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Domingo, 27 de septiembre de 2009

FENóMENOS > MEGAN FOX ASPIRA MáS ALTO TODAVíA CON SANGRE Y LESBIANISMO

El infierno tan querido

 Por Mariano Kairuz

“El infierno es una chica adolescente”, dice de entrada la otra protagonista, la que no está en los afiches ni en las fotos promocionales de Diabólica tentación, una película diseñada para terminar de hacer explotar a esa superestrella salida de la nada que es Megan Fox. El poster se entrega al chiste fácil, con la imagen de esa colegiala en pose de portada de revista erótica –siempre tan efectivamente calentona y pisando peligrosamente el borde de la pedofilia aunque las modelos suelan ser muchachas que entraron a la mayoría de edad hace rato–. Pero la película, escrita por la ex stripper Diablo Cody, la ganadora del Oscar por el guión de La joven vida de Juno, empieza prometiendo algo más que lo que está a la vista en el afiche. Quizá algo que cale un poco más profundo que la expansión de la Megan Fox de gomería que desde Transformers tiene a medio mundo con la mandíbula por el piso y los ojos salidos de sus órbitas como el lobo de los viejos dibujitos animados de Tex Avery. Algo más: acaso una heredera de Carrie, y la adolescencia femenina entendida como el verdadero infierno en la Tierra.

Pero esto es lo que hay: Megan Fox convertida en una criatura demoníaca que se devora a sus compañeritos de colegio (al deportista, al gótico, al novio de la amiga), en sentido literal y caníbal. Todos son presas fáciles de su escote. Cómo es que Megan se transforma en semejante bestia no importa demasiado (hay algo acerca del pacto demoníaco de un grupito de rock por el que la chica es ofrecida en sacrificio como –a quién se le ocurre– una virgen). Antes de la transformación, emboba haciendo de boba, de belleza perfecta y perfectamente vacía que hace lo que puede de esa vida aburrida en el pueblo insignificante en el que le tocó pasar la pubertad. Después, reaparece convertida en una femme fatale de cuño fantástico, del linaje de depredadoras calenturientas y peligrosas que últimamente están un poco ausentes del cine, casi desde la ya lejana Alien con curvas de Especies (la entonces increíble pero luego malograda Natasha Henstridge). Y Megan convertida en un animalito salvaje puede ser de verdad irresistible, una imagen hipnótica incluso cuando aparece vomitando un chorro de petróleo a lo Linda Blair, o cuando, en plena abstinencia, aparece demacrada y ojerosa. Dan ganas de verla un poco más así, darkie y (un poco) desgreñada. El aspecto de muerta en vida le sienta tan bien.

Y mientras la producción de Transformers 2 subasta la musculosa y el jean diminuto que supuestamente transpiró Fox en la película, Diabólica tentación se promociona como lo más caliente salido de Hollywood de un tiempo a esta parte con artillería pesada: un beso entre el personaje de Megan y la otra chica, la que no aparece en los afiches. Se llama Amanda Seyfried y es una relativa desconocida (hizo de hija de Meryl Streep en Mamma Mia!), y no está nada mal, incluso cuando hace de patito feo. Juntas hacen una escena que aspira al podio de los chupones entre chicas más inflamables del cine contemporáneo, haciéndose lugar entre Criaturas salvajes (Denise Richards - Neve Campbell), El camino de los sueños, de David Lynch (rubia con morocha), y el algo desinflado encuentro entre Scarlett y Penélope en Vicky Cristina Barcelona. El beso es real, esas lenguas que se enroscan no pertenecen a dobles sino a Megan y a Amanda, la cámara no deja dudas. Se trata de una película escrita por una mujer y dirigida por otra (Karyn Kusama, la alguna vez prometedora directora de Girlfight), y aunque no es la interesante película de chicas que pudo ser, no por nada el retrato de esta relación parece sugerir en un principio que toda amistad entre chicas tiene una naturaleza ambivalente y profundamente física. Aunque luego todo devenga en cliché un poco obvio, pero efectivo y calentón para consumo de varones con acné.

El clímax tiene lugar sobre la cama rosada de una de las chicas; una sobre otra en plan criminal, y con esa imagen la temperatura de la pantalla sube (sólo un poco, al menos en relación con el termómetro sexual nulo del cine hollywoodense actual) y, entonces sí, puede ser, el infierno son ya no una sino dos chicas, haciendo de adolescentes.

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