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Domingo, 27 de septiembre de 2009

RADAR LIBROS #5

Rey Charles

Astuto, académico y emprendedor, Matthew Pearl arremete con Charles Dickens y la inconclusa El misterio de Edwin Drood después de haber paseado por el infierno de Dante y los tenebrosos laberintos de Poe. Con problemas literarios evidentes, igual es una propuesta recomendable para los muy interesados en los tiempos difíciles de Dickens.

 Por Ezequiel Acuña

El último Dickens
Matthew Pearl

Alfaguara
504 páginas

Primero había sido Dante Alighieri en El Club Dante, luego La sombra de Poe y ahora es el turno de El último Dickens. Fiel a su tradición, y reforzando lo que posiblemente sea ya una regla para el porvenir de su literatura, Matthew Pearl vuelve a las librerías con una novela que lleva en su título y preside su trama, el nombre de un escritor destacado. En este caso, la fascinación del joven escritor norteamericano graduado en Harvard lo lleva a abordar uno de los mayores misterios de la historia de la literatura: el libro que Charles Dickens dejó inconcluso y a medio publicar debido a su muerte repentina.

En realidad, de por sí no hay tal misterio, apenas una intriga. Como en otros tantos casos lamentables y lamentados, sólo se trata de una novela que no llegó a terminarse, con la particularidad de que dado que Dickens publicaba –y escribía– sus libros por entregas, un gran público seguidor del escritor inglés llegó a leer en tiempo y forma la mitad de El misterio de Edwin Drood, pero nunca pudo conocer el final de la historia.

En El Club Dante, éxito de ventas en todo el mundo, Matthew Pearl tramaba una serie de asesinatos que seguían al detalle los tormentos del Infierno relatados en La Divina Comedia; así es que los integrantes del Club Dante debían resolver y anticipar las muertes gracias a su conocimiento del texto del italiano. Para La sombra de Poe Pearl se valió de algunas coordenadas más históricas y un par de aderezos variados que componían de otra forma su mezcla entre intelectualidad y entretenimiento: las misteriosas circunstancias de la muerte de Poe, el tráfico de esclavos, algo de amor, algo de ensayo literario y un poco de biografía daban un aspecto más variado y menos policial a su segunda novela.

Esa es, precisamente, la fórmula que Matthew Pearl, apadrinado no del todo desinteresadamente por Dan Brown, utiliza para su última novela. “Brillante y erudito”, dice The New York Times, desentrañando claramente la imagen que el joven escritor norteamericano intenta proyectar sobre sus libros desde el título hacia adentro. El último Dickens se arma, primero, desde la erudición histórica, como esas películas que se declaran “basada en una historia real”. En una Nota histórica a modo de epílogo, Pearl señala, de manera un tanto pueril, todos los hechos y personajes del libro que son reales, los diálogos verídicos y las circunstancias que no responden a su imaginación (cabe aclarar que posiblemente se trate de las mejores partes de la novela, es decir que la enumeración no beneficia demasiado a su capacidad de invención). Por otro lado el thriller se arma en torno de la búsqueda de alguna pista sobre el final que Dickens había pensado para su último libro inconcluso: el tráfico de opio, la producción de amapolas en la India y el submundo de la delincuencia. Para ponerle un poco de condimento sentimental, una historia de amor sobrevuela la aventura del editor devenido detective.

Esas son, a grandes rasgos, las coordenadas de acción del último libro de Pearl que se desvía por momentos hacia otras zonas de lo histórico. Se toma su tiempo, por ejemplo, entre medio de la búsqueda detectivesca y los caminos de la droga, para narrar con detalle algunos aspectos de la vida de Dickens y novelar de cerca la última gira que el escritor inglés realizó por los Estados Unidos, leyendo en teatros y sufriendo el acoso de los fanáticos. Digamos, en fin, que el libro de Pearl va del thriller a la biografía y de la droga de principios del siglo XX a la literatura sin pretender deslumbrar en ningún campo en particular.

Está claro que no sólo se espera entretenimiento de esta clase de libros con tapas brillantes y títulos destacados, sino también terminar de leer con el gustito de haber aprendido por lo menos dos o tres cosas sobre el Vaticano, la pintura renacentista, la literatura antigua o moderna. Pero cabría preguntarse qué le queda a un libro como el de Matthew Pearl cuando no logra cumplir con las exigencias de su clase, es decir, una literatura que atrape hasta la última página al ritmo de disparos y alta cultura.

De todas formas, se trata de una novela ciertamente recomendable para todos aquellos fanáticos de Charles Dickens, amantes del siglo XIX o devotos lectores del autor. La literatura de Pearl se presenta al final de cuentas como un texto que podría haber sido ensayo, pero prefirió ser novela –vaya uno a saber por qué–, tal como demuestra el mismo Pearl en la nota histórica: “El último Dickens se propone retratar a Charles Dickens y el ambiente que rodeó su vida y su muerte tan fielmente como sea posible. El lenguaje, comportamiento y personalidad de Dickens tal como aparece en este libro incorporan muchas conversaciones y hechos reales. Así, la mayor parte de los incidentes aquí descritos son históricos, incluido el rescate por parte de Dickens de los animales en peligro”.

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