? ¿Qué clase de dios sería uno que crea a los seres humanos con un sexo que no pueden usar? Bueno, no hay dios y nuestros creadores quieren que nosotros disfrutemos de la vida libremente, siempre por supuesto respetando los límites de los otros”. A pesar de todos estos indicios, Raël corta en seco a los fantasiosos: “Es una novela, Michel lo dijo cada vez que tuvo la oportunidad. Todo eso de la vida sexual desenfrenada no es así, no tiene nada que ver con la realidad. Claro que estamos a favor de la libertad sexual, y eso significa que hay gente que está en pareja y está muy feliz y no quiere tener aventuras con nadie, pero hay otros que prefieren estar con varios”.

Raël cuenta que Houellebecq estuvo varios días viviendo con ellos en una estadía europea del movimiento y que él lo considera un amigo con quien sigue manteniendo correspondencia por e-mail: “Tuvimos una influencia mutua. Fue muy amigable con nosotros durante la estadía y también después, porque cuando el libro salió él tenía un poco de miedo de que yo me sintiera ofendido por ciertos pasajes. Yo le dije que para mí la libertad del artista debía ser total, y que esperaba que se sintiera así para escribir lo que quisiera”. Con todo, reconoce en La posibilidad de una isla un buen reflejo de lo que es el movimiento raëliano: “Nuestro interés por la ciencia, nuestra esperanza en la clonación humana. Después del libro de Michel hubo mucha búsqueda en Internet, despertó muchas ganas de conocernos. Es muy importante que un artista, sobre todo uno literario, dé una visión diferente del problema de la clonación. Porque ahora en el mundo hay que tener un pensamiento único. Si alguien trae un pensamiento diferente, es criticado. Los americanos, desgraciadamente, son los campeones del pensamiento único. Todos los que no están de acuerdo con ellos son terroristas. Actualmente hay problemas en todos los aeropuertos en que viajamos a causa de eso. Para todo, para la religión y la ciencia hay pensamiento único. En la ciencia es la teoría de la evolución: el que dice otra cosa es considerado hereje”, dice Raël, que además menciona el Yo acuso de Emile Zola como un ejemplo de lo que significa romper con eso de decir lo que todo el resto espera.

Tal vez el primero de los eventos que le dieron visibilidad masiva al movimiento raëliano fue justamente el anuncio en conferencia de prensa de la primera clonación humana. Allí apareció en escena la misteriosa doctora Brigitte Boisselier, obispa raëliana y presidenta de Clonaid, la compañía que ofrece servicio de clonación, entre otros. Ella dice haber traído al mundo a bebés clonados y en su sitio –único “territorio” conocido de este emprendimiento–, Boisselier trascribe las novedades en la materia y sube sus ideas, como una carta para los embajadores de las Naciones Unidas que escribió en 2004, en la que concluye: “El verdadero crimen contra la humanidad es negar el derecho a vivir para siempre”.

Raël fue el fundador del proyecto Clonaid y un ferviente defensor de la vida eterna como “realidad científica” (a diferencia de la promesa de la vida después de la muerte de otras religiones). En su libro Sí a la clonación humana responde exaltado a algunas de las objeciones que el tema suscita y proyecta un panorama de revoluciones tecnológicas, nanotecnológicas y superinteligencias artificiales. Sin embargo, a la hora de responder por las pruebas actuales de la clonación humana anunciada por Boisselier, toma distancia: “Es importante decir que el movimiento raëliano no está implicado en la clonación. Sustentamos filosóficamente la idea, pero no estamos implicados ni de cerca ni de lejos con las actividades de Clonaid. Yo tengo confianza en que va a venir algún día, pero no tengo las pruebas todavía. Creo que ese día no está muy lejos, yo pienso que a comienzos del año que viene debería haber sorpresas, habrá pruebas que serán publicadas. Hay muchos elementos que conozco que me hacen tener confianza. Yo vi la máquina de clonación, hay un equipo de científicos, gente trabajando. No van a hacer una máquina de clonar que es tan difícil de hacer para nada”.

El considera que el mundo marcha hacia la clonación, es decir, que así como los bebés nacidos de probeta fueron en un principio tratados como Frankensteins, las reacciones que genera la reproducción “artificial” serán recordadas como algo insólito en el futuro: “Hubo una enorme campaña mediática en contra, motivada por la Iglesia Católica, que siempre estuvo en contra del progreso, que siempre lo ha estado, contra las vacunas, el trasplante de órganos, la píldora para las mujeres, contra toda novedad científica. Pero la gente está cada vez más abierta a la clonación”.

Para los raëlianos, internet es un aliado absoluto y, como era de esperarse, usan la tecnología para expandirse lo más posible: libros disponibles para bajar, podcast para escuchar (la RaëlRadio), la posibilidad de anotarse en los seminarios. También, la diversificación del movimiento llegó hasta la Fundación Raëliana, que se ocupa de manejar el dinero y recibir las donaciones que cualquiera quiera hacer a Raël, como indica una de las respuestas frecuentes del site oficial (rael.org), aportes que le permiten “dedicar su vida plenamente a su misión”.

Pero él también tiene sus pasatiempos. Así como antes de recibir el llamado de los Elohim su vida se graficaba en un autódromo, ahora no termina de abandonar por completo la pasión pistera: “Veo siempre las carreras de Fórmula 1 en la televisión, y estoy un poco al tanto, pero ya no es una obsesión. Tampoco tengo auto...”.

¿Pero cuál le gustaría tener? ¿Tiene alguno preferido?

–¿El auto de mis sueños? Y... probablemente la Ferrari Enzo, el último modelo de Ferrari, que es absolutamente extraordinario.

Casualmente, el profeta de La posibilidad de una isla maneja una Ferrari...

–Sí, pero eso fue porque yo lo hablé con Michel y él sabía que era mi sueño. Pero es sólo un sueño. Ahora me divierto más con la computadora...

¿Y qué hace en la computadora?

–Me divierten los juegos en red. Puedo pasarme cuatro o cinco horas jugando. En particular, me gusta uno de simulación de competición automovilística que se llama Civilization. Ahí hay gente de todo el mundo. Es importante conservar el juego, es parte de las cosas que te mantienen joven. Yo voy a tener 60 años en pocas semanas pero todavía juego con los chicos de 15. De todas formas, ahora el centro de mi vida es aportar este mensaje, y tratar de traer a la humanidad un poco más de amor y un futuro más bello.

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