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Domingo, 24 de septiembre de 2006

MúSICA > LA TARANTELLA CONTRAATACA

¡Tarántula!

Alguna vez, las tarantellas se usaron para curar la histeria femenina en los pueblos del sur de Italia, supuestamente causada por el veneno de una araña. Con los siglos, la música mediterránea se estilizó y perdió su verdadera fuerza. Pero en los últimos años, grupos de especialistas comenzaron la recuperación de aquellas fuentes. Y eso se plasma en el disco Tarantelle del Rimorso, con sus guitarras barrocas, violas y laúdes con cuerdas de tripa, pensados para que las mujeres bailaran hasta quedar exhaustas.

 Por Diego Fischerman

Un extraño mal se extendió entre las mujeres en Taranto, en la zona de Puglia, a fines del siglo XIV. Se manifestaba, primero, con síntomas de ausencia y falta de concentración y, luego, con conductas obscenas que llevaban a las enfermas a mimar actos sexuales en lugares públicos e, incluso, a orinar en los altares. El mal se lo endilgaron a la araña del lugar, la Lycosa Tarentula, más conocida como tarantella o taranta. En efecto, las jóvenes campesinas llegaban de la cosecha, donde aparentemente eran atacadas por los malignos arácnidos, y comenzaban a tener convulsiones. Y había un único remedio conocido: no bien aparecían los signos de tarantismo, los suonatori de tamburello, violín, organetto, guitarra battente y scaccia pensieri iban a la habitación de la atarantada y de allí a la plaza principal para que la víctima bailara frenéticamente hasta quedar exhausta. Sólo agotándose en la danza, que duraba horas, se agotaba a la araña con cuyo destino había quedado unido el espíritu envenenado.

Del intento de cristianizar el rito, al que la conducta de las enfermas ayudó poco, quedaron dos cosas: la misa de exorcismo que se lleva a cabo todos los 29 de junio en la iglesia de San Paolo de Galatina y el hecho de que en ese templo San Pablo, asociado al asunto desde que él mismo había sufrido alguna vez una mordedura de algún animal venenoso, pasó de ser el santo de los envenenados a ser considerado santo de la sensualidad. Había distintas clases de tarantismo, según las mujeres hubieran sido picadas por la “taranta libertina”, la “taranta triste y muda”, la “taranta tempestosa” o la “taranta de agua”. Pero en todos los casos se bailaba la tarantella. “Addó t’ha pizzicata la tarantella/ sott’a la putarra di la vunnella/ ca se vasa nu cardilli e na palomma./ Te preu San Paolo falla guariri/ ca l’avea pizzicata la tarantella”, canta, en riguroso dialecto del Rimorso, Pino de Vittorio. “Dónde te ha picado la tarántula, ¿bajo el doblez de tu vestido?, un cardenal besa una paloma. Te pido San Pablo, hazla sanar, que la ha picado la tarántula”, se oye en el comienzo de “Pizzica taranta”, una de las piezas del notable Tarantelle del Rimorso publicado por De Vittorio y un grupo de especialistas en el sello Eloquentia y distribuido en Buenos Aires por Zival’s. El disco, un conjunto de tarantellas y canciones tradicionales del sur de Italia, es, en todo caso, una de las mejores muestras posibles de cómo la investigación y la práctica musical pueden enriquecerse mutuamente y, en particular, de hasta qué punto las corrientes de revalorización de los folklores y las prácticas historicistas de los grupos clásicos dedicados a la interpretación del repertorio medieval, renacentista y barroco pueden confluir.

El recorrido de De Vittorio es, en ese sentido, ejemplar. Actor y cantante nacido en Leporano, en la provincia de Taranto, comenzó su carrera como artista claramente popular, con la compañía Pupi e Fresedde que fundó en 1976 junto a Angelo Savelli, y formó parte de varias producciones del musicólogo y escritor Roberto de Simone, entre ellas La gatta cenerentola, donde participó también la fundamental Nuova Compagnia di Canto Popolare. El objetivo de estos músicos era volver la canzonetta y la tarantella a un momento previo a las estilizaciones de compositores como Rossini y Verdi y a la apropiación de los tenores líricos. En los mismos años, los intérpretes dedicados a la música anterior al clasicismo fueron consolidando una tendencia más cercana al estudio de las fuentes y a una cierta idea de autenticidad estilística. También en este caso se trataba de desmontar una tradición más o menos reciente –la de I Musici, por ejemplo– para poder recuperar lo anterior. Grupos precursores como Hespèrion XX o el Studio der Frühen Musik y su laudista, Thomas Binkley, comenzaron a incorporar prácticas interpretativas de la música popular –en muchos casos sobrevivientes en los folklores europeos– a esas trovas, romances y canciones que hasta ese momento se habían hecho como si se tratara de repertorio de salón del siglo XIX. Y De Vittorio puso su voz nasal, típicamente mediterránea y cuidadosamente popular, al servicio de uno de los mejores grupos de música barroca surgidos en Italia en los últimos años, la Capella de’ Turchini que dirige Antonio Florio –con la que actuó el año pasado en Buenos Aires–. Con ese grupo, en los espectáculos dedicados al Barroco napolitano –la especialidad del grupo–, De Vittorio incorporó sus tarantellas, pero tocadas con instrumentos de la antigua Italia: guitarras barrocas, violas y laúdes con cuerdas de tripa. En Tarantelle del Rimorso participan junto a él, que canta y toca guitarra y chitarra battente, Marcello Vitale (también en las dos clases de guitarra), Leonardo Massa en cello barroco, colascione (una clase de laúd típico del sur de Italia) y guitarra y Gabriele Miracle en tamburello, tambor bajo, castañuelas y otros instrumentos de percusión. En versiones siempre ajenas a cualquier clase de cursilería y donde el rigor musicológico no obstaculiza la libertad ni el espíritu improvisatorio –sobre todo en las inflexiones vocales, tan cercanas a ciertos estilos del norte de Africa–, estas tarantellas referidas ni más ni menos que a la histeria y capaces alguna vez de curarla, lejos de las postales y del pastiche para turistas, recobran su verdadera fuerza.

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