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Domingo, 27 de septiembre de 2009

La sangre latina

Pop y tercermundista, cosmopolita y telúrico, estridente y melancólico, Marcos López es desde hace años uno de los retratistas más agudos y acertados de la realidad argentina y latinoamericana. Sus fotos, compuestas como cuadros y tomadas con deslumbrante rigor y minuciosidad, capturan eso que se dio en llamar “pop latino” y que encierra todo un universo de contrastes, contradicciones, colores, personajes, estéticas y escenarios en los que vive el continente. A partir de octubre, la retrospectiva Vuelo de Cabotaje que inaugura en su Santa Fe natal empieza a recorrer el país, llevando un espejo que muestra a la vez lo que fue y lo que somos. A continuación, el curador y el mismo López presentan la muestra.

 Por Fernando Farina

Pensar en una exposición de Marcos López es también pensar en un recorrido por la historia de muchos de los que vivimos en este país.

Veo sus fotos y recuerdo sus palabras: “Evitar lagrimear por miedo de llorar hasta morir”. La máscara como salida...

¿Cómo conjurar el dolor?, ¿la melancolía?, ¿esa sensación de soledad?, ¿o la obscenidad del despilfarro?

Hay muchas imágenes, algunas provienen de hace mucho tiempo, tanto de su Santa Fe natal como de su infancia en Gálvez, una localidad de la provincia, donde uno de los mayores acontecimientos era la instalación por algunas semanas de un parque de diversiones donde, según cuenta, en el tren fantasma hasta el horror estaba pauperizado.

23 de enero Caracas, 2006
“Es una foto hecha en Caracas. La parejita del costado eran dos alumnos de mi curso de fotografía. Portadores de una belleza producto del puro mestizaje. Ancestros negros del Caribe venezolano. El vestidito de ella lo fui a comprar personalmente a una tienda de ropa usada en el centro de Caracas. Lo elegí para ella. La belleza de estos jóvenes sintetiza toda mi búsqueda en el arte. Me emocionan profundamente. No les cobré honorarios a cambio de un canje: ellos tenía que ayudarme a producir las fotos, buscar locaciones, posar. Pero lo que en definitiva me inspiró para hacer la foto fue el mural de fondo: mi gusto por el arte popular. Fui especialmente a Caracas en busca del muralismo bolivariano en la época de Chávez. No los encontré. Pero en cambio completé mi colección de santos populares.”

Su juventud en una escuela de curas y sus años calentando un asiento de la Facultad de Ingeniería son más ingredientes para la búsqueda de las tomas en blanco y negro que hizo en los ’80, cuando pasaba noches en el laboratorio, oscureciendo los cielos para aumentar el dramatismo.

Decidido a dedicarse a la fotografía, el fin de la dictadura lo encontró en Buenos Aires, donde comenzó a acercarse a artistas clave como Liliana Maresca. Era un tiempo de efervescencia, de recuperación de la libertad, de vivir intensamente.

Y pronto una nueva imagen: la de los ’90, cuando comenzó a retratar los tiempos menemistas, ya a todo color. Una serie caricaturesca que se ganó el nombre de pop latino, un pop con la marca latinoamericana.

“Buenos Aires, la ciudad de la alegría” fue el título de la pseudocampaña donde compuso escenas corrosivas, aunque siempre dejara algo de ternura latente.

Esas fotos coloreadas a mano, concebidas como “para exagerar el error de los laboratorios de mala calidad”, se convirtieron en una referencia ineludible de la vergüenza sentida a la vuelta de la esquina. “La patria y los recuerdos duelen”, asegura.

Y de nuevo el cambio. El chiste ya no le hizo más gracia, y se permitió profundizar de nuevo sobre el dolor. Entonces comenzó a retratar lo trágico de la condición humana, la crueldad.

Estas imágenes componen la exposición Vuelo de Cabotaje, que se propone recorrer el país y en un futuro cruzar las fronteras, mostrando una vez más –en este caso en fotos– aquello que suele llamar la textura latinoamericana.

