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Domingo, 24 de septiembre de 2006

RESCATES > LA MEMORIA DEL TEATRO IDISH EN ARGENTINA

Salí (pero abrigate)

Hubo un tiempo en que la comunidad judía en la Argentina tuvo su propio star system: teatros llenos, galanes, divas, nombres que movían multitudes, marquesinas de lujo, puestas porteñas que viajaban a Europa y Nueva York, autores, obras originales y clásicos... todo en idish (hasta Shakespeare). Ahora, el libro Localidades agotadas recupera 105 de los afiches que sobrevivieron al atentado a la AMIA y que hoy son piezas de colección que encierran anécdotas, celebridades y hasta conexiones con la mafia de aquella época de oro.

 Por Cecilia Sosa

Difícil no sucumbir ante el encantado mundo de mafiosos y prostitutas que recrea El rufián moldavo, la novela de Edgardo Cozarinsky que persigue las huellas de una misteriosa obra de teatro idish por los confines del tiempo y la ciudad. Pero aun cuando el escritor jura haberlo fabulado todo, o casi todo, la historia parece conspirar a su favor. Ahora, una meticulosa investigación visual viene a correr el velo tendido sobre aquella época no tan lejana en la que la comunidad judía local llenaba las míticas salas del Teatro Excelsior, el Ombú, el Mitre y el Soleil (e incluso el Luna Park), para asistir a improbables representaciones de obras clásicas de la literatura universal o ignotas, cómicas o dramáticas, tiernas o sulfurantemente pedagógicas –todas ellas habladas en idish (¡hasta Shakespeare!)–, donde se producía esa extraña mezcla de asimilación y diferencia de la paisanada local.

Un equipo interdisciplinario con sede en la Fundación Iwo recuperó miles de afiches, sobrevivientes al atentado de la AMIA, y los acaba de publicar en el libro Localidades agotadas. En total, 105 posters que iluminan ese increíble período teatral que va desde 1901 hasta 1940 y que constituyen una ventana única a sus divas y divos, su particular marca estética, sus traspiés ortográficos, su sorprendente profusión de géneros y hasta la conexión mafiosa que a principios de siglo ocultaban su marquesinas de brillante neón.

A pedido de Radar, la historiadora Silvia Hansman (archivista de la Fundación Iwo), la antropóloga Susana Skura y la diseñadora gráfica Gabriela Kogan, autoras de Localidades agotadas, repasaron afiches e hicieron una colorida e intensa selección.

15 de agosto de 1919, gran estreno gran: Venganza de indios, “gran obra maestra del famoso literato J. Liachovitsky”, que en su adaptación vernácula se conoció como La princesa judía de la Patagonia. ¿El tema? Una familia de inmigrantes judíos se instala en un puesto de la Patagonia y es “recibida” por una tribu de tehuelches. ¡A no perderse las osadas caracterizaciones de los indígenas! Por las fastuosas joyas y ostentosos pectorales, los súbditos del cacique Ñankuru parecen más incas que tehuelches o, incluso, rabinos.
Divo total: Maurice Schwartz (1890-1960) nació en Ucrania, la cuna del teatro judío de Europa Oriental, y emigró a Estados Unidos en 1902, donde fundó el Yiddish Art Theatre de Nueva York. En el primer afiche se lo ve como el Profesor Sheling en el mítico Teatro Soleil. Divo de divos, en los afiches no hacía falta poner el título de la obra, su sola imagen alcanzaba para llenar las salas. Un fuego.

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Otro de los géneros favoritos de la paisanada era la comedia de enredos. En el afiche de La noche alegre se aprecian muchos de sus iconos clásicos: personajes asomando por puertas entreabiertas, espejos traicioneros y guiños cómplices con el espectador. Las obras solían tener una mirada paródica sobre los temas clásicos de la comunidad, o qué más judío que El gaucho o El amor de una madre. Y la cercanía no era sólo temática: al término de la función, la charla entre público, director y actores se continuaba en los bares de la zona.
 
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