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Domingo, 26 de abril de 2009

El niño abandonado

Julia Franck, una joven escritora nacida en Berlín del Este, utiliza la historia familiar signada por la Segunda Guerra Mundial para plantear la persistencia de lo monstruoso más allá del siglo XX.

 Por Luciana De Mello

La mujer del mediodía
Julia Franck

Tusquets
432 páginas

A veinte años del fin de la Segunda Guerra Mundial, para Theodor Adorno lo monstruoso no había penetrado lo suficiente en los hombres y entonces la barbarie podía repetirse con tan sólo recrear las condiciones políticas y sociales que la hicieron posible. “Por más oculta que esté hoy la necesidad, la presión social sigue gravitando. Arrastra a los hombres a lo inenarrable.” La narración entonces es hoy tan posible como necesaria. Julia Franck, nacida en 1970 en Berlín del Este, escribió en La mujer del mediodía una historia sobre el horror de callar, o callar el horror. Dos caras de una misma moneda. La novela comienza con un prólogo y dos personajes: una madre y su hijo de siete años. Asediados tanto por el ejército rojo como por el hambre que arrasa a la Alemania derrotada del fin de la guerra, madre e hijo se apilan sobre los andenes junto a otros miles de personas que intentan escapar de la ciudad donde se encuentran. La lente emocional de esta primera parte está puesta sobre el chico, tratando de no perder la mano de su madre entre la multitud desesperada. Y de repente ocurre lo siniestro: ella le dice que la espere y el hijo obedece, hasta que se hace de noche y llega la mañana siguiente. Pero ella lo abandona. El cuerpo de la novela se encargará entonces de contar la historia de Helene, la génesis de ese abandono.

Con una prosa despojada y precisa, Franck revela esos rincones de la casa familiar que por sombríos y corrompidos no se habrán de confesar jamás. En esta familia hay una madre judía y loca, una relación incestuosa entre hermanas y un padre mutilado que morirá lentamente a causa de la putrefacción de sus heridas de guerra. Mirar ese cuerpo familiar gangrenado es observar la célula de una sociedad entera en estado de descomposición. Cuando el padre se muere y la familia se disuelve, el escenario de fondo será la Alemania de entreguerras. Mientras Helene y su hermana dejan atrás el origen, la bohème de Berlín durante los años ’20 será su nueva casa y la creciente amenaza nacionalsocialista, el futuro que las sumerja a ambas.

Franck condensa en el relato de Helene las problemáticas del siglo, pero el origen es la propia historia: ese niño abandonado después de la guerra a los siete años de edad en una estación de trenes es su padre. En el personaje de Helene, el horror comienza a asentarse de a poco y la va dejando sin habla. No puede hablar con su hijo de lo que la consume, su identidad judía, las crueldades de su marido nazi, el sufrimiento de los heridos en el hospital. En ese silencio está el origen del título del libro. La mujer del mediodía es una vieja leyenda del sudeste alemán, donde una figura femenina con una hoz busca a personas que trabajen al mediodía, imponiéndoles una maldición de la cual sólo podrán escapar si consiguen hablar durante una hora sobre la elaboración del lino. El leitmotiv parecería remarcar la necesidad de hablar para sobrevivir. Pero en 1945 Sherezade ha muerto.

En su anterior novela, Zona de tránsito, Franck también bucea en la propia biografía para hablar de la Alemania del muro, del cruce de esa frontera como una experiencia de origen. A los ocho años, la escritora huyó a la zona occidental junto a sus hermanas y su madre. Nada más pasar la frontera tuvieron que cancelar de repente lo que habían sido sus vidas, las únicas que habían conocido hasta entonces, e integrarse con enormes dificultades a un oeste en el que no siempre fueron bien recibidas. Durante nueve meses, Julia y su familia vivieron en el campo de refugiados de Marienfelde, donde convivieron con otros muchos desplazados. La escritura de Julia Franck se reafirma en un gesto de supervivencia. La exigencia de ayer hoy se ha convertido en una necesidad: de lo monstruoso aún se seguirá hablando.

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