El cumple de la directora Buenos Aires 2008
“Me prestaron una escuela de monjas en Barracas. Esta escena sintetiza mis recuerdos adolescentes en los colegios de curas de provincia durante la dictadura. En realidad no sólo los míos sino también los de mi mamá, mi tía, mis hermanas. Son los relatos que escuché y además está el tema del mestizaje, que es recurrente: los europeos imponiéndonos la religión, el cristianismo. Yo siempre digo: ‘La fiesta se tiñe de amargura’. Cuando la armaba se me ocurrió agregar al guardia en esa actitud típica de buen cristiano que es decirles a los empleados: ‘Venga, usted también póngase en la foto’. Cuando la miro veo influencias de una foto clásica de Martín Chambí que se llama La Boda de Don Julio Gadea. Y también veo algo de Las Meninas de Velázquez. Pero no como apropiaciones directas sino como cosas que uno tiene en el disco duro y que cuando te ponés a trabajar aparecen. Esta foto es mi tesis de posgrado: captura mi relación con la pintura, la fotografía, la dirección teatral y la performance. Todo lo que tenía que contar ya lo conté.”
Comida rápida Buenos Aires 2007
”Me atrajo el delirio psicodélico del que pintó sobre las paredes las hamburguesas gigantes. El pop, las marcas, lo popular. Yo diseñé los vestuarios de las camareras inspirados en años ’50 norteamericanos. Una especie de Robert Frank en colores y con actores. Hago una pintura hiperrealista con un control obsesivo de manteles, ropa, etc. Creo que en definitiva hago –mediante una puesta en escena– una fotografía documental de una época argentina. ¿Qué me propongo? Hacer algo totalmente diferente de la Escuela de Dusseldorf. Me enervan el rigor, la austeridad, la prolijidad. Voy a Proa, veo esa muestra y visceralmente me inspira para hacer todo lo contrario: el Bar Verde, como lo llamo yo. Exagerando, a mí me inspira y me emociona mucho más la chancleta de una camarera de un bar de Gualeguaychú que toda la escuela de Dusseldorf junta.”
Héroes y Santos Caracas 2006
“Fue hecha en Caracas y de fondo se ven ‘los barrios’, como se llaman en Venezuela los asentamientos periféricos de las laderas de las montañas que rodean la ciudad. Muestra mi interés por la artesanía popular y la mezcla interreligiosa. Lo afrocubano y lo católico. De hecho, tanto me interesa que se lo enseñé a mis hijos. En casa tenemos un altar donde prendemos velas a santos populares como José Gregorio Hernández, un médico venezolano o Iemanjá. Empezó como un juego y me lo terminé creyendo. Fue como ir encontrando mi propia forma religiosa. Mi hijita pequeña les dice a sus amiguitas de la escuela: ‘No los toquen que son los santos de mi papá’.”

La muestra

La retrospectiva inaugura el 8 de octubre en el Museo Galisteo de Santa Fe y permanecerá allí durante un mes. Después, empezará su vuelta por el país en este orden a razón de aproximadamente un mes por lugar: Paraná, Rosario, San Juan, Mendoza, Malargüe, Córdoba, Neuquén, Plaza Huincul, Comodoro Rivadavia, Río Gallegos, La Plata y Buenos Aires. Quedan por confirmar Mar del Plata, Bahía Blanca, Trelew, Ushuaia, Tucumán, Salta, Chaco, Corrientes y Posadas.

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Autorretrato con pileta atrás
“En cierta forma esta foto representa mi origen socioeconómico. En lugar de ir a veranear a Punta del Este yo suelo alquilarme una quinta en las afueras de Santa Fe. La foto la tomó Lena, mi mujer, pero la armamos entre los dos. Tiene un espíritu de satisfacción conmigo mismo. Es como decir: ‘Logré comprarme la mejor casa con pileta. Me fue bien en la vida. Ahora me doy todos los lujos y hasta le pongo venecitas’. Es una cosa muy provinciana. Y también tiene algo de salirme del lugar del artista sufriente que me pudre.”
Imagen: Lena Esquenazi, Sauce Viejo, Santa Fe, verano 2008/09
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