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Domingo, 27 de diciembre de 2009

DVD > LA REMAKE DE LA úLTIMA CASA DE LA IZQUIERDA DE WES CRAVEN

Regreso a la última casa de la izquierda

En 1972, el director Wes Craven, creador de la saga de Pesadilla y Scream, realizó una película mítica: La última casa de la izquierda, inspirada por La fuente de la doncella de Ingmar Bergman pero en clave slasher y con un presupuesto mínimo. Fue un éxito en su momento, pero con los años se convirtió en una película de culto más citada que vista, quizá por sus escenas de ultraviolencia, que incluían una castración oral y una violación. Ahora, casi cuarenta años más tarde, llega la remake dirigida por el griego Dennis Iliadis y producida por Wes Craven. Se llama La venganza de la casa del lago, viene con violencia disminuida, pero gracias a su realismo brutal algunos se atreven a decir que es tan buena como la original.

 Por Alfredo García

Wes Craven nació en 1949. Antes de dedicarse al cine obtuvo un master en filosofía, y si bien no se sabe bien cómo pudo haber influido eso en la creación de hitos del cine gore y el terror moderno, de seguro durante sus estudios académicos se debe haber interesado por el cine de Ingmar Bergman y su temática del “silencio de Dios”, que aparece en un clásico realmente influyente en su carrera, La fuente de la doncella (Jungfrukallan, 1960).

Inspirado en una canción medieval, el film de Bergman tenía un argumento simple: unos bandoleros violaban y asesinaban a una joven, luego gozaban de la hospitalidad de su familia, pero al ser descubiertos eran masacrados espantosamente por el padre, Max von Sydow.

Los niveles de violencia eran tan fuertes para la época que desde el parlamento sueco se llegó a pedir la censura del film, cosa que no ocurrió, y La fuente de la doncella vino a consolidar el talento de Ingmar Bergman, que se ganó un Oscar a la mejor producción extranjera por el film.

Una década más tarde, el joven Wes Craven estaba buscando cómo hacer pie en el mundo del cine con una ópera prima que realmente sacudiera el mercado de las producciones independientes, a pesar de no contar con un presupuesto siquiera importante. Se asoció con el productor Sean Cunningham (más tarde convertido en todo un magnate del cine de terror gracias a su saga de Jason y los Martes 13) y juntos emprendieron una tarea algo extraña: una remake de La fuente de la doncella, donde si bien el tema de “el silencio de Dios” no se podía encontrar por ningún lado, la historia se seguía de manera bastante sencilla al pie de la letra, en un ambiente obviamente contemporáneo, y con hallazgos inusitados en la venganza familiar, como una castración oral.

The Last House on the Left de Wes Craven costó noventa mil dólares y recaudó más de diez millones en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los más redituables productos del cine independiente hasta esa fecha (el éxito luego fue superado por otras películas indies de terror de la década como The Texas Chainsaw Massacre, de Tobe Hooper, y Halloween, de John Carpenter). Este éxito increíble se logró pese a todo tipo de intentos de censura, como la imperturbable calificación X aun luego de que Craven le quitara más de quince minutos del material más fuerte en truculencia en varias ocasiones sucesivas, al punto de que finalmente optó por hacer algo ilegal, tal como pegarle un sello de “calificación R” de otro film y dejar que los exhibidores se arreglaran como pudieran. Algo que implicó que durante todo el largo período de exhibición comercial del film en los Estados Unidos, Craven y Cunningham tuvieran una especie de taller de montaje-recauchutaje de copias, ya que iban llegando desde los distintos cines donde se habían pasado, con todo tipo de cortes perpetrados a discreción por los proyectoristas de cada sala.

El tiempo pasó, el cine gore siguió avanzando y, sin embargo, sigue sin haber películas tan fuertes como La última casa de la izquierda, cuya potencia reside en el realismo de las situaciones que Craven le impone al espectador (justamente el tagline o frase publicitaria decía: “Tendrás que repetirte ¡Es solo una película! ¡Es solo una película!”. La película fue copiada de muchas maneras distintas (por ejemplo, hay un largo inglés que acaba de llegar a nuestros cines, Eden Lake, con algunos puntos en común) y en la era de las remakes los socios Craven y Cunningham no iban a dejar de sacarle hasta la última gota de sangre a su filón, por lo que ahora nos llega la nueva versión de The Last House on the Left –que lamentablemente en la Argentina va directo al DVD sin pasar por los cines, con el título de La venganza de la casa del lago–.

Lo primero que asombra de esta remake es lo brutalmente eficaz de la fórmula de Craven aun cuando ahora el nivel de violencia está levemente restringido –por ejemplo, las castraciones orales ya no son algo filmable en el siglo XXI, parece–. El film está dirigido por un realizador griego, Dennis Iliadis, que le impone a toda la historia –apoyado de exactas direcciones de fotografía y de arte– un tono contemporáneo de cine entre indie y alternativo que vuelve a darle un giro interesante al realismo a ultranza que proponía el Wes Craven de 1972. Esta nueva Last House on the Left también es muy realista, y de hecho las peores escenas hielan la sangre del espectador, sometido ahora también a un nivel de suspenso exacerbado que casi hace que se pueda decir que esta versión es mejor que la original. Sin duda éste no es un espectáculo para espectadores sensibles, ni tipos que no aguanten momentos de alta tensión.

Y lo más interesante es la vuelta de tuerca familiar que ahora tiene la historia. Entendiendo que desde los tiempos del film de Ingmar Bergman la trama gira en torno de un padre que venga la violación y muerte de su hija, ahora víctima y victimarios son familia; también están en pantalla los lazos de sangre de los asesinos, que son crudamente explorados.

Toda una mejora tratándose de un film auténticamente familiar, al punto de que Jonathan Craven, que aparecía como actor no acreditado en el film original –tenía sólo siete años– ahora también es productor ejecutivo junto a su padre. Evidentemente, para los Craven no hay nada más lindo que la famiglia unitá.

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